miércoles, 25 de diciembre de 2019

Elon y Jeff




Es una sensación curiosa ésta de no saber lo que se dice nada de todos esos dimes y diretes que tienen que ver con la política. Desde mediados de marzo de este año no he leído ni una línea de periódico alguno ni he visto en las televisiones nacionales otra cosa que los programas agrícolas de la cadena regional y series policíacas que pasan continuamente en esas cadenas raras.También estuve mirando una temporada las cadenas británicas por lo del brexit, pero ya hace meses que desistí porque me di cuenta de que no era más que más de la misma matraca catalana. Así es que todo lo que sé al respecto de la cosa pública es lo que me llega por las frases sueltas que escucho al azar. Que si Sánchez tal, que si Boris cual. Como quien oye llover, oye, que mientras Mercadona esté como está en la actualidad, a mí, allá cuidados, como Terete con sus corderos asados.

Lo que sí que me parece entretenido por su indiscutible enjundia es la competencia que se ha establecido por conquistar el espacio entre SpaceX y Blue Origin. La cosa tiene su miga, no se vayan a creer, porque da una idea bastante exacta de por donde van los tiros del poder, es decir, que las cosas realmente importantes de este mundo ya no se dirimen en los consejos de ministros de las potencias imperiales sino en los consejos de administración de las empresas punteras en conocimiento. Acuérdense de hace como quien dice cuatro días que andaban los americanos y los rusos enzarzados en una lucha sin cuartel por ver quien llegaba más lejos con su chorra. Pues nada, eso, ya, la noche de los tiempos. Ahora todo el bacalado lo parten entre Elon Musk y Jeff Bezos: dos concepciones de la jugada que no por diferentes dejan de ser complementarias. 

Complementarias en lo que hace a salvar a la especie de la extinción por agotamiento del planeta Tierra. Diferentes porque Musk piensa que lo suyo es colonizar otros planetas y Bezos que es más apropiado crear ciudades que orbiten la Tierra. A esas ciudades de Bezos se trasladaría toda la producción industrial y la Tierra quedaría en plan reserva natural con toda su biodiversidad y demás lindezas. En fin, parece todo ello pura locura, pero en el entretanto, las dos empresas, cada una a su particular manera, van invirtiendo sumas considerables y van creando unas infraestructuras de las de quitar el hipo.

Sea como sea, los hechos cantan. Después de más sesenta años lanzando cohetes al espacio a costa de los presupuestos del estado, ha tenido que venir una empresa privada a hacer lo mismo, pero sin que al contribuyente le cueste un duro y con tales avances tecnológicos que los costes se han reducido a la décima parte. Seguramente la mejor explicación de tales diferencias sea aquella que dio un día Feynman: las planificaciones estatales suelen estar bien concebidas, pero nadie ha explicado nunca porque la gestión de tales planificaciones tiene que recaer siempre en personas incompetentes. 

Resumiendo, que estas son las cosas de las que te enteras si, en vez de leer periódicos y ver telediarios, te dedicas a andar a la flor del berro. 




2 comentarios:

  1. Gracias, Nacho. Me imagino que habrás visto la precisión con la que aterrizan los cohetes de SpaceX después de haber dejado su carga en el espacio.

    ResponderEliminar