Lo mismo que vinieron, se fueron. Así es la condición humana predominante, la de moverse al unísono. Tres días, 1400 kilómetros. Un día y medio de playa. Estoy seguro de que a la mayoría les mereció la pena. Y no por nada, sino porque reconocer lo contrario nos llevaría a una oleada de suicidios. En cualquier caso, sus perros han sido felices a rabiar. No había más que verlos corretear entre la multitud. A nadie molestaban porque nunca molesta aquello a lo que se adora. ¡Ay, si por cada perro hubiese habido un niño! Entonces, seguro de toda seguridad que tendríamos asegurada la reposición poblacional. Pero bueno, a quoi bon venir ahora con esas. Queda muy antiguo, la verdad, eso de reproducirse. Que lo hagan los negros que no parecen tener cosa mejor que hacer. Y perdonen si parezco agrio, pero es que vengo de darle vueltas al mundo como voluntad y representación y no puedo sustraerme a su influencia y, más, que me va ese rollo.
Desde luego que es una cosa curiosa lo de estos resorts seaside. Me pregunto a cuánto saldrá de media el día de capricho. Porque los restaurantes se abarrotan y no son baratos. Solo hemos visto uno en el que dan menú y que, por supuesto, es al que vamos de vez en cuando. A comer con los manobras que es lo que he hecho toda la vida y que no me saquen de ahí. Porque no hay cosa que me produzca más ansiedad, angustia, o no sé cómo decir, que estar en uno de esos sitios de gente guapa. Bueno, quizá es por soy un miserable y no puedo parar de pensar en el clavo que me van a meter. Y, total, ¿qué mejor cocinera que el hambre? El que tienes después de una mañana de andar matándola al aire libre. Salmorejo, un cuarto de pollo asado con papas fritas, un helado de café, con su pan y caña, diez euros. En una terraza a la sombra de una sombrilla. Ya te digo, y viniendo uno de donde viene.
Por lo demás, siguen llegando cadáveres de atunes a las playas. De pronto ves allá, unos cientos de metros mar adentro, una cosa sobre la que revolotean las gaviotas, poco a poco se va acercando y para cuando estás de regreso del paseo ya te lo encuentras varado con el típico aspecto repugnante que produce la putrefacción interior. Bueno, voy a ver si hoy dedico el día a enterarme de las causas de esos varamientos. Seguramente tiene que ver con las almadrabas porque los bichos tienen cuerdas enredadas sobre sus cuerpos. Schopen me diría que no es otra cosa que el que así se objetiva la voluntad de vivir. Es decir, que esto va de cazadores y presas. ¿Se imaginan la cantidad de peces que habrá comido un atún antes de que nosotros le comamos a él? Ya, ¿y a nosotros quién nos come? Mejor dejar la respuesta para otro día.
A nosotros nos zampa Sánchez y sus secuaces,que son a ciento y tienen que mantenerse.Veo que sigues por tierras gaditanas.Disfruta,pronto llegará Paco con la rebaja.Y come ,que la Begonha nos quiere poner a dieta ,y decirnos lo que tenemos que jalar.va por ahí aleccionando a los Restaurantes a que sirvan comida "Sana",como si hasta ahora sólo hubieran ofrecido porquería.Más lenha,que es la guerra
ResponderEliminarMe mandaron un video de la Begoña en el que pronunciaba un trascendental discurso con motivo de la toma de posesión de un cargo en alguna universidad. Como dicen los catalanes, aquello fue para alquilar sillas.
ResponderEliminar