jueves, 29 de abril de 2021
Los suplementos dominicales
martes, 27 de abril de 2021
El fatal resentimiento
Hayek escribió un libro titulado La fatal arrogancia. Años después, aprovechando sin duda el tirón de ese titulo, Axel Kaiser escribió La fatal ignorancia. Bien, pienso que tanto el uno como el otro se hubiesen evitado muchos circunloquios si, de entrada, hubiesen titulado sus libros El fatal resentimiento.
El resentimiento, diría yo, es el dolor de los unos por tener que ver el bienestar de los otros. También, supongo, se le podría llamar envidia. O deseo de venganza. Porque el caso es que no hay consuelo posible para quien no puede evitar compararse con quienes, al menos en apariencia, han sido más favorecidos por los dioses que él. Es una enfermedad del espíritu de difícil, por no decir imposible, solución. Porque es una mezcla de carencias esenciales: falta de conocimiento, falta de inteligencia, falta de voluntad... ignorante, necio y, sobre todo, vago.
Porque mira que hay que ser ignorante para no saber que la risa siempre va por barrios y que tan pronto se va el cordero como el carnero. Por lo mismo que debajo de mala capa suele haber buen vividor y viceversa. Pero la necedad es lo que tiene, que es ciega para la evidencia. Y si ya le añades la vaguería, entonces, abandonad toda esperanza. Sin embargo, sería necio, a su vez, el no tener en cuenta esa especie de instinto básico que tienen los resentidos para reconocerse y amontonarse entre ellos. Entonces es cuando se produce eso que los ingleses llaman mob, los franceses, foule y, nosotros, turba. Es su forma de consolarse. Por supuesto que es el consuelo de los tontos, pero, eso, ¿a quién le importa?
El caso es que en la naturaleza se producen sinergias que, en ocasiones tienen consecuencias nefastas. Tal es cuando la turba se encuentra con la casta de los sicofantes. Entonces, de inmediato tenemos ahí una bomba de relojería. Algunos ingenuos pretendieron poner a esa bomba el escudo de la democracia. Pensaron que así, acariciando al lobo, le iban a convertir al veganismo. ¡Soberbia espirlochería!, o sea, ¡Valiente gilipollez! La democracia no es más que dejar que los resentidos te organicen la vida. Que es en lo que estamos. Porque es que se da la circunstancia que los resentidos son legión por razones obvias, o sea, por demasiadas generaciones que no saben lo que es la guerra. ¿Y cómo va a saber matar a su padre alguien que no sabe guerrear?
Desde luego que no me hago ilusiones al respecto, pero no veo otra solución al malestar que recorre el mundo que el que los cuatro que supieron matar a su padre planten cara a la turba de resentidos. La guerra civil, en definitiva.
sábado, 24 de abril de 2021
¡Pues yasta dicho to!
Si había, allá por los primeros setenta del siglo pasado, un libro que era preciso leer pour être branché ese era La Psicología de las Masas y el Análisis del Yo de Sigmund Freud. Por supuesto que un servidor hizo sus intentos por aquello de estar por entonces en la edad en la que no estar branché es lo más parecido a no existir. Y digo lo de branché porque por aquellos años, más que nunca, París bien valía una misa. Bueno, tengo que reconocer que el libro en cuestión, como tantos otros imprescindibles según el sentir de los gurús del momento, se me cayó de las manos a la primera de cambio. Es lo que tiene meterse en camisa de once varas que pronto caes en la cuenta de que estás muy lejos de dar la talla.
Las cosas tienen su tiempo y, para mí, sin duda, éste de ahora ha sido el de ese libro que, por lo demás, no por tan controvertido deja de ser una de las pizas claves de la indagación en los entresijos de la condición humana. Así que, haciendo uso de las ventajas técnicas que nos proporciona la contemporaneidad, o sea, los audiolibros, me he puesto a ello y, unas veces paseando, otras sentado en cualquier banco, me lo he tragado sin rechistar. Y, sí, la verdad es que ha merecido la pena el esfuerzo de atención que he tenido que hacer porque en ese libro se explican muchas de las cosas de las que echamos mano en las conversaciones los que vamos por el mundo de enteradillos de las ultimas causas, es decir, de lo de matar al padre y acostarse con la madre. Digamos que, por fin, me he enterado de dónde procedía el difuso sonido de las campanas que tanto había escuchado.
Pues sí, las masas, lo que me temía. Te integras en ellas y desciendes unos cuantos peldaños del proceso civilizatorio. ¡Pero desprenden un calorcillo tan agradable cuando fuera hace frío! Al fin y al cabo, no todos nacemos para ser héroes. O para vivir a la intemperie. Y es que es muy complicado todo eso del yo y el superyó. Quizá, si has leído a Nietzsche, entiendas algo más. En cualquier caso, llegar a constituirse como individuo de pleno derecho cuesta un huevo. Y la yema del otro. Acuérdense de lo que le costó a Edipo matar a Laio en aquella película de Pasolini. Media película casi, allí, en mitad de aquel camino.
martes, 20 de abril de 2021
La Escuela de Salamanca
Salgo de casa y subo la colina hasta el parque que hay en su cima. Por la mañana está casi desierto. El inevitable nini lanzando la pelota para que su perro corra a por ella y se la traiga. No entiendo como esa actividad puede divertir tanto a tanta gente. Paso del asunto y me siento en un banco con vistas al puerto, la bahía y, más allá, las sucesivas estribaciones que conforman la cordillera cantábrica. La verdad es que las vistas ni las veo de puro vistas que las tengo ya. Así es que saco el móvil, me coloco los auriculares y me pongo a escuchar cualquier cosa. Las conferencias sobre filosofía del Precepteur me han proporcionado muy buenas mañanas. Ahora estoy dándole una segunda oportunidad al Camino de Servidumbre de Hayek. Es increíble lo que aporta una segunda lectura de cualquier libro que no sea uno de esos para chachas. Y una tercera y una cuarta y así sucesivamente, hasta que con la vejez se convierte en placentera, como el mismo Cervantes dice de su Quijote. Y yo que lo he experimentado.
Lo que nos viene a decir Camino de Servidumbre es que todos los males padecidos por Occidente a lo largo del siglo XX han sido la consecuencia de haber sustituido los principios que nos legaron Grecia y Roma, con los que habíamos alcanzado cotas de prosperidad insospechadas, por otros mucho más arcaicos. En definitiva, haber sacado al individuo del centro de la organización social para colocar en su lugar a la colectividad. O sea, lo que va del liberalismo al comunismo. Claro que si tú le dices a alguien que esto que llamamos democracia en realidad es comunismo puro y blando, seguramente pensará que eres uno de esos frikis de ideología ultraderechista. Es para partirse el culo de risa con la seguridad que tiene la gente ignorante para aplicar epítetos, considerados por ellos como denigrantes, a cualquiera que opina diferente a lo que dicen las televisiones oficiales. Pero sí, no lo duden, estos sistemas que dicen democráticos son la pura pudrición de los valores morales a causa de que Estado despersonaliza al individuo eximiéndole de la responsabilidad de encarrilar su propia vida.
Es curioso como, en este país que me ha tocado vivir, se ha fabricado un chivo para expiar todas las culpas. Un ultraderechista, un fascista, un lo peor de lo peor: Franco. Pues bien, invito a cualquiera de esos puros de corazón, en el sentido democrático del concepto, a que vayan a los discursos del Franco de los 25 Años de Paz y se tomen la molestia de escucharlos sin anteojeras... si es que pueden. Van a flipar. Seguro que los suscriben de pe a pa. El Estado hasta en la sopa velando por los corderitos. Porque vamos a ver, ¿qué hay hoy en España de relevancia que no sea de prescripción franquista? La libertad, te dirán. ¡Por Dios bendito! ¡Qué babiones! A esto que hay ahora llaman libertad. ¿Qué decisiones puedes tomar, tonto del culo, si te has gastado todo tu dinero en comprar chuminadas?
El caso es que las ideas de libertad que nacieron en Inglaterra, digamos que con el decapitamiento de su rey, allí por los finales del XVII, empezaron a ser puestas en solfa por los pensadores alemanes a mediados del XIX. De Alemania salió la ideología que ha sido hegemónica a todo lo largo del XX y lo que te rondaré morena. Unos lo llamaron fascismo y otros comunismo, pero eran dos gotas de agua en lo parecido. Y ahí siguen vivitas y coleando bajo formas camufladas. Y si no te lo crees, intenta hacer algo por tu cuenta. No habrás dado dos patadas y ya tendrás a todas las instituciones del Estado fiscalizando hasta lo que cagas. Por tu bien, claro está, que no quieren que te descarríes y mucho menos que te mueras.
En fin, Camino de Servidumbre. Y lo bueno del caso es que, al parecer, casi quinientos años atrás, ya nos advirtieron de estas cosas unos señores que vivían en Salamanca.
jueves, 15 de abril de 2021
El miedo
Al final mis esfuerzos por entender el francés han dado resultado: puedo entender los vídeos que tiene colgados en youtube Le Precepteur. Yo no soy quién para juzgar la calidad de esos videos porque soy profano en la materia de la que tratan, pero les puedo asegurar que con cada uno de ellos mi espíritu entra en una excitación que tarda horas en apaciguarse. Porque son videos con los que se intenta poner orden en el caos de las ideas que nos configuran. Platón, Espinoza, Freud, Hegel, Camus, etc., campanadas todos ellos que estoy cansado de oír sin saber donde suenan.
Ni que decir tiene que en medio de esta ordalía descabellada que estamos viviendo que alguien venga y te explique con claridad en que consiste matar al padre, por poner un ejemplo, es algo impagable, porque resulta que lo de matar al padre tiene que ver fundamentalmente con el miedo. El miedo a hacerte mayor, a responsabilizarte de tu vida. O sea, exactamente de lo que trata ésta que dicen pandemia y que no es más que un sunami de terror impulsado por los Estados atemorizados a su vez por su incapacidad de dar respuestas coherentes al desorden causado por la potencia del fuego que acabamos de robar a los dioses.
Y esa es la cuestión que cuando al Padre le va mal se le avinagran los jugos y se desquita con los hijos. Los hijos que se echó a las espaldas y ahora no puede mantener. Los malcrió y ahora se queja porque no son adultos. Y lo quiere solucionar castigándoles de la forma más efectiva de todas, es decir, acojonándoles con la proximidad de la muerte. Así, les anula de tal modo que queda descartado cualquier intento de sublevación. Ya podemos volver a hablar del Padre Eterno. Porque no hay el menor peligro para él: si hay comida para las ovejas, las alimenta y, si no la hay, las envía al matadero. Que es en lo que estamos.
El miedo, o más bien el terror, es el virus que arroja a los malcriados a los servicios de urgencia a la primera molestia que sienten. Están programados para que así sea. Lo demás está chupado; basta con convertir las anécdotas en categoría por medio de la publicidad. Ya saben, porque mató un perro le llaman mataperros. Los malcriados no dan para más.