Dios me ha dicho que no sea tonto y aproveche esta tribuna que me brinda la contemporaneidad. Y no te preocupes, ha añadido, por la sensación de estar reiterándote hasta casi la náusea porque, precisamente, la reiteración es la materia de la que están compuestas todas las grandes obras de la literatura. Así que, insiste, y cava, y ahoya, y todo a una vez, que no de otro modo es que acaban por desentrañarse los más recónditos subterfugios del inconsciente, ¡ay!
Pero, en fin, todo eso es lo de menos. Lo demás es hacer algo que mola. O sea, que sirve para despistar a las horas que hieren.
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