Hay por ahí una una chiquita llamada Ter, no de Teresa sino de Esther, que se dedica a eso tan actual que es tener una tribuna en YouTube. Ser youtuber llaman a esa profesión. Pues bien, youtubers les hay para todos los gustos y de todas las calidades y, tan es así que, exagerando un poco, se podría decir que es a esa plataforma a donde se ha trasladado la eterna lucha entre las dos facciones que siempre han pugnado por la supremacía espiritual: las luces, por un lado, y el oscurantismo, por el otro. O el conocimiento científico y la ideología acrítica, si mejor les parece. Hoy día, ni periódicos, ni televisiones, ni na de na, porque lo que no está en YouTube, prácticamente ha dejado de existir.
El caso es que Ter es mucha Ter. Claro, para empezar, es arquitecta y, para seguir, disfruta al parecer de una a modo de fobia social que la empuja a estar muchas hora en soledad con todo lo que eso conlleva de enriquecimiento espiritual a poco que no se sea un cenutrio. En resumidas cuentas, los vídeos de Ter rezuman inteligencia por los cuatro costados. Inteligencia y conocimiento. Lo cual no quita para que en ocasiones me parezca percibir en ellos ese matiz que podríamos llamar soberbia de mancebo, es decir, la inevitable falta de experiencia que lleva aparejada la condición juvenil.
En resumidas cuentas, a donde quería llegar es a que estaba el otro día Ter dando una charla a los estudiantes de arquitectura en una facultad de por el sur de España. En un momento dado les mencionó, sin ahorrar alabanzas, El Quijote. ¿Lo habéis leído? A ver, que levanten la mano los que lo hayan leído. Nadie levantó la mano. Y entonces pensé: en aquí la explicación de todos los males que aquejan a la patria. Pero Ter, con las tablas que la caracterizan, no se arredró y trató de seducirles con referencias al componente feminista de la obra, el discurso que les suelta Marcela a los pastores y demás. En fin, que la chavala hizo lo que pudo y, a buen seguro, no todo cayó en saco roto.
Pues sí, esa es la cuestión, la terrible cuestión si mejor quieren, que la inmensa mayoría de los españoles no están por la labor de hacer el esfuerzo de leer El Quijote. Y no digamos, ya, El Criticón. Y claro, siendo así, como nos va a extrañar después que andemos a la greña a causa de no saber reconocernos en lo que somos. Por eso, cuando veo a todos esos socialistos y socialistas, y catalinos y catalinas, y aberzales y aberzalas, pariendo semejantes tonterías, me entran ganas de coger, agarrar y meterles en un campo de concentración y no dejarles salir hasta que pudiesen recitar de memoria esos dos libros que les he citado. Y ellos que lo iban a agradecer. No les quepa la menor duda.
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