jueves, 15 de abril de 2021

El miedo

 Al final mis esfuerzos por entender el francés han dado resultado: puedo entender los vídeos que tiene colgados en youtube Le Precepteur. Yo no soy quién para juzgar la calidad de esos videos porque soy profano en la materia de la que tratan, pero les puedo asegurar que con cada uno de ellos mi espíritu entra en una excitación que tarda horas en apaciguarse. Porque son videos con los que se intenta poner orden en el caos de las ideas que nos configuran. Platón, Espinoza, Freud, Hegel, Camus, etc., campanadas todos ellos que estoy cansado de oír sin saber donde suenan. 

Ni que decir tiene que en medio de esta ordalía descabellada que estamos viviendo que alguien venga y te explique con claridad en que consiste matar al padre, por poner un ejemplo, es algo impagable, porque resulta que lo de matar al padre tiene que ver fundamentalmente con el miedo. El miedo a hacerte mayor, a responsabilizarte de tu vida. O sea, exactamente de lo que trata ésta que dicen pandemia y que no es más que un sunami de terror impulsado por los Estados atemorizados a su vez por su incapacidad de dar respuestas coherentes al desorden causado por la potencia del fuego que acabamos de robar a los dioses. 

Y esa es la cuestión que cuando al Padre le va mal se le avinagran los jugos y se desquita con los hijos. Los hijos que se echó a las espaldas y ahora no puede mantener. Los malcrió y ahora se queja porque no son adultos. Y lo quiere solucionar castigándoles de la forma más efectiva de todas, es decir, acojonándoles con la proximidad de la muerte. Así, les anula de tal modo que queda descartado cualquier intento de sublevación. Ya podemos volver a hablar del Padre Eterno. Porque no hay el menor peligro para él: si hay comida para las ovejas, las alimenta y, si no la hay, las envía al matadero. Que es en lo que estamos.

El miedo, o más bien el terror, es el virus que arroja a los malcriados a los servicios de urgencia a la primera molestia que sienten. Están programados para que así sea. Lo demás está chupado; basta con convertir las anécdotas en categoría por medio de la publicidad. Ya saben, porque mató un perro le llaman mataperros. Los malcriados no dan para más. 

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