Ya les habré contado más de una vez que en una de las pensiones en las que me alojé a lo largo de la vida, tuve la inmensa suerte de convivir con un par de venezolanos. Nunca conocí gente más capacita para generar sustanciosas anécdotas con su manera de entender la vida. Para ellos todo era "la vaina", "esa vaina", etc.. Me costó mucho cogerle el punto a la continua intercalación de la vaina en todo tipo de conversación. Y sin embargo era de lo mas sencillo: quería decir la cosa.
El otro día llovía inmisericordemente y, de pronto, me llegó un mensaje de Pedro A. diciendo que hoy no nos soluciona el día ni el Chombo Chacarrón. Rápidamente me fui a ver qué demonios era tal cosa, o mejor, vaina, e hice un descubrimiento. Realmente el Chombo es cosa digna de ser tenida en cuenta porque con esa especie de nonchalance caribeña te explica muy bien de qué va este desbarajuste que nos han traído las nuevas tecnologías. Es el inevitable desbarajuste que viene asociado a la satisfacción inmediata de los deseos. Por eso, nada dura dos días en el candelero. Él se refiere a la música, que es su realce rey, pero se puede extender a cualquier aspecto de la vida. Así, con tantas prisas, el resultado no puede ser otro que la acumulación del tiempo libre con sus deletéreas consecuencias de todos conocidas.
Bueno, la verdad es que el Chambo reflexiona con delicadeza, algo sin duda importante, pero eso, digamos, está al alcance de bastante gente; lo que no tiene cualquiera es una voz grave, como la que se le achaca a Dios, ni la vis cómica necesaria para seducir a los reticentes. Es como si hubiese sido diseñado en origen para la comunicación. Sí, qué duda cabe que durará lo que dure duro, pero en el entretanto habrá que tenerle en cuenta. Y nunca olviden esto, aunque sean de los adoradores de las lenguas vernáculas: el poseer lengua común con unos cuantos cientos de millones de personas es el mayor chollo que tenemos los españoles. Nunca olviden esa vaina.
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