lunes, 3 de mayo de 2021

Xarremeca

Supongo que ya les habré contado que mis esfuerzos por aprender francés se han visto de sobra compensados por el hecho de poder comprender a la perfección los vídeos que Le Precepteur tiene colgados en YouTube. Fede me dijo cuando le recomendé el que hace referencia a Prometeo que, sí, que le había gustado, pero, perinquinosos peros, añadió que era muy cartesiano. Cartesiano suena un poco peyorativo, como demasiado racional o así, pero en realidad no es más que abscisas y ordenadas para situar un punto en el espacio. Un espacio definido en el que poder operar con seguridad. La geometría analítica, el álgebra lineal. Bueno, vean si quieren los vídeos de Gilbert Strang y comprobarán por ustedes mismos lo que son los malabarismos con vectores dentro de ese espacio definido. Y perdonen el inciso, pero es que quería llegar a lo de los malabarismos. Porque es que los malabarismos, si no son precisos, dan con todo por los suelos. 

El caso es que iba ayer paseando entre perrolatras por el muelle del puerto pesquero a la vez que escuchaba el video que el Precepteur tiene dedicado al filósofo Michéa. Un tipo curioso este Michéa. Enseña filosofía en un instituto de segunda enseñanza porque cuando accedió a enseñarla en la universidad se dio cuenta de que enseñar filosofía a los que van para filósofos es como hacer pan para los panaderos. No le encontraba sentido. Él se la quiere enseñar a la gente que va a desarrollar a lo largo de su vida los más diversos trabajos porque piensa que tener ciertos conocimientos de filosofía les puede servir de brújula en los momentos de desorientación. Es una bella aspiración que no sé si tendrá algo que ver con la realidad, pero eso es otra historia. 

Michéa vino al mundo en una familia de comunistas por tradición. Yo he conocido gente de esa, con una especie de orgullo, como de sentirse moralmente superiores. Y siempre dispuestos al rollo ese de la lucha final. Pero el caso es que a Michéa algo no le debía cuadrar en la cabeza y optó por romper la tradición y en vez de a la fábrica se dirigió a la universidad a estudiar filosofía. Y no tardó en caer en la cuenta de que eso de derecha/izquierda en la vida política no era más que una simplificación de penosas consecuencias. Derecha/izquierda no es más que una manifestación del pensamiento dual que señorea el mundo. Todo se deduce por oposición. Lo que no es negro tiene que ser blanco por necesidad. 

Para tener una idea lo más exacta posible de las dimensiones del fraude, pensó Michéa que lo mejor era acudir a los orígenes de esa dualidad izquiera/derecha. Y encontró que fue cuando la famosa revolución francesa. Izquierda eran los burgueses que querían organizar la vida según los principios de la ilustración, o sea, Voltaire, Montesquieu, Diderot. Para resumir, hacer al individuo dueño de su destino. Derecha, por contra, era la aristocracia que preconizaba la vuelta al viejo orden, las tradiciones y todo eso que les hacía dueños y señores de orca y cuchillo. O sea que la izquierda para nada era eso que defiende a los débiles de los poderosos, sino el liberalismo a secas, es decir, quitarse de encima la intromisión del Estado en los asuntos privados de las gentes.

Porque el caso es que hoy día izquierda y derecha se reclaman  herederas de la ilustración. Las dos son liberales, sí, pero a su manera particular y, sobre todo, castrada. Como pasa siempre que los necios se apoderan de las palabras se apresuran a añadirles el adjetivo que mejor aproxima el ascua a su sardina. Así ha sido que los socialistos han inventado lo de liberalismo societal y, los otros, lo de liberalismo económico. En otras palabras, que los unos quieren imponer la libertad de costumbres, pero con la economía intervenida por el Estado y, los otros, libertad para la economía, pero las costumbres intervenidas. Por así decirlo, tanto lo uno como lo otro son imposibles metafísicos, porque costumbres y economía están tan imbricadas la una en las otras que no hay forma de diferenciarlas. Y digamos que la mejor síntesis de las dos es el mercado: donde hay mercado libre hay libertad de costumbres y, por contra, donde el mercado está intervenido, también lo están los usos y costumbres, cual es el caso aquí y ahora que es que hasta mirar el culo a las tías nos tienen prohibido... otra cosa es que les hagamos caso.  

En definitiva, que toda esa xarremeca que escuchamos en los diversos parlamentos de naciones y regiones no es más que pura impostura. No hay izquierda ni derecha posible. Solo hay liberalismo o dictadura. O, por decirlo de forma más actual, minarquismo o estatalismo. De hecho, hoy día, todos los partidos políticos, se llamen como se llamen, y blasonen de lo que blasonen, son simple y llanamente furibundos estatalistas: cuanto mayor sea el tamaño del Estado mayores son sus posibilidades de colocar fenomenalmente a todos sus afiliados. Mafias, si queremos llamarlas por su nombre. 

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