"El año que vivimos peligrosamente" es el título de una película que tuvo cierto predicamento allá por los ochenta. La acción transcurre en una de esas revoluciones que se han dado y darán por doquier a todo lo largo de la historia. Unos psicópatas se hacen con el poder en cualquier sitio y no se andan con contemplaciones: matan a todo lo que interfiere en sus planes que, no nos engañemos al respecto, nunca son otros que disfrutar de las delicias del poder absoluto. Una especie, en definitiva, del ponte bien y estate quieta. Por lo demás, la peli era la típica pestiñada a base de resistentes inteligentísimos... como lo de los franceses con los nazis, poco más o menos.
Pues bien, si nos atenemos a los acontecimientos en curso, también podríamos argumentar que llevamos aproximadamente un año viviendo peligrosamente. Hay por ahí un virus más o menos dañino que ha sido utilizado como escusa para instaurar un régimen de terror que, una vez más, no tiene otra finalidad que, como les decía, hacer la vida agradable a los gobernantes. Bueno, en algunos países los gobernantes se han limitado a dar unos cuantos consejos a la gente y el virus no ha causado más estragos, o incluso menos, que en los sitios en los que nos han arrancado de cuajo todos nuestros derechos ciudadanos, que dicho sea de paso, ya venían siendo muy poquitos desde que se entronizó a la ingeniería social como reina del cielo en la tierra.
Sea como sea, no pequemos de inocentes, las procesiones que realmente cuentan son las que van por dentro. Te pueden encerrar en casa, pero si en ella tienes dos docenas de buenos libros, que allí te las den todas. Te pones a leerlos y acabas viviendo en la mayor libertad de todas las concebibles, la del espíritu. Al final es como si hubieses vuelto de la guerra victorioso. ¿Cómo te va a acojonar este virus de pacotilla después de haber leído el Decamerón? ¡Por Dios Bendito, hermanos, que morir habemos ya lo sabemos, pero en el entretanto dejemos que San Crece en Vallehondo haga de las suyas!
En resumidas cuentas, este año que en teoría venimos de vivir peligrosamente, personalmente le considero uno de los más fructíferos de mi vida. He pegado un repaso sosegado a mis obras favoritas. Y, como colofón, ayer terminé el Oráculo Manual y Arte de Prudencia de Gracián, quizá el libro que más esfuerzo me ha exigido de todos los que he leído. Esfuerzo de intelección lingüística para desentrañar el significado de los aforismos. Esfuerzo para no llorar y salir corriendo tras verme reflejado en tan nítido espejo. Así es que me parece que con esta obra ya he llegado a puerto. Toca ya descansar. Pero no me quiero ir sin antes dejarles aquí un escueto resumen de lo que realmente importa:
"En una palabra, santo, que es decirlo todo en una vez. Es la virtud cadena de todas las perfecciones, centro de las felicidades. Ella hace un sugeto prudente, atento, sagaz, cuerdo, sabio, valeroso, reportado, entero, feliz, plausible, verdadero y universal Héroe. Tres eses hacen dichoso: santo, sano y sabio. La virtud es el sol del mundo menor (el hombre), y tiene por hemisferio la buena conciencia; es tan hermosa que se lleva la gracia de Dios y de las gentes. No hay cosa amable sino la virtud, ni aborrecible sino el vicio. La virtud es cosa de veras, todo lo demás de burlas. La capacidad y la grandeza se ha de medir por la virtud, no por la fortuna. Ella sola se basta a sí misma. Vivo el hombre, le hace amable; y muerto, memorable."
Sí,como a Santi,que con la pandemia le han permitido ser el hombre más dichoso del mundo.Ahora apenas sale de casa y no tiene que aguantar a Nipones pesados ni a listillos de pueblo.Esto de los listillos de pueblo es un fenómeno que me tiene intrigado.Creo que el santo Google los ha multiplicado .Mejor ,como dices, es quedarse en casa y Ande yo caliente y ríase la gente,máxima absoluta de Góngora y de Santi
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