Me pasó Isi un librito de Michel Houellebecq titulado En presencia de Schopenhauer. ¡Y vive Dios que lo he disfrutado! Pero no les voy a dar la turra con las vanas trascendencias de las que el vivo conversa con el muerto. Todo son metafísicas, o sea, palabras que se lleva el viento. Más o menos, como cuando uno se libra a filosofar con los amigos en uno de esos peripatetismos afortunados. Y digo afortunados porque a veces se consigue juntar las palabras de tal manera que da la sensación de que como que has comprendido algo que se te venía hurtando al entendimiento. Digamos, así, en plan cursi, que has conseguido un momentáneo placer estético. Lo que no es poco, pero tampoco mucho, a qué nos vamos a engañar.
Y aquí sigo, cabe el estrecho, viendo pasar a los gigantescos paquebotes con su carga de inutilidades camino de Róterdam. Ya saben, economía sostenible. Y lo digo sin acritud, que bien que disfruto sumergiéndome en esos bazares chinos a la búsqueda de cualquier chuminada que pudiera sacarme por un rato del marasmo existencial que me señorea. Pero, bueno, ésta es otra historia porque, además, aquí, aunque parezca imposible. no hay bazares chinos; solo un todo a cien de una viejecita autóctona. Ayer le compré un cepillo para tratar de limpiar las huellas que dejan los ojos de los pájaros que sobrevuelan las terrazas. Porque se da el caso de que tenemos una casita con dos terrazas como la que le exigía aquella mexicana a su pretendiente como condición previa para no darle calabazas. En fin, qué quieren que les diga si no que la mexicana sabía muy bien lo que se decía porque las terrazas en estos climas son una auténtica bendición.
Total, que, en menos de lo que canta un gallo, el pueblo se ha llenado de turistas. Eso sí, todos ellos de la típica tipología, ¡que bella aliteración!, "no sin mi perro", ya saben como lo de aquella americana que no quería irse de Irán sin llevarse a su hija. En fin, ¡a quién se le ocurre casarse con un iraní! A Dios gracias, a nadie le impiden sacar a su perro de Madrid. Por lo demás, hoy es el primer día desde que estamos aquí que el viento es solo brisa. Muy de agradecer por más que las temperaturas se estén disparando.
En resumidas cuentas, que María ha comprado unos filetes de atún rojo y nos los vamos a comer hoy en la terraza de levante. ¿Se imaginan lo que sería venir hasta aquí y no comer atún rojo? Por cierto que estos días pasados hemos podido ver que en la playa había varados varios atunes en estado de putrefacción. No sé si serán de los que escapan de las almadrabas malheridos o qué otra cosa. El caso es que antes de ayer vinieron unos tractores con palas, hicieron unos agujeros en la arena y los enterraron. Claro, para evitar malos ratos a los turistas que estaban ya al caer. Está todo calculado al milímetro. ¿Qué diría Schopenhauer de todo esto si levantase la cabeza? De lo que diría Houellebecq no me cabe la menor duda: que faltan putas.
No será en Murcia.Tengo un amigo murcianico ,Antonio,que cuando hablamos por teléfono y le pregunto cómo está "La cosa" me responde indefectiblemente con acento panocho :"aquí voy ,rodeao de putas y maricones". Ahora le comprendo perfectamente.Por cierto,a lo de los filetes de atún rojo me apunto
ResponderEliminarLo de las putas, va de soi, y de lo otro está lleno de parejitas convencieras con su perrito de aguas. Yo siempre que los veo pienso en el Fari. ¡Qué a tiempo se murió!
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