jueves, 29 de abril de 2021

Los suplementos dominicales

En los últimos días, el algoritmo de Google se empeña en que cuando abro la página de YouTube aparezcan vídeos dedicados a denunciar el fraude del arte contemporáneo. Por supuesto que en su día yo también trate de comprender lo que de sublime había detrás de los cuadros de Miró y cosas por el estilo, e incluso llegué a pensar que tenía una especie de carencia sensitiva dada la frialdad con la que mi espíritu acogía semejantes manifestaciones. Pero aquello ya es historia hace mucho. Que el arte contemporáneo es una gigantesca mandanga lo sé a ciencia cierta muchísimo antes de haber leído La Carta y el Territorio de Houellebecq. 

Pero hay un aspecto en todo este asunto que me sigue fascinando. Y es el de toda esa chusmilla que hace cola los domingos por la mañana frente al Reina Sofía para entrar a ver la basura que allí se exhibe. Con ese sencillo sometimiento a la moda dictada por los suplementos dominicales de los grandes rotativos, toda esa gente alberga el convencimiento de pertenecer a una casta superior. La casta de la gran sensibilidad, por así decirlo. ¡Para partirse el culo de risa!

El caso es que, si bien lo pensamos, la historia de la humanidad es eso. Episodios en los que las cosas marchan hacia delante y la gente está dedicada a lo suyo, seguidos de periodos de estancamiento en los que hay que inventarse milongas so pena de que la la gente muera de ansiedad. Imagínense, por poner un ejemplo paradigmático, el esfuerzo lógistico necesario para hacer cuajar la idea de que la Virgen María bajó en carne mortal a Cova de Iría. Claro que la Iglesia, como cualquier iglesia por otra parte, tiene infraestructura para montar eso y lo que haga falta con tal de desviar la atención de la gente de lo que realmente le concierne. Porque, a quoi bon tener a la gente obsesionada con lo que le concierne si lo que le concierne escapa a sus posibilidades de control. Digamos que lo de traer a la Virgen a colación es simple y llanamente una terapia colectiva contra los males del espíritu que, en un determinado momento, están señoreando la Tierra. 

Sí, esa es la cuestión, que necesitamos de la mentira para subsistir. Y no creo que ni siquiera sea necesario el concurso de la conciencia para ponerla en marcha. Es como si la propia naturaleza se encargase de organizar el fraude como si fuese uno más de los mecanismos de perpetuación. Porque es que si hay una verdad incontrovertible esa es que la realidad mata de aburrimiento. 

2 comentarios:

  1. Con placer indescriptible veo que a tí también te parece el Arte conteporaneo,la mayoría,una mierda pinchá en un palo.No veas Pedro los palos que durante toda mi vida me he llevado por esto.Me han llamado de todo,palurdo,insensible..etc...En tiempos abundaban los "expertos enólogos" del Suplemento del País dominical.Se leían el artículo semanal y ya era todo ir a Misa.Estos suplementos eran los precedentes a lo que hoy es el Google .Un barniz para la incultura más miserable

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  2. Así es. Llegó un momento en el que el cien por cien de las conversaciones estaban condicionadas por el suplemento dominical de El País. La herramienta perfecta para saber de todo sin estudiar de nada. Ahora es Google, pura banalidad para lucirse en los bailes de vampiros.

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