miércoles, 10 de agosto de 2016

Encuentros en la tercera fase


Al final sucumbí y me acerqué hasta el encuentro que realizan todos los veranos los de mi quinta de mi pueblo. Cuarenta o cincuenta años hacía que no veía a los más de ellos, así que como si no les hubiese conocido nunca. La verdad es que no me explico por qué la gente muestra tanta devoción por este tipo de encuentros porque son tristes de narices. Siempre se te coloca al lado alguien que hace recuento de los decesos y si alguno consigue acorralarte puedes estar seguro que es para contarte como superó su último paso por los quirófanos. Ya lo decía Pla, que las enfermedades son los viajes de los pobres. Los viejos, en definitiva, como mejor están es a solas y al ser posible en un lugar desde el que cada tarde se pueda contemplar un red splash in the western horizont.  

Ya el nacimiento marca unas tremendas diferencias, el linaje y todo eso para que nos vamos a engañar. Si el tataragüelo ya era ilustrado, pues algo te queda, aunque sólo sea la tontería. Luego hay que añadirle el más que definitivo uso que cada cual hizo de los talentos que le fueron entregados al nacer. Como de sobra es sabido nada más variado que el rendimiento que le sacan unos y otros a esos talentos, una cuestión, por cierto, tremendamente delicada, sobre todo desde que la corrección política exige considerar que todo cae del cielo y es de pésimo gusto ensalzar el mérito por aquello de que hace de menos a los vagos que son la inmensa mayoría. Son cuestiones, todas ellas, puramente biológicas, o sea, quiero decir del animal que llevamos dentro que, por lo general, en tan pequeña medida conseguimos domesticar. Orgullosos, vanidosos, prepotentes, pero, sobre todo, envidiosos, y, algunas veces, por motivos que exigirían una interpretación freudiana para ser medianamente comprendidos, podemos ser hasta generosos. Y con todo ello navegamos por la vida y acudimos a los encuentros en la tercera fase.  

Una experiencia en cualquier caso que a estas alturas ya poco aporta. Por no decir nada que no sean molestias. Uno, a D. G., consiguió tener unos amigos en los que sustentarse. Buscar ahora apoyos circunstanciales es ilusorio. Como querer conectar con extraterrestres. Una y no más.   

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