
He decidido que quiero allanar el camino de acceso a la Academia a mis inciertos lectores. Así es que les voy a ir poniendo ejemplos de problemas geométricos. Éste, en concreto, es para chavales, y supongo que para chavalas, de entre trece y catorce años y, para los que no lo vean a la primera, les doy una pista: el teorema del coseno.
En otro orden de cosas, o en el mismo orden, que no sé, quisiera traerles a colación una conferencia, o clase, que dictó un tal Miguel Anxo Bastos en una universidad guatemalteca. Les aclaro que Miguel es uno de los habituales conferenciantes del Instituto Juan de Mariana. Con eso y con saber un poco, wikipedia mediante, sobre Juan de Mariana pienso que ya está todo dicho. En fin, sea como sea, en ese Instituto es donde principalmente largan los que están a favor del Estado Mínimo, es decir, un Estado que solo se encarga de asegurar la igualdad ante la ley y las fronteras. Todo lo demás correrá a cuenta de la sociedad civil. Una idea, por cierto, que parece ganar cada día más adeptos, lo cual como que me da buen rollo.
Y es en la educación en lo que más se demora Miguel Anxo en esa conferencia guatemalteca. Está meridianamente claro para él, y para mí, por supuesto, que llamar educación a la que corre a cargo del Estado es un eufemismo de adoctrinamiento. El Estado, por definición, adoctrina. Es su único interés. Y lo más sorprendente de su teoría es cuando hace referencia a las matemáticas. Con todas las materias se adoctrina, pero la más insidiosa entre ellas son las matemáticas. Las matemáticas que se enseñan, en su inmensa mayoría, no sirven para otra cosa que para que los hijos tomen conciencia de lo poco que saben sus padres, cosa que automáticamente lleva a restarles autoridad a la vez que se la trasladan al profesor, o sea, al Estado. Es, no me lo negarán, una curiosa teoría que merecería una cuidadosa consideración. Porque una cosa es, argumenta Anxo, las matemáticas para calcular una hipoteca, que eso sí que se necesita saber, pero de ahí al álgebra linear o el cálculo infinitesimal, que salvo que vayas a ser informático o ingeniero no vas a necesitar para nada, hay un abismo. Todo ese esfuerzo, sigue argumentando, se puede emplear en materias que sí son de utilidad, como rudimentos financieros y cosas por el estilo.
Bueno, ya ven que no todo el mundo por ahí piensa lo mismo sobre los más diversos asuntos. ¿Quién lo diría? Porque es que a la que te descuidas ya te están largando el rollo del machismo o de la superioridad moral de los animales. Por no hablar de la decencia de lo público frente a la indecencia de lo privado. Desde luego, como diría un frances, el adoctrinamiento es payante. En fin, y qué le vamos a hacer. Servidor, de todas formas, seguirá pensando que ejercitar la geometría facilita la entrada en la Academia, cosa que, si me apuran, pienso que es para lo único que merece la pena vivir.
En otro orden de cosas, o en el mismo orden, que no sé, quisiera traerles a colación una conferencia, o clase, que dictó un tal Miguel Anxo Bastos en una universidad guatemalteca. Les aclaro que Miguel es uno de los habituales conferenciantes del Instituto Juan de Mariana. Con eso y con saber un poco, wikipedia mediante, sobre Juan de Mariana pienso que ya está todo dicho. En fin, sea como sea, en ese Instituto es donde principalmente largan los que están a favor del Estado Mínimo, es decir, un Estado que solo se encarga de asegurar la igualdad ante la ley y las fronteras. Todo lo demás correrá a cuenta de la sociedad civil. Una idea, por cierto, que parece ganar cada día más adeptos, lo cual como que me da buen rollo.
Y es en la educación en lo que más se demora Miguel Anxo en esa conferencia guatemalteca. Está meridianamente claro para él, y para mí, por supuesto, que llamar educación a la que corre a cargo del Estado es un eufemismo de adoctrinamiento. El Estado, por definición, adoctrina. Es su único interés. Y lo más sorprendente de su teoría es cuando hace referencia a las matemáticas. Con todas las materias se adoctrina, pero la más insidiosa entre ellas son las matemáticas. Las matemáticas que se enseñan, en su inmensa mayoría, no sirven para otra cosa que para que los hijos tomen conciencia de lo poco que saben sus padres, cosa que automáticamente lleva a restarles autoridad a la vez que se la trasladan al profesor, o sea, al Estado. Es, no me lo negarán, una curiosa teoría que merecería una cuidadosa consideración. Porque una cosa es, argumenta Anxo, las matemáticas para calcular una hipoteca, que eso sí que se necesita saber, pero de ahí al álgebra linear o el cálculo infinitesimal, que salvo que vayas a ser informático o ingeniero no vas a necesitar para nada, hay un abismo. Todo ese esfuerzo, sigue argumentando, se puede emplear en materias que sí son de utilidad, como rudimentos financieros y cosas por el estilo.
Bueno, ya ven que no todo el mundo por ahí piensa lo mismo sobre los más diversos asuntos. ¿Quién lo diría? Porque es que a la que te descuidas ya te están largando el rollo del machismo o de la superioridad moral de los animales. Por no hablar de la decencia de lo público frente a la indecencia de lo privado. Desde luego, como diría un frances, el adoctrinamiento es payante. En fin, y qué le vamos a hacer. Servidor, de todas formas, seguirá pensando que ejercitar la geometría facilita la entrada en la Academia, cosa que, si me apuran, pienso que es para lo único que merece la pena vivir.
En eso estoy contigo.Como en las Bermudas,el Estado garantiza lo más importante,elresto cada uno.El sueldo bruto es prácticamente neto y que cada uno se gaste la Pasta por donde le salga Pero claro,amigo Pedro,se les acaba el chollo y la vaca no da más leche..Imagínate,la clase política completamente desaparecida...
ResponderEliminarEspero que por una vía u otra esto de los políticos entre en los límites de la cordura. Dicen que aquí hay cuatrocientos mil, lo cual triplica o cuatriplica lo que hay en Alemania que tiene el doble de población. En cualquier caso cada vez hay más gente muy cabreada con este asunto.
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