"A partir de ahora el combate será libre" es el título de un libro publicado en los primeros años de este siglo en el que se recopilan una serie de artículos escritos por Rafael Barrett Álvarez de Toledo. Me enteré de su existencia por un artículo de Gregorio Morán en La Vanguardia. La semblanza que hacía del autor era tan atractiva que no paré hasta que me hice con un ejemplar. Y mereció la pena. Porque el caso es que venía yo de leer unas cuantas cosas acerca de la deslumbrante Viena de entre siglos y resultó que Barrett era un entusiasta de aquella época. Sus artículos estaban trufados de referencias a Wittgentein, Freud, Karl Kraus, etc., gente que, por lo demás, era coetánea suya.
Por otra parte, lo primero de Houellebecq se llamó "Ampliación del campo de batalla". Y ya se notaba allí que venía en plan de pegar fuerte. O de prescindir de los eufemismos al uso, eso que la apestosa socialdemocracia ha dado en llamar corrección política.
Efectivamente, si algo nos ha traído esta revolución del internet es una ampliación hasta casi el infinito del campo de batalla para que la lucha sea más libre. Muchísimo más libre, hasta casi el infinito también. Ahora ya no hay que estar respaldado por una corporación con, por supuesto, su línea editorial, para entrar en la liza. Ahora, basta con una buena cabeza y ganas de pelear. Exactamente las dos cualidades que hicieron de Don Quijote el arquetipo más admirado e imitado de la historia de la literatura. Y esa es la maravilla de esta contemporaneidad, que el mundo se ha llenado de quijotes reales que cabalgan a lomos de youtube para acudir a todas las encrucijadas en las que los gigantones malambrunos se dedican a obstruir la libre circulación, principalmente, de las ideas. Ahora, toda esa chusmilla que so capa de vocación de servicio y superioridad moral come a dos carrillos de los presupuestos del estado, tiene que soportar a diario la lluvia de mandobles que les caen del cielo. Y esa es la causa de su irritación creciente. Porque, como dice Escohotado, cuando se está estirando la pata se hace mucho ruido. Socialistas, feministas, animalistas, islamistas, nacionalistas y todos los demás terminados en istas que ustedes quieran, que no solo es que estén estirando la pata sino que, también, están arrugando el hocico. En fin, me parto al ver como se aporrea a esa gente. Ya era hora.
martes, 31 de diciembre de 2019
domingo, 29 de diciembre de 2019
Roxana
Como ya les comenté en más de una ocasión, cuando pienso en mi vida el único sentimiento que me embarga es el de vergüenza. Y lo más curioso del caso es que este sentimiento en nada se ve alterado por los diferentes estados de ánimo: ya puedo estar eufórico, lo mismo que depresivo, que volver la vista atrás y entrarme unas ganas terribles de que me trague la tierra, todo es uno. El único consuelo que me queda es saber que a algunos grandes hombres que admiro les pasa, o pasaba, exactamente lo mismo.
Por otra parte, también alivia mi pesar mirar a mi alrededor. Ya sé que la inmensa mayoría de la gente que me rodea en vez de vergüenza dicen sentir incluso orgullo por su pasado, pero a mí no me la dan, porque les conozco y sé que son incapaces de sostener la mirada a la imagen que les devuelve el espejo. De hecho, un número considerable de entre ellos ni siquiera se ven en el espejo porque están mordidos de origen: durmieron de niños con su abuelita y cosas así.
Todas estas cosas que les cuento tienen que ver con esa ciencia empírica que llaman psicología. Es decir, una ciencia que observa los fenómenos y, después, somete al análisis estadístico lo que cree haber visto. Por ejemplo, la felicidad: hacen un muestreo de 56.000 personan a las que preguntan por algo tan etéreo como sus sentimientos al respecto. Personalmente me parece que todos esos estudios están corrompidos en origen, porque ya me dirán lo que uno se puede fiar del personal cuando se autoanaliza. Y así todo, muchas veces, de esos estudios se extraen conclusiones que parecen sensatas. Claro que, no nos engañemos, no más sensatas que las que vemos en las ristras de refranes que hay en el Quijote, el Criticón, la Celestina, y demás monumentos a la inteligencia que tenemos a nuestro alcance a nada que nos lo propongamos.
El caso es que vengo de un tiempo a esta parte viendo vídeos que hacen referencia a esa ciencia empírica, o blanda, que les decía. El tal Jordan B. Peterson que ha devenido en verdadero gurú del asunto y no, desde luego, sin haber hecho méritos para ello. A mí modo de entender, es tan sensato, o plausible, o bien argumentado, casi todo lo que dice que uno no puede sino quitarse el sombrero. Claro que no le viene el garbanzo al pico así porque sí: uno indaga en su currículum académico y alucina. Ese tipo de gente que uno no se explica como conservan la capacidad de sentarse porque tienen que tener el culo más pelado que un mono.
Pero si Peterson me fascina lo de Roxana Kreimer es lo siguiente de lo siguiente. Y es que Roxana es doctora en psicología, pero es que, además, es licenciada en filosofía. Y vaya que sí que se nota. La mitad, si no más, de sus vídeos están encaminados a la difícil pedagogía del recto razonar. Y es que esa es la madre de todos los corderos: el recto razonar. ¿Cómo podemos saber que lo que nos están diciendo es una mamarrachada si suena tan bonito? Ahí es donde hace falta una buena formación para que no te la metan doblada. Porque esa es la tónica general: millones y millones de personas que han hecho su modus vivendi del feminismo, animalismo, indigenismo, etc., y que por tal han desarrollado un argumentario que repetido ad nausean parece haber tomado carta de naturaleza. ¿A ver quién es el guapo que se atreve a discutir eso? Y, sin embargo, todo es una pura falacia. O puro oscurantismo, por decirlo de una manera que entronca con las fuerzas del mal que siempre estuvieron amenazando el progreso de la humanidad. Ya se lo he dicho mil veces, cuando una persona hace de cualquier milonga su modus vivendi lo mejor que se puede hacer es matarla porque, de lo contrario, te chupará toda la sangre.
Bueno, no sigo porque ya me he desahogado lo suficiente por hoy.
Por otra parte, también alivia mi pesar mirar a mi alrededor. Ya sé que la inmensa mayoría de la gente que me rodea en vez de vergüenza dicen sentir incluso orgullo por su pasado, pero a mí no me la dan, porque les conozco y sé que son incapaces de sostener la mirada a la imagen que les devuelve el espejo. De hecho, un número considerable de entre ellos ni siquiera se ven en el espejo porque están mordidos de origen: durmieron de niños con su abuelita y cosas así.
Todas estas cosas que les cuento tienen que ver con esa ciencia empírica que llaman psicología. Es decir, una ciencia que observa los fenómenos y, después, somete al análisis estadístico lo que cree haber visto. Por ejemplo, la felicidad: hacen un muestreo de 56.000 personan a las que preguntan por algo tan etéreo como sus sentimientos al respecto. Personalmente me parece que todos esos estudios están corrompidos en origen, porque ya me dirán lo que uno se puede fiar del personal cuando se autoanaliza. Y así todo, muchas veces, de esos estudios se extraen conclusiones que parecen sensatas. Claro que, no nos engañemos, no más sensatas que las que vemos en las ristras de refranes que hay en el Quijote, el Criticón, la Celestina, y demás monumentos a la inteligencia que tenemos a nuestro alcance a nada que nos lo propongamos.
El caso es que vengo de un tiempo a esta parte viendo vídeos que hacen referencia a esa ciencia empírica, o blanda, que les decía. El tal Jordan B. Peterson que ha devenido en verdadero gurú del asunto y no, desde luego, sin haber hecho méritos para ello. A mí modo de entender, es tan sensato, o plausible, o bien argumentado, casi todo lo que dice que uno no puede sino quitarse el sombrero. Claro que no le viene el garbanzo al pico así porque sí: uno indaga en su currículum académico y alucina. Ese tipo de gente que uno no se explica como conservan la capacidad de sentarse porque tienen que tener el culo más pelado que un mono.
Pero si Peterson me fascina lo de Roxana Kreimer es lo siguiente de lo siguiente. Y es que Roxana es doctora en psicología, pero es que, además, es licenciada en filosofía. Y vaya que sí que se nota. La mitad, si no más, de sus vídeos están encaminados a la difícil pedagogía del recto razonar. Y es que esa es la madre de todos los corderos: el recto razonar. ¿Cómo podemos saber que lo que nos están diciendo es una mamarrachada si suena tan bonito? Ahí es donde hace falta una buena formación para que no te la metan doblada. Porque esa es la tónica general: millones y millones de personas que han hecho su modus vivendi del feminismo, animalismo, indigenismo, etc., y que por tal han desarrollado un argumentario que repetido ad nausean parece haber tomado carta de naturaleza. ¿A ver quién es el guapo que se atreve a discutir eso? Y, sin embargo, todo es una pura falacia. O puro oscurantismo, por decirlo de una manera que entronca con las fuerzas del mal que siempre estuvieron amenazando el progreso de la humanidad. Ya se lo he dicho mil veces, cuando una persona hace de cualquier milonga su modus vivendi lo mejor que se puede hacer es matarla porque, de lo contrario, te chupará toda la sangre.
Bueno, no sigo porque ya me he desahogado lo suficiente por hoy.
viernes, 27 de diciembre de 2019
Desde Miami sin complejos
Recuerdo una de aquellas canciones infantiles que decía: el patio de mi casa es muy particular/ cuando llueve se moja como los demás. Pues sí, valga como metáfora que se caga en todas esas particularidades, -señas de identidad le dicen los más sinvergüenzas-, que son la munición de fogueo con la que los políticos locales tiene entretenida a la chusma. Bueno, para ser más preciso con el lenguaje, en vez de entretenida habría que decir seducida. Y esto, señores, desengáñense, seguirá siendo así hasta el mismísimo día en el que el valle de Josafat se convierta en el centro del mundo.
Pero no se me amoinen por lo que acabo de decir, porque la evidencia científica, que diría un psicólogo evolutivo, deja claro hasta la saciedad que los políticos locales con, por supuesto, su pastoreada chusma en bandolera, cuentan muy poco, si no es nada, en el cómputo general de las fuerzas que, por así decirlo, imprimen carácter al cotidiano devenir. Para ser exactos, para lo único que cuenta, o sirve, esa gente es para organizar las fiestas del pueblo o, mejor, por aquello de estar más tiempo entretenidos, de los barrios, porque no olvidemos que todo pueblo tiene por lo menos cinco o seis de ellos, cada uno con la seva identitat.
Pero, pelillos a la mar, porque lo que dicen las estadísticas es que cada día que pasa son más las personas que van siendo conscientes de que en todos los patios llueve por igual, y, aunque son y siempre serán minoría, cada vez es una minoría más densa gracias a las posibilidades de intercomunicación entre sus miembros que proporciona la tecnología. Y ya saben que densidad es sinónimo de peso o, si mejor quieren, influencia.
Si, hoy día ya solo un chusma se pone a ver un tolk show dirigido por Buenafuente, el Gran Wayoming, o similares, entrevistando a la gloria nacional del momento. Cualquiera con dos neuronas funcionando preferirá mil veces escuchar a Jaime Bayley en conversación con Gloria Álvarez. Desde Miami, por cierto, que, por si todavía no se han enterado, es un territorio neutral en el que ha dado en concentrarse lo mejor de la inteligencia hispana.
La inteligencia, eso que crece exponencialmente cuando interactúa. Como cuando Adam Smith fue de viaje por Francia y conoció a los fisiócratas, que por ello fue que de vuelta a su casa no se le ocurriese mejor idea que escribir lo de Las Causas de la Riqueza de las Naciones. Precisamente de la riqueza, porque, como sostiene Armando de la Torre, la pobreza no tiene causas, porque está ahí de por sí. Vamos, que es lo natural. Y perdonen la disgresión, pero es que está uno tan exaltado por lo escucha que no hay forma de controlarse.
Pues sí, Gloria Álvarez, Paola Hermosín, Jaime Altozano, Alvinsch, Roxana Kreimer, los Luceros de Rio Verde, María Elvira Roca, David Lacalle... inteligencia hispana disparada que lleva camino de arrollar, si no el mundo, si todo ese lastre de papanatismo, o complejo de inferioridad, que viene siendo marca de la casa desde que Madrid dejó de ser el centro del mundo, allá por el XVII.
Pero no se me amoinen por lo que acabo de decir, porque la evidencia científica, que diría un psicólogo evolutivo, deja claro hasta la saciedad que los políticos locales con, por supuesto, su pastoreada chusma en bandolera, cuentan muy poco, si no es nada, en el cómputo general de las fuerzas que, por así decirlo, imprimen carácter al cotidiano devenir. Para ser exactos, para lo único que cuenta, o sirve, esa gente es para organizar las fiestas del pueblo o, mejor, por aquello de estar más tiempo entretenidos, de los barrios, porque no olvidemos que todo pueblo tiene por lo menos cinco o seis de ellos, cada uno con la seva identitat.
Pero, pelillos a la mar, porque lo que dicen las estadísticas es que cada día que pasa son más las personas que van siendo conscientes de que en todos los patios llueve por igual, y, aunque son y siempre serán minoría, cada vez es una minoría más densa gracias a las posibilidades de intercomunicación entre sus miembros que proporciona la tecnología. Y ya saben que densidad es sinónimo de peso o, si mejor quieren, influencia.
Si, hoy día ya solo un chusma se pone a ver un tolk show dirigido por Buenafuente, el Gran Wayoming, o similares, entrevistando a la gloria nacional del momento. Cualquiera con dos neuronas funcionando preferirá mil veces escuchar a Jaime Bayley en conversación con Gloria Álvarez. Desde Miami, por cierto, que, por si todavía no se han enterado, es un territorio neutral en el que ha dado en concentrarse lo mejor de la inteligencia hispana.
La inteligencia, eso que crece exponencialmente cuando interactúa. Como cuando Adam Smith fue de viaje por Francia y conoció a los fisiócratas, que por ello fue que de vuelta a su casa no se le ocurriese mejor idea que escribir lo de Las Causas de la Riqueza de las Naciones. Precisamente de la riqueza, porque, como sostiene Armando de la Torre, la pobreza no tiene causas, porque está ahí de por sí. Vamos, que es lo natural. Y perdonen la disgresión, pero es que está uno tan exaltado por lo escucha que no hay forma de controlarse.
Pues sí, Gloria Álvarez, Paola Hermosín, Jaime Altozano, Alvinsch, Roxana Kreimer, los Luceros de Rio Verde, María Elvira Roca, David Lacalle... inteligencia hispana disparada que lleva camino de arrollar, si no el mundo, si todo ese lastre de papanatismo, o complejo de inferioridad, que viene siendo marca de la casa desde que Madrid dejó de ser el centro del mundo, allá por el XVII.
miércoles, 25 de diciembre de 2019
Elon y Jeff
Lo que sí que me parece entretenido por su indiscutible enjundia es la competencia que se ha establecido por conquistar el espacio entre SpaceX y Blue Origin. La cosa tiene su miga, no se vayan a creer, porque da una idea bastante exacta de por donde van los tiros del poder, es decir, que las cosas realmente importantes de este mundo ya no se dirimen en los consejos de ministros de las potencias imperiales sino en los consejos de administración de las empresas punteras en conocimiento. Acuérdense de hace como quien dice cuatro días que andaban los americanos y los rusos enzarzados en una lucha sin cuartel por ver quien llegaba más lejos con su chorra. Pues nada, eso, ya, la noche de los tiempos. Ahora todo el bacalado lo parten entre Elon Musk y Jeff Bezos: dos concepciones de la jugada que no por diferentes dejan de ser complementarias.
Complementarias en lo que hace a salvar a la especie de la extinción por agotamiento del planeta Tierra. Diferentes porque Musk piensa que lo suyo es colonizar otros planetas y Bezos que es más apropiado crear ciudades que orbiten la Tierra. A esas ciudades de Bezos se trasladaría toda la producción industrial y la Tierra quedaría en plan reserva natural con toda su biodiversidad y demás lindezas. En fin, parece todo ello pura locura, pero en el entretanto, las dos empresas, cada una a su particular manera, van invirtiendo sumas considerables y van creando unas infraestructuras de las de quitar el hipo.
Sea como sea, los hechos cantan. Después de más sesenta años lanzando cohetes al espacio a costa de los presupuestos del estado, ha tenido que venir una empresa privada a hacer lo mismo, pero sin que al contribuyente le cueste un duro y con tales avances tecnológicos que los costes se han reducido a la décima parte. Seguramente la mejor explicación de tales diferencias sea aquella que dio un día Feynman: las planificaciones estatales suelen estar bien concebidas, pero nadie ha explicado nunca porque la gestión de tales planificaciones tiene que recaer siempre en personas incompetentes.
Resumiendo, que estas son las cosas de las que te enteras si, en vez de leer periódicos y ver telediarios, te dedicas a andar a la flor del berro.
lunes, 23 de diciembre de 2019
Piqueteros
Anduve unos días por Santander disfrutando de la amistad al más puro estilo gracianesco, es decir, para que se enteren, viendo por ocho ojos, oyendo por ocho oídos, pensando con cuatro cabezas, etc.. Pero eso no fue todo, aproveché uno de esos paseos tontos para entrar en una librería, por la que por cierto se paseaban sueltos unos perros de considerable talla, por ver si sacaba algo en limpio a propósito de un libro que me habían comentado mis hermanas porque en él, al parecer, venían relatados los sucesos que habían acabado con la vida de mi abuelo materno. Pues sí, di con ello. Se trata de un libro sobre la revolución de octubre de 1934 escrito por un tal Miguel Ángel Solla Gutiérrez, de profesión historiador en su versión "me vuelvo al pueblo"... es decir, nacido en Cantabria, de soltera, Santander, que estudió en Cantabria, de soltera Santander, y escribe sobre Cantabria, también, de soltera, Santander.
Así fue que, compré el libro, busque el párrafo en el que venía lo que me interesaba, comprobé que se ajustaba poco a lo que a mí me habían contado, le dije a María, que me acompañaba, que acababa de tirar 24 €, me contestó que pas du tout, que lo podía devolver perfectamente, cosa que me apresuré a hacer ya que estaba a menos de cincuenta metros de la librería de los perros. ¡Uf, qué alivio!
A mí de toda esa historia del abuelo de la que nada supe hasta muy entrado en años lo único que de verdad me interesa es la frase que me espetó mi ya centenaria madre una de aquellas interminables tardes en las que andaba por su casa de visita. Me dijo: mira hijo, en esta vida solo se es feliz después de una guerra cuando la has ganado. Me quedé con la copla al instante, y no sólo por su valor literal, que en su caso lo tenía, sino más bien por el simbólico ya que ¿qué otra cosa nos enseñaron los padres fundadores si no es el contenido que se encierra en esa frase? Pero en fin, sobre este tema vengo dándoles la tabarra hace ya demasiados años.
El caso es que, por lo que leí en el libro de marras, el Sr. Solla viene a dar a entender que mi abuelo era un poco tirando a extremista lo cual que como que en cierta medida justifica que al socialista que le interpelaba se le escapasen tres tiros. Bueno, yo leí en la historia clínica que había en el servicio de cirugía del Dr. D. Abilio Barón que habían sido seis, pero eso, pal caso, ni fu ni fa, porque, caso de haber sido tres, fueron certeros donde les hubiese. Por lo demás, tal y como a mí me contaron, y no mi madre, por cierto, cuando le dispararon, mi abuelo acaba de entrar en los locales de su negocio y estaba dando ordenes al administrador para que cerrase el establecimiento... lo cual que a mí, una vez leída la versión del Sr. Solla, como que le quita un poco de épica al asunto. Porque enfrentarse a un piquete de huelga que te quiere imponer su visión de la jugada es para mí un deber sagrado como quizá no haya otro. ¡Dios, lo que yo hubiese dado por ver bajar a Chuck Norris de uno de esos camiones que paran los piqueteros!
Total, que a saber cómo fue aquello, porque todo lo que digamos del suceso en cuestión entra dentro de las conjeturas. Pero también hay hechos incontestables al margen del asesinato. Por ejemplo, que una vez entrados los conocidos como nacionales en Reinosa se encontraron en una chatarrería los mecanismos de las seis pianolas que mi abuelo guardaba en sus almacenes. Ya se sabe, en tiempos de guerra ni siquiera los socialistas pueden ser respetuosos con las cosas de la cultura. Por no hablar de las cámaras fotográficas Agfa, de las que volaron todas las que había y más que hubiese habido... seguramente, a la sazón, se dio un súbito incremento de la afición a la fotografía por todas las villas campurrianas.
En fin, como les iba diciendo, lo que queda es lo que queda, o sea, la felicidad que produce el ganar guerras. De ahí que sea tan importante être toujours sur la brèche.
Así fue que, compré el libro, busque el párrafo en el que venía lo que me interesaba, comprobé que se ajustaba poco a lo que a mí me habían contado, le dije a María, que me acompañaba, que acababa de tirar 24 €, me contestó que pas du tout, que lo podía devolver perfectamente, cosa que me apresuré a hacer ya que estaba a menos de cincuenta metros de la librería de los perros. ¡Uf, qué alivio!
A mí de toda esa historia del abuelo de la que nada supe hasta muy entrado en años lo único que de verdad me interesa es la frase que me espetó mi ya centenaria madre una de aquellas interminables tardes en las que andaba por su casa de visita. Me dijo: mira hijo, en esta vida solo se es feliz después de una guerra cuando la has ganado. Me quedé con la copla al instante, y no sólo por su valor literal, que en su caso lo tenía, sino más bien por el simbólico ya que ¿qué otra cosa nos enseñaron los padres fundadores si no es el contenido que se encierra en esa frase? Pero en fin, sobre este tema vengo dándoles la tabarra hace ya demasiados años.
El caso es que, por lo que leí en el libro de marras, el Sr. Solla viene a dar a entender que mi abuelo era un poco tirando a extremista lo cual que como que en cierta medida justifica que al socialista que le interpelaba se le escapasen tres tiros. Bueno, yo leí en la historia clínica que había en el servicio de cirugía del Dr. D. Abilio Barón que habían sido seis, pero eso, pal caso, ni fu ni fa, porque, caso de haber sido tres, fueron certeros donde les hubiese. Por lo demás, tal y como a mí me contaron, y no mi madre, por cierto, cuando le dispararon, mi abuelo acaba de entrar en los locales de su negocio y estaba dando ordenes al administrador para que cerrase el establecimiento... lo cual que a mí, una vez leída la versión del Sr. Solla, como que le quita un poco de épica al asunto. Porque enfrentarse a un piquete de huelga que te quiere imponer su visión de la jugada es para mí un deber sagrado como quizá no haya otro. ¡Dios, lo que yo hubiese dado por ver bajar a Chuck Norris de uno de esos camiones que paran los piqueteros!
Total, que a saber cómo fue aquello, porque todo lo que digamos del suceso en cuestión entra dentro de las conjeturas. Pero también hay hechos incontestables al margen del asesinato. Por ejemplo, que una vez entrados los conocidos como nacionales en Reinosa se encontraron en una chatarrería los mecanismos de las seis pianolas que mi abuelo guardaba en sus almacenes. Ya se sabe, en tiempos de guerra ni siquiera los socialistas pueden ser respetuosos con las cosas de la cultura. Por no hablar de las cámaras fotográficas Agfa, de las que volaron todas las que había y más que hubiese habido... seguramente, a la sazón, se dio un súbito incremento de la afición a la fotografía por todas las villas campurrianas.
En fin, como les iba diciendo, lo que queda es lo que queda, o sea, la felicidad que produce el ganar guerras. De ahí que sea tan importante être toujours sur la brèche.
martes, 17 de diciembre de 2019
Destello de los dioses
Veo a Paola Hermosín y me emociono hasta tal punto que se me sale el corazón por los ojos en líquidos pedazos. Veo a Los Luzeros de Rioverde y tres cuartos de lo mismo. Y es que no me llamo a engaños: eso que es esa joven o son esos niños es exactamente lo que yo hubiese escogido ser de haber podido elegir. Por supuesto que por su maestría en lo que hacen, que a todas luces es prodigiosa, pero mucho más por la alegría, ese destello de los dioses, o ese destino cumplido, que se desprende de sus personas cuando se expresan. Son, pienso, la perfecta conjunción de raras, por extraordinarias, circunstancias. Sería prolijo enumerar, así que solo aventuraré la que a mí me parece la más importante de todas: unos padres envidiables. Sin unos padres excepcionales es imposible que salga algo parecido.
En resumidas cuentas, que por mucho que presumamos saber que natura, o los dioses, o fortuna, reparte a voleo sus dones, no por eso se nos va a ir de la cabeza en los momentos aciagos que con otros padres, quizá... y eso por no hablar de cuando miramos hacia delante y nos sentimos concernidos. ¡Los padres, dios mío, qué lotería!
En resumidas cuentas, que por mucho que presumamos saber que natura, o los dioses, o fortuna, reparte a voleo sus dones, no por eso se nos va a ir de la cabeza en los momentos aciagos que con otros padres, quizá... y eso por no hablar de cuando miramos hacia delante y nos sentimos concernidos. ¡Los padres, dios mío, qué lotería!
viernes, 13 de diciembre de 2019
Ter
Hay por ahí una una chiquita llamada Ter, no de Teresa sino de Esther, que se dedica a eso tan actual que es tener una tribuna en YouTube. Ser youtuber llaman a esa profesión. Pues bien, youtubers les hay para todos los gustos y de todas las calidades y, tan es así que, exagerando un poco, se podría decir que es a esa plataforma a donde se ha trasladado la eterna lucha entre las dos facciones que siempre han pugnado por la supremacía espiritual: las luces, por un lado, y el oscurantismo, por el otro. O el conocimiento científico y la ideología acrítica, si mejor les parece. Hoy día, ni periódicos, ni televisiones, ni na de na, porque lo que no está en YouTube, prácticamente ha dejado de existir.
El caso es que Ter es mucha Ter. Claro, para empezar, es arquitecta y, para seguir, disfruta al parecer de una a modo de fobia social que la empuja a estar muchas hora en soledad con todo lo que eso conlleva de enriquecimiento espiritual a poco que no se sea un cenutrio. En resumidas cuentas, los vídeos de Ter rezuman inteligencia por los cuatro costados. Inteligencia y conocimiento. Lo cual no quita para que en ocasiones me parezca percibir en ellos ese matiz que podríamos llamar soberbia de mancebo, es decir, la inevitable falta de experiencia que lleva aparejada la condición juvenil.
En resumidas cuentas, a donde quería llegar es a que estaba el otro día Ter dando una charla a los estudiantes de arquitectura en una facultad de por el sur de España. En un momento dado les mencionó, sin ahorrar alabanzas, El Quijote. ¿Lo habéis leído? A ver, que levanten la mano los que lo hayan leído. Nadie levantó la mano. Y entonces pensé: en aquí la explicación de todos los males que aquejan a la patria. Pero Ter, con las tablas que la caracterizan, no se arredró y trató de seducirles con referencias al componente feminista de la obra, el discurso que les suelta Marcela a los pastores y demás. En fin, que la chavala hizo lo que pudo y, a buen seguro, no todo cayó en saco roto.
Pues sí, esa es la cuestión, la terrible cuestión si mejor quieren, que la inmensa mayoría de los españoles no están por la labor de hacer el esfuerzo de leer El Quijote. Y no digamos, ya, El Criticón. Y claro, siendo así, como nos va a extrañar después que andemos a la greña a causa de no saber reconocernos en lo que somos. Por eso, cuando veo a todos esos socialistos y socialistas, y catalinos y catalinas, y aberzales y aberzalas, pariendo semejantes tonterías, me entran ganas de coger, agarrar y meterles en un campo de concentración y no dejarles salir hasta que pudiesen recitar de memoria esos dos libros que les he citado. Y ellos que lo iban a agradecer. No les quepa la menor duda.
El caso es que Ter es mucha Ter. Claro, para empezar, es arquitecta y, para seguir, disfruta al parecer de una a modo de fobia social que la empuja a estar muchas hora en soledad con todo lo que eso conlleva de enriquecimiento espiritual a poco que no se sea un cenutrio. En resumidas cuentas, los vídeos de Ter rezuman inteligencia por los cuatro costados. Inteligencia y conocimiento. Lo cual no quita para que en ocasiones me parezca percibir en ellos ese matiz que podríamos llamar soberbia de mancebo, es decir, la inevitable falta de experiencia que lleva aparejada la condición juvenil.
En resumidas cuentas, a donde quería llegar es a que estaba el otro día Ter dando una charla a los estudiantes de arquitectura en una facultad de por el sur de España. En un momento dado les mencionó, sin ahorrar alabanzas, El Quijote. ¿Lo habéis leído? A ver, que levanten la mano los que lo hayan leído. Nadie levantó la mano. Y entonces pensé: en aquí la explicación de todos los males que aquejan a la patria. Pero Ter, con las tablas que la caracterizan, no se arredró y trató de seducirles con referencias al componente feminista de la obra, el discurso que les suelta Marcela a los pastores y demás. En fin, que la chavala hizo lo que pudo y, a buen seguro, no todo cayó en saco roto.
Pues sí, esa es la cuestión, la terrible cuestión si mejor quieren, que la inmensa mayoría de los españoles no están por la labor de hacer el esfuerzo de leer El Quijote. Y no digamos, ya, El Criticón. Y claro, siendo así, como nos va a extrañar después que andemos a la greña a causa de no saber reconocernos en lo que somos. Por eso, cuando veo a todos esos socialistos y socialistas, y catalinos y catalinas, y aberzales y aberzalas, pariendo semejantes tonterías, me entran ganas de coger, agarrar y meterles en un campo de concentración y no dejarles salir hasta que pudiesen recitar de memoria esos dos libros que les he citado. Y ellos que lo iban a agradecer. No les quepa la menor duda.
lunes, 9 de diciembre de 2019
Cava y ahoya
Dios me ha dicho que no sea tonto y aproveche esta tribuna que me brinda la contemporaneidad. Y no te preocupes, ha añadido, por la sensación de estar reiterándote hasta casi la náusea porque, precisamente, la reiteración es la materia de la que están compuestas todas las grandes obras de la literatura. Así que, insiste, y cava, y ahoya, y todo a una vez, que no de otro modo es que acaban por desentrañarse los más recónditos subterfugios del inconsciente, ¡ay!
Pero, en fin, todo eso es lo de menos. Lo demás es hacer algo que mola. O sea, que sirve para despistar a las horas que hieren.
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