Sigo avanzando por mi descalabrado yo interior y llego a la CRISI TERCERA de la SEGUNDA PARTE. Me topo con la idea de amistad. Y aquí, sí, me siento reconfortado. Pienso que en esto quizá sea en lo único que, en cierta medida, acerté. Y lo pienso porque el tiempo, que todo lo depura, aquí, me da la razón. Personas con las que entraste de la mano en la edad varonil y que ahí siguen todavía haciendo que la vejez no lo parezca con sólo pensar en ellas.
"Yo soy -me respondió- el de tres uno, aquel otro yo, idea de la amistad, norma de cómo han de ser los amigos; yo soy el tan nombrado Gerión. Tres somos y un solo corazón tenemos, que el que tiene amigos buenos y verdaderos, tantos entendimientos logra: sabe por muchos, obra por todos, conoce y discurre con los entendimientos de todos, ve por tantos ojos, oye por tantos oídos, obra por tantas manos y diligencia con tantos pies, tantos pasos da en su conveniencia como dan todos los otros; mas entre todos, sólo un querer tenemos, que la amistad es un alma en muchos cuerpos. El que no tiene amigos, ni tiene pies ni manos, manco vive, a ciegas camina. Y ¡ay! del solo que si cayere no tendrá quien le ayude a levantar.
¡Oh gran prodigio de la amistad verdadera, aquella gran felicidad de la vida, empleo digno de la edad varonil, ventaja única del ya hombre!"
viernes, 29 de julio de 2016
miércoles, 27 de julio de 2016
Verano
La esencia del verano es estar mal por estar de más. Si un viejo estorba siempre, en verano mucho más. Por así decirlo, no para de dar el cante. Esto que digo, claro, es la consecuencia de un estado de ánimo. Un estado de ánimo que acude puntual a la cita desde una edad relativamente temprana incrementando su morbo año tras año. Se compagina muy mal este omnipresente campear de Dionisos con una vitalidad muy menguada. La peau de chagrin está ya en las últimas de tanto haber satisfecho todos los deseos soñados. Todas las quimeras.
La playa, los viajes, los festivales de jazz, el fornicio, la gula, la embriaguez... todo ello, como es de justicia, con sus amargos despertares. Por no hablar de sus tontos recuerdos. Tontos y humillantes. Nada de lo que enaltecerse en cualquier caso y mucho de lo que arrepentirse. Porque, qué de todo ello mereció la pena más allá de la experiencia del fracaso. ¿Por qué fue necesario insistir tanto para convencerse de su costosa inutilidad? Es el doloroso constatar de las propias limitaciones, que son muchas y muy profundas.
En resumidas cuentas, nada es inocente y a los hechos me remito. Ayer, por ejemplo, agarré la bicicleta y con una fresca brisa de nordeste de frente llegué hasta Husillos. Tuve que esforzarme pero valió la pena. La mañana era perfecta. Y el merendero junto al río y el desayuno que despaché en él, también lo eran. Todo apuntaba al disfrute terrenal, pero algo allí me lo impedía carcomiéndome la atención. En una esquina cualquiera de aquel ameno paraje bramaba un altavoz su pestilente musiquilla. Mi cabeza no se podía evadir de lo que consideraba una agresión y trataba de consolarse lanzando mentales maldiciones a la puta y asquerosa chusma. Me costó serenarme. ¿Por qué no he aprendido todavía, pensé entonces, a hacer caso omiso de cuestiones tan banales? Esta pobre gente, que sabe hacer una tortilla de patatas magnífica, piensa, en su limitada opinión, que con esa musiquilla te acerca un paso más al paraíso. La cabeza no les da para más y se dejan arrastrar por la corriente. Son números. Hay que aceptarlos y quererlos en función de lo bien que hacen la tortilla de patatas. Lo demás, es mi problema. Mi profunda discapacidad social. Mi fobia.
La playa, los viajes, los festivales de jazz, el fornicio, la gula, la embriaguez... todo ello, como es de justicia, con sus amargos despertares. Por no hablar de sus tontos recuerdos. Tontos y humillantes. Nada de lo que enaltecerse en cualquier caso y mucho de lo que arrepentirse. Porque, qué de todo ello mereció la pena más allá de la experiencia del fracaso. ¿Por qué fue necesario insistir tanto para convencerse de su costosa inutilidad? Es el doloroso constatar de las propias limitaciones, que son muchas y muy profundas.
En resumidas cuentas, nada es inocente y a los hechos me remito. Ayer, por ejemplo, agarré la bicicleta y con una fresca brisa de nordeste de frente llegué hasta Husillos. Tuve que esforzarme pero valió la pena. La mañana era perfecta. Y el merendero junto al río y el desayuno que despaché en él, también lo eran. Todo apuntaba al disfrute terrenal, pero algo allí me lo impedía carcomiéndome la atención. En una esquina cualquiera de aquel ameno paraje bramaba un altavoz su pestilente musiquilla. Mi cabeza no se podía evadir de lo que consideraba una agresión y trataba de consolarse lanzando mentales maldiciones a la puta y asquerosa chusma. Me costó serenarme. ¿Por qué no he aprendido todavía, pensé entonces, a hacer caso omiso de cuestiones tan banales? Esta pobre gente, que sabe hacer una tortilla de patatas magnífica, piensa, en su limitada opinión, que con esa musiquilla te acerca un paso más al paraíso. La cabeza no les da para más y se dejan arrastrar por la corriente. Son números. Hay que aceptarlos y quererlos en función de lo bien que hacen la tortilla de patatas. Lo demás, es mi problema. Mi profunda discapacidad social. Mi fobia.
viernes, 22 de julio de 2016
El proporcional Euclides
En estas lecturas de vejez en las que nada te apremia se da cuenta uno de todo lo que se perdió por el camino apresurado del puro querer encontrarlo todo que es encontrarse a uno mismo. Pues bien, es en eso en lo que estoy ahora, "El Criticón" mediante, con resultados que doy por altamente satisfactorios. Puede ser en la plaza de Gascón de Nava o en los jardines del monasterio cisterciense de Nuestra Señora de Alconada, en la terraza del bar El Refugio de Fuentes o en cualquier adecuación recreativa a la orilla del Canal de Castilla, el lugar no importa que lo que cuenta son las ganas de hincarle el diente al relato tan pronto sientes que ya digeriste los últimos pasajes leídos. Pasito a pasito, con la lentitud apropiada a la magnitud del empeño, vas identificando los porqués de los sucesivos traspiés que fuiste dando lo mismo que, también, los de algún que otro acierto, que, aunque raros, no faltaron. Una vida ordinaria, en definitiva, de más pesares que grandezas.
"Tenga ya gusto y voto, no siempre viva del ageno; que los más en el mundo gustan de lo que ven gustar a otros, alaban lo que oyeron alabar; y si les preguntas en qué está lo bueno de lo que celebran, no sabrán dezirlo; de modo que viven por otros y se guían por entendimientos agenos. Tenga, pues, juicio propio y tendrá voto en su censura; guste de tratar con hombres, que no todos los que lo parecen lo son; razone más que hable, converse con los varones noticiosos, y podrá tal vez contar algún chiste encaminado a la gustosa enseñanza, pero con tal moderación que no sea tenido por massecuentos, el licenciado del chiste y truhán de balde. Podrá tal vez, acompañado de sí mismo, pasearse pensando, no hablando. Sea hombre de museo, aunque ciña espada, y tenga delecto con los libros, que son amigos manuales; no embuta de borra los estantes, que no está bien un pícaro al lado de un noble ingenio, y si ha de preferir, sean los juiziosos a los ingeniosos. Muestre ser persona en todo, en sus dichos y en sus hechos, procediendo con gravedad apacible, hablando con madurez tratable, obrando con entereza cortés, viviendo con atención en todo y preciandose más de tener buena testa que talle. Advierta que el proporcional Euclides dio el punto a los niños, a los muchachos la línea, a los moços la superficie y a los varones la profundidad y el centro."
"Tenga ya gusto y voto, no siempre viva del ageno; que los más en el mundo gustan de lo que ven gustar a otros, alaban lo que oyeron alabar; y si les preguntas en qué está lo bueno de lo que celebran, no sabrán dezirlo; de modo que viven por otros y se guían por entendimientos agenos. Tenga, pues, juicio propio y tendrá voto en su censura; guste de tratar con hombres, que no todos los que lo parecen lo son; razone más que hable, converse con los varones noticiosos, y podrá tal vez contar algún chiste encaminado a la gustosa enseñanza, pero con tal moderación que no sea tenido por massecuentos, el licenciado del chiste y truhán de balde. Podrá tal vez, acompañado de sí mismo, pasearse pensando, no hablando. Sea hombre de museo, aunque ciña espada, y tenga delecto con los libros, que son amigos manuales; no embuta de borra los estantes, que no está bien un pícaro al lado de un noble ingenio, y si ha de preferir, sean los juiziosos a los ingeniosos. Muestre ser persona en todo, en sus dichos y en sus hechos, procediendo con gravedad apacible, hablando con madurez tratable, obrando con entereza cortés, viviendo con atención en todo y preciandose más de tener buena testa que talle. Advierta que el proporcional Euclides dio el punto a los niños, a los muchachos la línea, a los moços la superficie y a los varones la profundidad y el centro."
martes, 19 de julio de 2016
Argos
La pesadumbre del verano, tener que escoger entre dos males, el del parque sindical o el del calor tórrido. Santander o Castilla. Me quedo con Castilla y purgo mis penas encerrado a cal y canto en un viejo caserón. Bien, supongo que eso es lo que me apetece o, mejor, para lo que estoy configurado. Para que me pese más el componente indeseable de cualquier acción supuestamente placentera que todos los beneficios que me pudiera reportar. Es la experiencia del ya largo pasado que, al fin, de algo me tiene que servir en el, en cualquier caso, corto futuro por delante. Ni quiero sufrir por desear cosas, ni menos por conservarlas, ni mucho menos por perderlas. Desengañado total, mi objetivo es simple: seguir ganando distancia palmo a palmo para mejorar la perspectiva. Al final, pienso, será tanta la amplitud de un solo vistazo que podré comprender lo que significa la belleza. Mi vida, entonces, estará justificada.
"Topaban muchos descansos con sus asientos baxo de frondosos morales muy copados, cuyas hojas, según dezía Argos, hazen sombra saludable para la virtud y para las cabeças, quitándoles a muchos el dolor de ella; y aseguraba haberlos plantado algunos célebres sabios para alivio en el cansado viaje de la vida. Pero lo más importante era que a trechos hallaban algún refresco de saber, confortativos de valor, que se dezía haberlos fundado allí a costa de su sudor algunos varones singulares, dotándolos de renta de doctrina. Y assí, en una parte les brindaron quintas essencias de Séneca, en otra divinidades de Platón, néctares de Epicuro y ambrosías de Demócrito y de otros muchos autores sacros y profanos, con que cobraba, no sólo aliento, pero mucho ser de personas, adelantándose a todos los demás."
"Topaban muchos descansos con sus asientos baxo de frondosos morales muy copados, cuyas hojas, según dezía Argos, hazen sombra saludable para la virtud y para las cabeças, quitándoles a muchos el dolor de ella; y aseguraba haberlos plantado algunos célebres sabios para alivio en el cansado viaje de la vida. Pero lo más importante era que a trechos hallaban algún refresco de saber, confortativos de valor, que se dezía haberlos fundado allí a costa de su sudor algunos varones singulares, dotándolos de renta de doctrina. Y assí, en una parte les brindaron quintas essencias de Séneca, en otra divinidades de Platón, néctares de Epicuro y ambrosías de Demócrito y de otros muchos autores sacros y profanos, con que cobraba, no sólo aliento, pero mucho ser de personas, adelantándose a todos los demás."
miércoles, 13 de julio de 2016
Blandenguería
Poco, por no decir nada, se puede hacer contra las debilidades de la propia naturaleza. Sonará a autojustificación, pero nada más lejos de la realidad. Uno, por querer de los dioses, anda desde la más temprana edad sometido a una labilidad emocional que es que por cualquier remembranza de tres al cuarto, o ridículo episodio de cariz sentimental, ya ando como Andrenio soltando el corazón por los ojos en líquidos pedazos. Y lo paso mal si no estoy a solas, que todavía no puedo controlar el dolor de la vergüenza. A mis años, ya ven.
Es sin duda una blandenguería degradante que condiciona el carácter en el sentido de escudarse tras esa apariencia de dureza que le proporciona el abuso a ultranza de la razón que, por otra parte, es la mejor manera de equivocarse... y de ahí estos lodos. Porque tal es la tragedia, que como dijo el clásico respondiendo con indiferencia a los insultos: ya que no pueden tener otra cosa que por lo menos tengan razón. Y es que no hay nada que insulte tanto en este mundo de ficción que pretender ver clara la realidad. Nadie te perdona que intentes destruir las ilusiones que al fin y al cabo de no otra sustancia se compone la cotidiana realidad de la inmensa mayoría, qué le vamos a hacer.
En resumidas cuentas, que paso a paso se me ha ido estrechando el espacio alrededor. Y no es que haya devenido en eremita, pero casi. Así es que los achaques de soledad es la esencia de mi ir pasando por la vida. Y entre achaque y achaque el pasajero alivio de la amistad que, si no, no quiero ni pensar lo que sería esto. A D. G., hay por ahí otros piraos con los que uno se puede entender siquiera por un rato.
Es sin duda una blandenguería degradante que condiciona el carácter en el sentido de escudarse tras esa apariencia de dureza que le proporciona el abuso a ultranza de la razón que, por otra parte, es la mejor manera de equivocarse... y de ahí estos lodos. Porque tal es la tragedia, que como dijo el clásico respondiendo con indiferencia a los insultos: ya que no pueden tener otra cosa que por lo menos tengan razón. Y es que no hay nada que insulte tanto en este mundo de ficción que pretender ver clara la realidad. Nadie te perdona que intentes destruir las ilusiones que al fin y al cabo de no otra sustancia se compone la cotidiana realidad de la inmensa mayoría, qué le vamos a hacer.
En resumidas cuentas, que paso a paso se me ha ido estrechando el espacio alrededor. Y no es que haya devenido en eremita, pero casi. Así es que los achaques de soledad es la esencia de mi ir pasando por la vida. Y entre achaque y achaque el pasajero alivio de la amistad que, si no, no quiero ni pensar lo que sería esto. A D. G., hay por ahí otros piraos con los que uno se puede entender siquiera por un rato.
martes, 12 de julio de 2016
Líquidos pedazos.
Afortunadamente las feministas no suelen llegar muy lejos en lo que a cultura, en el sentido tradicional del término, se refiere. Para mí que ninguna ha leído El Criticón porque, de lo contrario, ya estaría Gracián apeado del Parnaso tiempo ha. Todo sería llegar a la "crisi duodecima, los encantos de Falsirena" y poner el grito en el cielo. Deduzcan ustedes:
"Fue Salomón el más sabio de los hombres y fue el hombre al que más engañaron las mugeres; y con haber sido el que más las amó, fue el que más mal dixo dellas: argumento de cuan mal es del hombre la mujer mala y su mayor enemigo. Más fuerte es que el vino, más poderosa que el rey, y que compite con la verdad siendo toda mentira. Más vale la maldad del varón que el bien de la mujer, dixo quien más bien dixo, porque menos mal te hará un hombre que te persiga que una muger que te siga..."
Así es que Andrenio, al poco de toparse con Falsirena, empezó a destilar el corazón en líquidos pedazos por los ojos.
El caso es que las mujeres tienen una cosa entre las piernas por la que los hombres se pirrian. Y esa es la madre del cordero, que pirriarse por lo que sea, indefectiblemente lleva a la frustración. Y de ahí, si hay inmadurez, al lloro. Dios mío, qué mierda es todo esto y cuan indefensos estamos. Aquí, en lo de entre las piernas, es donde seguimos siendo monos punto por punto. Y las feministas como si nada. Sin enterarse del poder omnímodo de las hormonas.
Quizá, me digo a veces, los socialistas, y todos esos que abrazan los movimientos graciosamente llamados antimachistas, son personas que han sido favorecidos por la naturaleza con una muy limitada producción de hormonas de las conocidas como sexuales. Así, al estar privados de urgencias, dan en pensar que son seres superiores. Y, de ahí, todas sus diarreas mentales. En fin, sólo es una idea muy traída por los pelos.
En cualquier caso, lo que es una verdadera pena es que una persona tan clarividente como Camile Paglia sea tan poco conocida y mucho menos leída. Supongo que será debido a lo de siempre, al poder de las religiones para desprestigiar, y en su caso ocultar, la inteligencia que las cuestiona. No otra es la historia de la humanidad, una cuestión de frenos para que no se desboque el progreso y se acabe con los pastores..
"Fue Salomón el más sabio de los hombres y fue el hombre al que más engañaron las mugeres; y con haber sido el que más las amó, fue el que más mal dixo dellas: argumento de cuan mal es del hombre la mujer mala y su mayor enemigo. Más fuerte es que el vino, más poderosa que el rey, y que compite con la verdad siendo toda mentira. Más vale la maldad del varón que el bien de la mujer, dixo quien más bien dixo, porque menos mal te hará un hombre que te persiga que una muger que te siga..."
Así es que Andrenio, al poco de toparse con Falsirena, empezó a destilar el corazón en líquidos pedazos por los ojos.
El caso es que las mujeres tienen una cosa entre las piernas por la que los hombres se pirrian. Y esa es la madre del cordero, que pirriarse por lo que sea, indefectiblemente lleva a la frustración. Y de ahí, si hay inmadurez, al lloro. Dios mío, qué mierda es todo esto y cuan indefensos estamos. Aquí, en lo de entre las piernas, es donde seguimos siendo monos punto por punto. Y las feministas como si nada. Sin enterarse del poder omnímodo de las hormonas.
Quizá, me digo a veces, los socialistas, y todos esos que abrazan los movimientos graciosamente llamados antimachistas, son personas que han sido favorecidos por la naturaleza con una muy limitada producción de hormonas de las conocidas como sexuales. Así, al estar privados de urgencias, dan en pensar que son seres superiores. Y, de ahí, todas sus diarreas mentales. En fin, sólo es una idea muy traída por los pelos.
En cualquier caso, lo que es una verdadera pena es que una persona tan clarividente como Camile Paglia sea tan poco conocida y mucho menos leída. Supongo que será debido a lo de siempre, al poder de las religiones para desprestigiar, y en su caso ocultar, la inteligencia que las cuestiona. No otra es la historia de la humanidad, una cuestión de frenos para que no se desboque el progreso y se acabe con los pastores..
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