viernes, 14 de febrero de 2020

Una pérdida de tiempo




Una vez encontrada la vía de acceso subes a la cima sin despeinarte. Pero hay que dar con esa vía, lo cual exige cierta profesionalidad. 

Ahí está el punto y la gracia, o desgracia, de todo esto que nos llevamos entre manos, en la profesionalidad. La hay o no la hay. Y en eso se basa todo el marasmo del mundo, porque los que no la tienen no se resignan a reconocerlo y actúan como si la tuviesen. Y como son la aplastante mayoría pues lo tienen chupado hacerse con los mandos de la nave y a la vista está cómo la manejan. 

Así es que estaba anoche para irme ya a la cama y di con un debate colgado en youtube sobre los problemas del campo. Había políticos, periodistas y José Ramón Rallo. Se lo digo así porque quiero resaltar la diferencia que hay entre tener nombre y no tenerlo. Cosa, por cierto, que tampoco acaban de comprender los que no lo tienen. Bien, pues el caso es que aquello era una cacofonía porque todos preguntaban a José Ramón por esto o por aquello, pero cuando empezaba a hablar le cortaban de inmediato porque los subnormales tienen muy desarrollado el instinto de supervivencia y a las primeras palabras de José Ramón intuían que eran ellos los palos en la rueda de la agricultura. De cualquier rueda en definitiva. Periodistas y políticos sobran por doquier porque no saben de nada en concreto que no sea asegurarse su modus vivendi a costa de los que saben.

Mandé un vídeo  de Jesús García Maestro sobre la poesía de Borges a algunos de mis amigos y, después, cuando me lo comentaron, se dedicaron a criticar con vehemencia cuestiones de tipo literario. Me dio la impresión de que, o bien yo, o bien ellos, alguien en cualquier caso no se ha enterado de qué va el discurso de ese señor. Para mí, desde luego, de cualquier cosa menos de literatura. Creo entender que la literatura solo es una excusa para disparar sobre la estupidez que embarulla todo lo se mueve sobre la corteza terrestre. Por así decirlo, no deja títere con cabeza. Y con mucho acierto, a mi juicio. Y claro, como no podía ser menos, la democracia: no la que estamos padeciendo aquí sino la democracia en sí. La democracia, asegura lapidariamente, una y otra vez, es una perdida de tiempo.

¿Conocen ustedes a alguien que haya definido a la democracia de una forma más certera? Ni Platón, ni Aristóteles, ni Toqueville, ni leches. Es una perdida de tiempo absoluta, y no por nada si no porque es un sistema que basa todo su encanto en tratar de no herir las susceptibilidades de los iletrados. O sea, un imposible metafísico. Un iletrado, que lo sepan, echa chispas a nada que ve un letrado en lontananza. No lo puede remediar y yo lo entiendo. Porque es que el iletrado, aunque disimule, sabe que todo lo que tiene se lo debe al letrado y nada puede hacer para corresponder equitativamente, cosa que, cualquiera que haya leído a Gracián sabe que es el mayor tormento de cualquier vida: no poder corresponder es la prueba del nueve de tu flagrante inferioridad. 

En fin, eso es lo que estaba haciendo José Ramón Rallo en ese debate, perder el tiempo... aunque, si le pagaron por ello, no tanto.  

2 comentarios:

  1. pures voy a buscar el Video,sin acento,como dicen los sudamericanos.a im es que la democracia también me la suda

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  2. La democracia es la picaresca llevada a las cumbres de la excelencia.

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