La pesadumbre del verano, tener que escoger entre dos males, el del parque sindical o el del calor tórrido. Santander o Castilla. Me quedo con Castilla y purgo mis penas encerrado a cal y canto en un viejo caserón. Bien, supongo que eso es lo que me apetece o, mejor, para lo que estoy configurado. Para que me pese más el componente indeseable de cualquier acción supuestamente placentera que todos los beneficios que me pudiera reportar. Es la experiencia del ya largo pasado que, al fin, de algo me tiene que servir en el, en cualquier caso, corto futuro por delante. Ni quiero sufrir por desear cosas, ni menos por conservarlas, ni mucho menos por perderlas. Desengañado total, mi objetivo es simple: seguir ganando distancia palmo a palmo para mejorar la perspectiva. Al final, pienso, será tanta la amplitud de un solo vistazo que podré comprender lo que significa la belleza. Mi vida, entonces, estará justificada.
"Topaban muchos descansos con sus asientos baxo de frondosos morales muy copados, cuyas hojas, según dezía Argos, hazen sombra saludable para la virtud y para las cabeças, quitándoles a muchos el dolor de ella; y aseguraba haberlos plantado algunos célebres sabios para alivio en el cansado viaje de la vida. Pero lo más importante era que a trechos hallaban algún refresco de saber, confortativos de valor, que se dezía haberlos fundado allí a costa de su sudor algunos varones singulares, dotándolos de renta de doctrina. Y assí, en una parte les brindaron quintas essencias de Séneca, en otra divinidades de Platón, néctares de Epicuro y ambrosías de Demócrito y de otros muchos autores sacros y profanos, con que cobraba, no sólo aliento, pero mucho ser de personas, adelantándose a todos los demás."
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