martes, 9 de febrero de 2021

Follabilidad

Lo del feminismo es para partirse el culo de risa. Supongo que como con todas las ideologías pero un poco más por aquello de que los tacones ni me los toques. Ya saben, los hombres los cojones y las mujeres los tacones: el caso es que los géneros sigan rimando.

A esas horas de la noche, cuando el encefalograma se aproxima a la distancia más corta entre dos puntos, solemos poner una de esas series policiacas que emiten por canales raros. Pues bien, no hay serie de esas en la que las mujeres no ocupen papel principal. Ellas con su melenita, sus pantalones ajustados, su pistola en la cadera y... los tacones. Bueno, se supone que un, o una, policía debiera usar una indumentaria que le permitiese salir zumbando detrás del malhechor que huye al verse acorralado... pues olvídense, la señora policía, siempre esbelta por supuesto, antes se deja matar que prescindir de sus tacones. Se siente más mujer con ellos. Y cuando digo más mujer, digo más follable. Porque para una mujer la cuestión existencial por excelencia no es ser o no ser, tener o no tener, saber o no saber, no, todo eso son paparruchas que se le darán por añadidura según se sienta o no se sienta follable... como si todas las mujeres no lo fueran por definición por las mismas razones que todos los hombres solo piensan en meterla donde sea que se les ponga a tiro. 

Así que, igualdad toda la que quieran en lo que a la esencia de todo lo que vive hace, es decir, el deseo de aparearse con vistas a conservar la especie. Y ahí, sí es donde yo veo la necesidad de un ministerio que promueva eso, porque en los últimos tiempos mucha lordosis lumbar ellas y mucho pectoral ellos, pero las tasas de reposición poblacional están en el 95 por ciento del mundo por debajo de lo necesario. Suerte de congoleños y sus vecinos, porque si no fuese por ellos la especie iría de cabeza a la extinción. 

En fin, que ya ven en qué consiste el feminismo, en más tacones, ergo más realce de la lordosis lumbar, ergo más poner a cien a los tíos. Y dará igual que establezcamos una colonia en Marte o inventemos la teletrasportación, porque siempre estaremos en las mismas, venga y dale a la obsesión que traemos de fábrica. Y ni tan mal.

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