De entre la multitud de restos biológicos que hay diseminados por la playa, a María le gusta recoger estos que les muestro en la foto. Ella les llama opérculos. No tengo ni idea de dónde provendrá tal maravilla ni tengo la menor intención de ponerme a descubrirlo por medio de la wikipedia. Pienso que ya sé demasiadas cosas inútiles y sería estúpido añadir una más. Pero eso no quita para que al verlo no me vengan a la mente ciertos conocimientos que tengo sobre cómo crece lo que por el querer de los dioses se ha iniciado. Es exactamente así: 1 célula+1 célula=2 células; 2+1=3; 3+2=5; 5+3=8; 8+5=13; 13+8=21; 21+13=34; 34+21=55; 55+34=89... es decir: 2,3,5,8,13,21,34,55,89... o sea, que cualquier número es la suma de los dos precedentes: lo que se conoce como secuencia de Fibonacci.
Pero aquí no acaba la cosa. ¿De donde les viene la belleza a esos opérculos? Pues muy sencillo: cojan cualquiera de los números de esa secuencia y divídanlo por su anterior, comprobarán que a medida que van avanzando por la secuencia el resultado se aproximará cada vez mas a 1.61803398874989, es decir, lo que desde que lo descubrieran los griegos viene siendo conocida como la proporción áurea.
Aunque no nos engañemos, lo que realmente, más que bello es sorprendente, es que los seres humanos hayamos llegado a poner en números la forma en la que la naturaleza se desenvuelve. Y de ahí quizá sea que proviene este pecado de soberbia que nos está carcomiendo los hígados. Lo cual no quita para que no se necesite saber nada de nada para que los opérculos nos sigan pareciendo bellos.

pues tal cuales fósiles,digo yo.Preciosos
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