jueves, 20 de febrero de 2020

Por ejemplo



Desde luego que con este ejercicio no les va a dar para entrar en la Academia, pero sirve de entrenamiento para ir haciendo músculo. Es muy sencillo, pero tiene su gracia. 

El caso es que estuve ayer viendo los vídeos de un tal HRom, un chico majete, de Bilbao o por ahí, que hace experimentos de todo tipo para explicar los principios más elementales de la física y química. Construye artilugios de forma rudimentaria, pero efectiva, y ahí es en donde más me corroe la envidia porque de chaval me gustaba jugar con las herramientas que tenía mi padre primorosamente ordenadas en el garaje, pero a la hora de la verdad no sabía hacer nada de sustancia con ellas. Seguramente también en aquella época había libros en los que explicaban este tipo de experimentos, pero yo los desconocía y por eso me limitaba a mirar la máquina de vapor que llegaba cada hora a la estación del pueblo como si fuese cosa de marcianos. Pues bién, ayer me di cuenta de lo factible que hubiera sido fabricar una con los cachivaches de que disponía. HRom construyó una en dos patadas que funcionaba de maravilla. Y de paso que lo hacía iba explicando los conceptos elementales de física que van implícitos en ese tipo de máquinas.

Lo que yo me pregunto es si hay algún niño en el mundo al que no le guste construir ese tipo de máquinas. Porque hacer cosas que funcionan es, como pone en los envases de algunos condones, satisfaction guaranteed, donde las haya. Pero no, a los niños hay que atiborrarles la cabeza de  afluentes de los ríos de la patria y de las supuestas gestas de los Corocotas locales. Doctrina, socialdemócrata en concreto, que viene a ser prepararles para la odiosa condición de corderitos. 

Cuando veo un Parlamento, templos de la democracia les suelen llamar, lo primero que me pregunto es cuál será la proporción entre aquella chusma que hay allí sentada de formados en ciencias o en letras, por recurrir a la vieja división de los saberes. Desde luego que ingenieros, físicos o químicos, estoy seguro de que se pueden contar con los dedos de una mano. Y no otra es para mí la causa de la degradación del sistema. Sin conocer las leyes elementales de la naturaleza es imposible pensar de forma medianamente aceptable. Y por eso es que cuando se les escucha solo se les oye repetir las consignas aprendidas en las clases de doctrina. Supieran pensar y los estériles rifirrafes se convertirían en soluciones consensuadas. 

Concluyendo, que si yo fuese Dios haría gravar en el frontón de entrada de los parlamentos la siguiente leyenda: absténganse de sentarse aquí los que no sean capaces de deducir la Identidad de Euler. Por ejemplo.   

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