miércoles, 10 de febrero de 2021

Santo

 "El año que vivimos peligrosamente" es el título de una película que tuvo cierto predicamento allá por los ochenta. La acción transcurre en una de esas revoluciones que se han dado y darán por doquier a todo lo largo de la historia. Unos psicópatas se hacen con el poder en cualquier sitio y no se andan con contemplaciones: matan a todo lo que interfiere en sus planes que, no nos engañemos al respecto, nunca son otros que disfrutar de las delicias del poder absoluto. Una especie, en definitiva, del ponte bien y estate quieta. Por lo demás, la peli era la típica pestiñada a base de resistentes inteligentísimos... como lo de los franceses con los nazis, poco más o menos. 

Pues bien, si nos atenemos a los acontecimientos en curso, también podríamos argumentar que llevamos aproximadamente un año viviendo peligrosamente. Hay por ahí un virus más o menos dañino que ha sido utilizado como escusa para instaurar un régimen de terror que, una vez más, no tiene otra finalidad que, como les decía, hacer la vida agradable a los gobernantes. Bueno, en algunos países los gobernantes se han limitado a dar unos cuantos consejos a la gente y el virus no ha causado más estragos, o incluso menos, que en los sitios en los que nos han arrancado de cuajo todos nuestros derechos ciudadanos, que dicho sea de paso, ya venían siendo muy poquitos desde que se entronizó a la ingeniería social como reina del cielo en la tierra. 

Sea como sea, no pequemos de inocentes, las procesiones que realmente cuentan son las que van por dentro. Te pueden encerrar en casa, pero si en ella tienes dos docenas de buenos libros, que allí te las den todas. Te pones a leerlos y acabas viviendo en la mayor libertad de todas las concebibles, la del espíritu. Al final es como si hubieses vuelto de la guerra  victorioso. ¿Cómo te va a acojonar este virus de pacotilla después de haber leído el Decamerón? ¡Por Dios Bendito, hermanos, que morir habemos ya lo sabemos, pero en el entretanto dejemos que San Crece en Vallehondo haga de las suyas! 

En resumidas cuentas, este año que en teoría venimos de vivir peligrosamente, personalmente le considero uno de los más fructíferos de mi vida. He pegado un repaso sosegado a mis obras favoritas. Y, como colofón, ayer terminé el Oráculo Manual y Arte de Prudencia de Gracián, quizá el libro que más esfuerzo me ha exigido de todos los que he leído. Esfuerzo de intelección lingüística para desentrañar el significado de los aforismos. Esfuerzo para no llorar y salir corriendo tras verme reflejado en tan nítido espejo. Así es que me parece que con esta obra ya he llegado a puerto. Toca ya descansar. Pero no me quiero ir sin antes dejarles aquí un escueto resumen de lo que realmente importa:

"En una palabra, santo, que es decirlo todo en una vez. Es la virtud cadena de todas las perfecciones, centro de las felicidades. Ella hace un sugeto prudente, atento, sagaz, cuerdo, sabio, valeroso, reportado, entero, feliz, plausible, verdadero y universal Héroe. Tres eses hacen dichoso: santo, sano y sabio. La virtud es el sol del mundo menor (el hombre), y tiene por hemisferio la buena conciencia; es tan hermosa que se lleva la gracia de Dios y de las gentes. No hay cosa amable sino la virtud, ni aborrecible sino el vicio. La virtud es cosa de veras, todo lo demás de burlas. La capacidad y la grandeza se ha de medir por la virtud, no por la fortuna. Ella sola se basta a sí misma. Vivo el hombre, le hace amable; y muerto, memorable."

 

martes, 9 de febrero de 2021

Follabilidad

Lo del feminismo es para partirse el culo de risa. Supongo que como con todas las ideologías pero un poco más por aquello de que los tacones ni me los toques. Ya saben, los hombres los cojones y las mujeres los tacones: el caso es que los géneros sigan rimando.

A esas horas de la noche, cuando el encefalograma se aproxima a la distancia más corta entre dos puntos, solemos poner una de esas series policiacas que emiten por canales raros. Pues bien, no hay serie de esas en la que las mujeres no ocupen papel principal. Ellas con su melenita, sus pantalones ajustados, su pistola en la cadera y... los tacones. Bueno, se supone que un, o una, policía debiera usar una indumentaria que le permitiese salir zumbando detrás del malhechor que huye al verse acorralado... pues olvídense, la señora policía, siempre esbelta por supuesto, antes se deja matar que prescindir de sus tacones. Se siente más mujer con ellos. Y cuando digo más mujer, digo más follable. Porque para una mujer la cuestión existencial por excelencia no es ser o no ser, tener o no tener, saber o no saber, no, todo eso son paparruchas que se le darán por añadidura según se sienta o no se sienta follable... como si todas las mujeres no lo fueran por definición por las mismas razones que todos los hombres solo piensan en meterla donde sea que se les ponga a tiro. 

Así que, igualdad toda la que quieran en lo que a la esencia de todo lo que vive hace, es decir, el deseo de aparearse con vistas a conservar la especie. Y ahí, sí es donde yo veo la necesidad de un ministerio que promueva eso, porque en los últimos tiempos mucha lordosis lumbar ellas y mucho pectoral ellos, pero las tasas de reposición poblacional están en el 95 por ciento del mundo por debajo de lo necesario. Suerte de congoleños y sus vecinos, porque si no fuese por ellos la especie iría de cabeza a la extinción. 

En fin, que ya ven en qué consiste el feminismo, en más tacones, ergo más realce de la lordosis lumbar, ergo más poner a cien a los tíos. Y dará igual que establezcamos una colonia en Marte o inventemos la teletrasportación, porque siempre estaremos en las mismas, venga y dale a la obsesión que traemos de fábrica. Y ni tan mal.

lunes, 8 de febrero de 2021

Awesome

Hay vídeos que solo merece la pena observarlos a primera hora de la mañana. Es el caso de uno que descubrí ayer y dejé apartado para hoy. Se trata de Religión, tradición y tecnología desde el libertarismo de Miguel Anxo Bastos. Es una entrevista que le hace uno que debe ser argentino o algo así, o sea, que se le nota que le cuesta una barbaridad sujetar las palabras. ¡Qué difícil el arte de entrevistar! En fin, sea como sea, Miguel Anxo viene siendo para mí, de unos pocos años para acá, lo mejor de lo mejor en lo que a cabezas hace del panorama hispano. Sus conferencias en la Francisco Marroquín se las recomiendo a cualquiera que sepa disfrutar con los juegos de la mente. Miguel es el más claro exponente de eso para lo que vivimos, es decir, saber y sabernos. Saber sobre el mundo que nos rodea en particular y el de más allá en general, por un lado, y, por el otro, conocernos a nosotros mismos como recomendaban en Delfos.

El caso es que iba ya muy avanzado el video y de pronto he sentido algo así como hastío de brillantez. Porque Miguel Anxo es brillante hasta decir basta, pero de pronto recuerdas a Hesiodo y te dices, todo lo que está diciendo este tío está maravillosamente condensado en la Teogonia. Todo eso de la disrupción de las nuevas tecnologías... ya se lo he contado mil veces: Prometeo encadenado. Ya me cansa tanta palabrería. Sea como sea de brillante no importa, al final todo es bachillería. Pienso que hace ya tiempo sé de sobra de qué va el mundo y no sé nada sobre mí mismo ni sobre las dos o tres cosas sobre las que quisiera tener cierto dominio.

No sé nada sobre mí, lo cual como que ya me importa tres rábanos. Ya me siento perfectamente cómodo acogiéndome a la idea de que los dioses te llevan de la mano y que, si te resistes, te arrastran. Para ser exactos cada día que pasa estoy un poco más convencido de que es poco probable que los seres humanos seamos responsables de nuestros actos. Somos como somos porque nos han hecho así y actuamos como actuamos porque una fuerza interior incontrolable así nos lo exige. Y por eso es que en el mundo siga habiendo de todo lo habido y por haber a pesar del sobrehumano esfuerzo unificador que se viene haciendo desde hace milenios. ¡Ya te digo, la LOPSE socialista! De ésta sí que sí. Que la ilusión no decaiga. 
 
Pues sí, como aquel militar que a la vista de lo visto en aquellos maravillosos años ya solo creía en Dios y el bicarbonato, a mí solo me interesa la música y la geometría. Cojo, agarro la guitarra y me pongo delante de un vídeo de Jens Larsen: This is Why Melodic Minor is Awesome. Esas sexta y séptima sharps cuando asciendes por la escala y normales cuando retrocedes. O algo así. Efectivamente, produce un efecto muy especial. Tendría que aprender a manejarlo. Me llevará un tiempo durante el cual el mundo dejará de existir para mi. De la geometría ni les hablo porque por más que insisto no consigo aprobar el ingreso en la Academia Platónica. 

Y a otra cosa, mariposa. 

domingo, 7 de febrero de 2021

Reseteando

 La palabra set tiene un montón de significados. En el tenis es uno de los juegos de que se compone el partido. ¿Quién no sabe eso? También es ponerse el sol. ¿Quién no conoce que en Hollywood hay un Sunset Boulevard que hace referencia al crepúsculo de los dioses? Pero quizá el significado más habitual es establecer. También configurar. Sea como sea, si a esas palabras les aplicas el prefijo re las intensificas, o, si mejor quieren, las replicas. O las vuelves a su estado original. En fin, que les cuento todo esto porque estoy hasta el gorro de no poder ir por el mundo sin que se me aparezca por cualquier esquina el agorero de turno y me cante la milonga del gran reseteo. Bueno, según el de Belmonte de Calatayud, un agorero no es más que un melancólico dejándose llevar. Y melancólicos, a día de hoy, para dar y tomar.    

Entonces, hoy, de puro aburrido que estaba, le he dedicado unos minutos a uno de esos agoreros. Y claro, no ha tardado en traer a colación a los poderosos, el foro de Davos y demás alardes de la nada. Luego, por lo que a duras penas he podido entender, toda esa reconfiguración no es más que la inevitable sustitución del viejo fuego por otro más nuevo que acabamos de robar a los dioses. Y ya saben lo que ha pasado a lo lo largo de la historia, que esos robos han sido castigados por los dioses con encadenamientos, roído de hígados, cajas de Pandora y demás sufrimientos a los que solo puede poner fin la compasión de Atenea. 

Así que hasta que Atenea se digne convertir en diamante la roca del Caucaso a la que por el momento estamos encadenados vamos a tener una temporadita movida. Porque, entre otras cosas, los inevitables Epimeteos que reinan por doquier no se han podido contener y han abierto las cajas de Pandora que todo nuevo fuego trae como regalo    envenenado. ¡Por Dios Bendito, no puedo entender cómo todavía no nos hemos cansado de repetir siempre la misma jugada! Si siquiera se leyese a Hesiodo en las escuelas...

El gran reseteo. Me parto el culo de risa. Van a cambiar las minas de carbón por las de tierras raras que, al parecer, son bastante más contaminantes. Pero contaminantes en China, lo cual como que no tiene demasiada importancia por aquello de que más cornadas da el hambre. En fin, que visto lo visto, como no nos reseteen la polla no veo yo que esto vaya a tener el menor interés.  

sábado, 6 de febrero de 2021

Ma piove piove

 Yo no sé si será algo común o una rareza mía, pero siento algo así como una relación directamente proporcional entre la preocupación por el clima y el estar de más en este mundo. Porque es impepinable que si estoy centrado en cualquier cosa que sea el tiempo que pueda estar haciendo ahí fuera me la trae al pairo. En realidad, eso que llaman buen tiempo se reduce a aquel famoso chibiribiriporompompón vamos a la playa calienta el sol. Pero nada que ver con la realidad. Recuerdo como esplendidos aquellos días de aguanieve en los que cabalgaba por la montaña palentina en compañía de María. Incluso la confortabilidad de un sillón, pongamos que un reclinable de Ikea, en un espacio caliente, no diré junto al fuego, cuando afuera los grajos vuelan bajo. ¿Cuántas horas de mi vida no se me habrán ido en un ambiente semejante absorto en mis aficiones? Y claro, sí, también días radiantes que paseas por el campo entretenido con amenas conversaciones. ¡Cómo no! En el clima se necesita la variedad exactamente igual que para todo. Porque la monotonía trae la pudrición, ya sea la del turismo si siempre hace sol, ya la plaga de los topillos si no para de llover. Y también, qué duda puede caber, si abusas del reclinable Ikea o de las cabalgadas haga como haga. Lo que importa en cualquier caso es no dar en pensar que alguien ahí afuera, Dios por ejemplo, está limitando tus posibilidades con sus caprichos. Si das en eso, puedes estar seguro de que estás acabado

Y esa es la cuestión, que llevamos unos días que, como dice Pedro A., no nos los arregla ni el Combo Chacarrón. No para de llover. Y esto no es California, o sea que aquí no es cosa de encaramarse en una farola y ponerse a cantar bajo la lluvia. Aunque, armándonos de valor, hace dos días recorrimos ida vuelta bajo la morrina la playa de Berria que tiene su morbo por aquello de intuir que estás siendo observado desde las celdas del monasterio del Dueso. Bueno, me han contado que esos monjes disponen de una piscina climatizada que te cagas, así que no creo que les estuviésemos dando mucha envidia con nuestra libertad. En fin, que lo que cuenta es la disposición del ánimo y no la fortuitidad del clima como tantas veces parece que queremos dar a entender. 

Por lo demás todo apunta a que Jaime y Ter siguen juntos. Les recomiendo su video "Estamos juntos". Como dos adolescentes, aunque sean, quizá, de las cabezas más maduras que andan por ahí. Bueno, es el enamoramiento, solo que en su caso en vez de encaramarse en el alero después del picotazo se van a su estudio a hacer una obra de arte. Porque esa es la verdad, que sus vídeos si ya eran muy buenos antes, ahora con el enamoramiento lo están petando, como dicen los jóvenes. ¡Ay! Y pueden estar seguros de que estos dos ni siquiera saben si afuera llueve o hace sol. Se acuerdan de Domenico Modugno... ma piove piove sul nostro amore

viernes, 5 de febrero de 2021

Tripulado en confusión

Una de las vainas por la que más recurrentemente se lamentan los seres humanos es por no haber tenido a una edad más temprana los conocimientos que creen tener en su presente. ¡Si yo hubiese sabido esto a los diez y ocho años! Bueno, personalmente pienso que si hubiese sabido tal cosa a los diez y ocho hubiera seguido haciendo tonterías de otro tipo a los diez y nueve, veinte y, así, hasta el momento de proferir el lamento. Porque no hay forma de escapar a la propia estulticia hasta el momento mismo de palmarla. Saber o no saber, no es la cuestión. La cuestión en todo caso será poder o no poder controlar las pasiones. Y entre todas ellas la que sin duda más nos ciega el entendimiento es el puto aburrimiento. Sí, no lo olviden nunca, el aburrimiento, que no en vano tiene semejanzas etimológicas con la burricie. 

Así y todo, ¡que la esperanza no decaiga! Que no por otra ilusión ha sido que tantos sabios hayan creído poder  protegernos de nuestra propia estulticia con sus consejos. Y, en fin, aquí estamos los más ilusos de todos indigestándonos cada día de autoayuda en el más inútil y perverso de todos los intentos, el de evitar meter la pata a cada paso que das. ¿Y qué sería de nosotros de no ser así? No quiero ni pensarlo porque de las mentiras piadosas que existen no hay otra que se pueda comparar en tamaño a la que sostiene que se puede escarmentar en cabeza ajena. ¡Sancta simplicitas! La única verdad que me va quedando en estas postrimerías es que la letra solo y exclusivamente con sangre entra.

Pero, así y todo, no hay que excluir que lo cortés no quita lo valiente: toda ayuda a la reflexión sea bienvenida siquiera sea como consuelo. Y en este orden de cosas, o de vainas, nada como el Oráculo Manual para ayudarte a comprender un poco los motivos de tú estar como estás. Así que por aquello de echar un poco más de leña al fuego voy a transcribir lo siguiente por si acaso a alguno le recuerda algo sobre sí mismo. A mí, desde luego que sí. Veamos:

"284. No sea entremetido, y no será desairado. Estímese, si quisiere que le estimen. Sea antes avaro que pródigo de sí. Llegue deseado y será bien recibido. No venga sino llamado, ni vaya sino enbiado. El que se empeña por sí, si sale mal, se carga todo el odio sobre sí; y si sale bien, no consigue el agradecimiento. Es el entremetido terrero (blanco) de desprecios, y por lo mismo que se introduce con desvergüenza es tripulado en confusión (expulsado a patadas)." 

En fin, qué no habrá experimentado uno de estas cosas cuando está ya en las acaballas. Y, como si nada, seguimos erre que erre. 

jueves, 4 de febrero de 2021

La vaina

Ya les habré contado más de una vez que en una de las pensiones en las que me alojé a lo largo de la vida, tuve la inmensa suerte de convivir con un par de venezolanos. Nunca conocí gente más capacita para generar sustanciosas anécdotas con su manera de entender la vida. Para ellos todo era "la vaina", "esa vaina", etc.. Me costó mucho cogerle el punto a la continua intercalación de la vaina en todo tipo de conversación. Y sin embargo era de lo mas sencillo: quería decir la cosa. 

El otro día llovía inmisericordemente y, de pronto, me llegó un mensaje de Pedro A. diciendo que hoy no nos soluciona el día ni el Chombo Chacarrón. Rápidamente me fui a ver qué demonios era tal cosa, o mejor, vaina, e hice un descubrimiento. Realmente el Chombo es cosa digna de ser tenida en cuenta porque con esa especie de nonchalance caribeña te explica muy bien de qué va este desbarajuste que nos han traído las nuevas tecnologías. Es el inevitable desbarajuste que viene asociado a la satisfacción inmediata de los deseos. Por eso, nada dura dos días en el candelero. Él se refiere a la música, que es su realce rey, pero se puede extender a cualquier aspecto de la vida. Así, con tantas prisas, el resultado no puede ser otro que la acumulación del tiempo libre con sus deletéreas consecuencias de todos conocidas.  

Bueno, la verdad es que el Chambo reflexiona con delicadeza, algo sin duda importante, pero eso, digamos, está al alcance de bastante gente; lo que no tiene cualquiera es una voz grave, como la que se le achaca a Dios, ni la vis cómica necesaria para seducir a los reticentes. Es como si hubiese sido diseñado en origen para la comunicación. Sí, qué duda cabe que durará lo que dure duro, pero en el entretanto habrá que tenerle en cuenta. Y nunca olviden esto, aunque sean de los adoradores de las lenguas vernáculas: el poseer lengua común con unos cuantos cientos de millones de personas es el mayor chollo que tenemos los españoles. Nunca olviden esa vaina. 


miércoles, 3 de febrero de 2021

Dinosaurios

El principal problema que está enfrentando la sociedad en estos momentos es el mismo de siempre, es decir, la persistencia de los dinosaurios. ¿Que a qué me refiero cuando digo dinosaurio? Pues muy sencillo: una persona que para informarse enchufa la tele o lee los periódicos que hay en el bar. Es, por así decirlo, un perezoso mental. Sí señores, la misma pereza mental de siempre, la que impidió e impide resistirse a la inercia que empuja a las sociedades a persistir en una dirección que ya hace tiempo se mostró como equivocada. O ineficiente. Sí, so capa de apego, o conservadurismo, lo que hay es pereza mental. O indigencia moral, que también podría ser. 

Pero, nada de lo que preocuparse porque, también como siempre, la inercia se agota pronto y las cosas toman la dirección que más se adecua a la realidad. Entonces empieza una nueva etapa que, también, irá cogiendo inercia... y vuelta a empezar. Resumiendo, podríamos decir que la historia se compone de periodos de distorsión causados por la inercia intercalados con otros en los que la dirección parece ajustarse bastante a la realidad. Periodos entreguerras podríamos llamar a estos últimos. 

Pues bien, en mi opinión, lo que se está tratando de ocultar tras esta cortina coronavírica no es otra cosa que el punto álgido de una distorsión histórica causada por el empeño de los dinosaurios en seguir informándose por las televisiones y periódicos mantenidos por el aparato estatal. ¡Es tan cómodo! ¡Se digiere tan bien lo pasado por el pasapuré! Y no importa que la costra que lo cubre todo sea cada vez más gruesa y vaya a costar más caro deshacerse de ella. Al fin y al cabo, nunca hubo en el mundo sentimiento más arraigado que el de que detrás de mí, el diluvio. O mejor, si quieren, que el que venga detrás que arree. 

Pero, que nadie se apure porque toda esta mandanga en curso es la prueba del nueve de que la distorsión está tocando a su fin y, con ello, la rabia de sus beneficiarios alcanzando cotas máximas. Se están cagando por la pata abajo. Ya no saben en que dar. ¡Fíjense que cosas dicen!:

Una tal Valentina Valiente:

"Querido fascista aunque no lo sepas:

Las lesbianas pueden ser no binarias. Los hombres homosexuales pueden ser lesbianas. 

Los hombres homosexuales no binarios pueden ser lesbianas heterosexuales. 

Las lesbianas no binarias se pueden sentir atraídas por hombres lesbianos con vagina."

Pensarán que todo esto va de coña. Pues no, para nada. Es, simplemente, el artificio que justifica la subvención. Dices cosas así e inmediatamente te contrata una televisión pública como tertuliano. Decadencia en vena. 

Pero, ¿cuál es la realidad entonces? Pues muy sencillo, que los jóvenes y cada vez más los que no lo son tanto, no miran un televisor ni así les maten. Solo se informan por las redes sociales en las que, por supuesto, circula lo peor de lo peor, pero, también, lo mejor de lo mejor, o sea, lo propio de los espacios de libertad. O, si mejor quieren, lo propio de los espacios en los que se puede escoger porque hay diversidad.

Sí, una vez más en la historia, los dinosaurios han entrado en proceso de extinción. Hoy día un youtuber con un equipo de mil euros llega a más gente que una televisión pública a sesenta mil euros la hora de emisión. Ésta y no otra es la bomba que está estallando bajo el culo de los dinosaurios. Y claro, es imposible no oír sus gemidos de dolor. 

martes, 2 de febrero de 2021

Para que nos entendamos

He dedicado el frescor de mis neuronas renovadas por el sueño a escuchar dos lecciones, a mi juicio magistrales, del profesor Rallo a propósito del revuelo mediático causado por la volatilidad disparatada de unas acciones, las de GameStop en concreto. Ya les he contado más de una vez que dediqué mi juventud al estudio de un sistema complejo donde les haya, el cuerpo humano. Se trata de una complejidad que, a medida que se van añadiendo las aportaciones de los millones de investigadores sobre el asunto, va adquiriendo la calidad de infinita. Son ya millones de variables interactuando entre sí y eso que todavía no hemos pasado de los comienzos del conocimiento. Y es que, de no ser así, cómo explicar que hayamos avanzado tan poco en todo lo fundamental de la vida. Porque, ¿díganme ustedes qué diferencia puede haber entre los miasmas de aquel entonces y los virus de este presente presuntuoso? Todo fabulación para aterrorizar a los aprensivos y dar con ellos en la otra vida.  

El caso es que la economía, o mejor dicho, el mercado, es un sistema endomoniadamente complejo que exige muchas horas de estudio para acercarse, si quiera de lejos, a su mediana comprensión. Solo hay que escuchar con atención a Rallo para darse cuenta de ello. Como todo sistema complejo esta constituido por una serie de pesos y contrapesos que  han ido surgiendo a medida que se iban constatando ineficiencias. Por así decirlo, es un empeño tan inútil como el de pretender la inmortalidad para el cuerpo humano. No hay que ser un lince para saber que hasta la terapia aparentemente más inocua tiene su resquicio por donde se cuelan indeseables efectos secundarios. Así para paliar las ineficiencias en el funcionamiento de los mercados se han ido creando reguladores para vigilar a reguladores que vigilan a otros reguladores... y así hasta casi el infinito. Y siguen colándose los miasmas como se ha visto en el mencionado caso de GameStop. 

En resumidas cuentas, que es inútil hacerse ilusiones. Las pasiones aguzan el ingenio y, en el caso de los mercados, la codicia se encarga de encontrar la trampa que sortea la nueva ley reguladora. Por eso ya es tan grueso el volumen que contiene todas leyes que se han ido inventando como reacción a las trampas que ideaban los codiciosos que ya no hay quien pueda con él. Con la salud pasa tres cuartos de lo mismo, que como te quieras acoger para restaurarla a la ciencia médica te pasará la Torres Villarroel que si no salta por la ventana y se va corriendo descalzo por encima de la nieve hubiera fallecido de todas todas. Así que, saquen conclusiones. ¡Médicos y economistas! Como si no lo pudiésemos ser todos de nosotros mismos con solo saber que no se puede sacar de donde no hay. Y que cuando hay solo hay que sacar lo necesario. Cosas así de sencillas, para que nos entendamos.

  

lunes, 1 de febrero de 2021

La gran estafa

Recuerdo que de niños solíamos jugar al Palé. Así aprendí que las mejores calles de Madrid eran la Gran Vía y Alcalá. Y las peores, Leganitos y Curtidores. Cuando mi padre se sumaba a la partida se lo llevaba de calle. El Palé es la derivación española del Monopoly estadounidense. Es un juego en el que se compran y venden bienes raíces y, precisamente, el otro día escuchaba un vídeo en el que un multimillonario lo recomendaba como forma de instigar en los niños el espíritu emprendedor. Bueno, en casa no es que fuésemos furibundos del Palé, pero, desde luego que lo poco o mucho que hubiésemos jugado a él no nos influyo en absoluto en cuanto a espíritu empresarial que, por cierto, siempre fue cero patatero. Lo nuestro siempre fue darle al pico alrededor de una mesa para demostrar lo que sabíamos de todo sin haber estudiado nada. Tertulianos natos. 

El caso es que ayer estaba escuchando la lección magistral sobre la ineficacia de las administraciones públicas que Miguel Anxo Bastos les dio en su día a los alumnos de la Francisco Marroquín. En un momento determinado, pregunta Bastos a los alumnos: ¿alguno de ustedes juega al poker? Gran silencio. Pero, al poco, una alumna de las últimas filas levanta la mano. Y cómo juega usted, ¿con dinero real o con fichas? De las dos manera, contesta la señorita. ¿Y es igual lo que se siente de una manera o de otra? Para nada, dice ella, con dinero real me tengo que responsabilizar de las consecuencias de mis decisiones.  ¡Ajá! Y Anxo suelta entonces una de sus pícaras sonrisas: pues esa es exactamente la diferencia que hay entre las administraciones públicas y la administración de una empresa privada, que los unos juegan con cromos y los otros se tienen que responsabilizar de las consecuencias de sus decisiones. Bueno, ahí ya dejé la exposición del tema por parecerme que ya había tenido bastante material para pararme a reflexionar un rato. 

En fin, no se me ocurre qué más se podría decir para justificar el desastre de las administraciones públicas. Los políticos toman las decisiones sobre los gastos a hacer como si estuviesen jugando al Palé. Nadie les va a pedir cuentas después sobre lo acertados o desacertados que estuvieron. A ellos se la suda, desde luego, porque lo más que les puede pasar es que al perder las elecciones tengan que pasar a formar parte del consejo de administración de cualquier empresa pública. O privada en connivencia con las administraciones públicas, que son casi todas. Así estando las cosas, ¿a quién le pudiera sorprender el dinero que deben esas administraciones? 

La verdad es que no sé por qué me tengo que entretener yo con estas cosas, precisamente ahora, cuando ya como quien dice estoy llegando a puerto. Quizá sea por una especie de simpatía con las generaciones venideras para las que deseo lo mejor. Es posible que no otro sino ese deseo haya sido el gran motor del desarrollo humano. Todo aquello que escribieron Séneca o Adam Smith, qué fue sino deseo de un mundo mejor para los que venían tras ellos. O sí mejor quieren, un intento de aliviar esa parte de los sufrimientos del mundo que traen causa de la ignorancia y estupidez del ser humano. En resumidas cuentas, que la vida a lo que más se parece es al cuento de la buena pipa: siempre cayendo en la misma trampa y siempre soñando que la próxima vez la sabremos sortear. ¡Vamos dados!