Hayek escribió un libro titulado La fatal arrogancia. Años después, aprovechando sin duda el tirón de ese titulo, Axel Kaiser escribió La fatal ignorancia. Bien, pienso que tanto el uno como el otro se hubiesen evitado muchos circunloquios si, de entrada, hubiesen titulado sus libros El fatal resentimiento.
El resentimiento, diría yo, es el dolor de los unos por tener que ver el bienestar de los otros. También, supongo, se le podría llamar envidia. O deseo de venganza. Porque el caso es que no hay consuelo posible para quien no puede evitar compararse con quienes, al menos en apariencia, han sido más favorecidos por los dioses que él. Es una enfermedad del espíritu de difícil, por no decir imposible, solución. Porque es una mezcla de carencias esenciales: falta de conocimiento, falta de inteligencia, falta de voluntad... ignorante, necio y, sobre todo, vago.
Porque mira que hay que ser ignorante para no saber que la risa siempre va por barrios y que tan pronto se va el cordero como el carnero. Por lo mismo que debajo de mala capa suele haber buen vividor y viceversa. Pero la necedad es lo que tiene, que es ciega para la evidencia. Y si ya le añades la vaguería, entonces, abandonad toda esperanza. Sin embargo, sería necio, a su vez, el no tener en cuenta esa especie de instinto básico que tienen los resentidos para reconocerse y amontonarse entre ellos. Entonces es cuando se produce eso que los ingleses llaman mob, los franceses, foule y, nosotros, turba. Es su forma de consolarse. Por supuesto que es el consuelo de los tontos, pero, eso, ¿a quién le importa?
El caso es que en la naturaleza se producen sinergias que, en ocasiones tienen consecuencias nefastas. Tal es cuando la turba se encuentra con la casta de los sicofantes. Entonces, de inmediato tenemos ahí una bomba de relojería. Algunos ingenuos pretendieron poner a esa bomba el escudo de la democracia. Pensaron que así, acariciando al lobo, le iban a convertir al veganismo. ¡Soberbia espirlochería!, o sea, ¡Valiente gilipollez! La democracia no es más que dejar que los resentidos te organicen la vida. Que es en lo que estamos. Porque es que se da la circunstancia que los resentidos son legión por razones obvias, o sea, por demasiadas generaciones que no saben lo que es la guerra. ¿Y cómo va a saber matar a su padre alguien que no sabe guerrear?
Desde luego que no me hago ilusiones al respecto, pero no veo otra solución al malestar que recorre el mundo que el que los cuatro que supieron matar a su padre planten cara a la turba de resentidos. La guerra civil, en definitiva.
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