sábado, 29 de mayo de 2021

Délitement

Como estoy hasta los mismísimos de todo esto he decidido volver por donde solía, es decir, por el malditismo, la única vía practicable en tiempos de délitement, como los definen esos generales franceses que han emitido un comunicado instando a tomar medidas drásticas, tú ya me entiendes.  

Estaba disfrutando mucho con los vídeos del Precepteur y, también, con los audiolibros de AMA, pero, de pronto, he caído en la cuenta de que toda esa superficialidad era vaselina para mi espíritu, o sea, que ni por pura casualidad conseguía una sacudida, o desmentido, que me pudiese sacar de la típica modorra propia del tío comme il faut.

Así que, a grandes males, mayores remedios. Cogí, agarré y me puse a escuchar la versión que Don Garfialo hace de La Senda del Perdedor. Es, a mi juicio, una espléndida versión. Don Garfialo es generoso con las pausas. Se le oye aclararse la voz, el chasquido del encendedor, la profunda calada al porro, un nuevo carraspeo, silencio más o menos largo, y prosigue. Ya no me puedo imaginar a Bukowski de otra forma que no sea la que da de él Don Garfialo. 

La Senda del Perdedor no sería el libro que me llevaría a una isla desierta porque no me llevaría ninguno. Pero si alguno llevo en mi corazón de lo que se ha escrito de hace un siglo para acá, sin duda es ese. Está todo en él. La única forma posible de ser hombre, en definitiva. Afrontar el mundo que te ha caído en suerte sin esperar que nadie venga a echarte una mano cuando empiezas a perder pie. Observar y callar. Ser leal con los amigos. Indiferente con los malvados. Compasivo con los débiles.

En fin, en estos tiempos de délitement, como les decía, lo único que te puede mantener a salvo es no perder de vista el culo de las tías. Porque entonces, todo lo demás, se te dará por añadidura.  

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