martes, 19 de marzo de 2019

Dios dirá

Les comentaba, ayer sin ir más lejos, acerca de la complejidad del mundo. En realidad, si no ando equivocado, desde que empecé a escribir no he hecho otra cosa que tratar de escarbar en esa complejidad por ver si así podía encajar unas cuantas piezas más del inmenso puzle que es la realidad. No creo que pueda haber tarea más titánica ni por tanto tan inútil. Es como lo del mito de Atlas que de poco le servía disponer de una palanca y unas espaldas anchas al carecer de un punto de apoyo. 

Al no tener respuestas a las grandes cuestiones -de dónde venimos, quienes somos y, sobre todo, cómo interactúan las neuronas de nuestros cerebros- carecemos de puntos de apoyo para armar siquiera mínimamente el puzle. Nos tenemos que limitar a contar cuentos inspirándonos para fabricarlos con lo que nos parece observar a nuestro alrededor. Y así, cuento a cuento, vamos construyendo una ilusión que pretende abarcarlo todo. Bueno, hoy día dentro del mundo de la física teórica hay quien piensa que no pasamos de ser un holograma que es observado por alguna civilización extraterrestre... por fantasías que no quede.

Así que pienso que lo mejor va a ser que en lo sucesivo extreme mi prudencia y depure mi curiosidad. No quiero volver a saber más de todas esas batallas estériles que libran los infradotados para conseguir su peculio a cargo del erario.  Todo eso, lo sé por la propia experiencia, inutiliza más el espíritu que las drogas más malignas. Y se lleva la vida en un suspiro dejando una herencia de amargura al mundo. 

En resumidas cuentas, me voy a redesayunar al Bariloche y luego a comprar naranjas a Ceraduey. Luego, dios dirá.  

domingo, 17 de marzo de 2019

Antisemitismo

En una entrevista a BHL (Bernard Henri-Lévy) que hoy publica ABC encuentro lo que podría ser la respuesta, o solución, a uno de los misterios que me han venido perturbando a lo largo de mi ya dilatada vida: ¿por qué esa obstinación de las masas, desde tiempo inmemorial, en el antisemitismo? Pues bien, aquí va pregunta y respuesta:

"En su libro The Genius of Judaism afirma que para el judaísmo lo importante no es tanto creer en Dios como estudiar y entender. Un continuo cuestionamiento y reinterpretación. "

"Eso es lo que se les pide a los judíos. No es tanto creer, sino estudiar. Entender, trabajar, introducir más complejidad en el mundo o, al menos, traducir la complejidad que se da en el mundo y rehuir la simplificación."


¿Se dan cuenta? Complejidad frente a simplificación. Quedarse en casa a estudiar frente a salir a tomar vinos con los amigos... es que puede haber mayor disociación mental entre personas. Es un encaje prácticamente imposible. Y no por otra causa es y ha sido a lo largo de los siglos el que el conocimiento se haya desarrollado en las catacumbas, al abrigo de la mirada de las masas, sí, pero sobre todo al abrigo de la mirada de los clérigos que han vivido desde siempre de encandilar a las masas con sus simplificaciones de la realidad.  

En el fondo el antisemitismo viene a ser la prueba del nueve de que el analfabetismo funcional que asola el mundo alcanza a comprender que el auténtico y único poder del mundo es el conocimiento. Frente al que sabe, al que no sabe sólo le quedan dos opciones: sometimiento o violencia... porque ponerse a estudiar para igualarse es tremendamente problemático. En Fin.  

sábado, 16 de marzo de 2019

Tipos raros

Ayer un tipo raro entró en una mezquita y se puso a disparar. Sea como sea, el caso es que, así, como por arte de birlibirloque, el Brexit desapareció de todas la televisiones generalistas de este lado del Atlántico. Por así decirlo, un clavo sacó otro clavo. A buen seguro había ambiente de fiesta en las redacciones. Bocanadas de aire fresco que se suele decir.  

Esto de los tipos raros es algo que debiera ser tratado con un poco más de consideración por parte de las autoridades competentes en el asunto. Cuándo se les puede considerar cómo tal, por qué surgen, cómo se les detecta, y, lo más controvertido, qué se hace con ellos una vez constatada, o simplemente sospechada, su perversión. Porque, madre mía, menuda arma de destrucción masiva puede llegar a ser en ocasiones eso que llaman presunción de inocencia. Porque, claro, a un tipo, en puridad, como dicen los horteras, nadie le puede calificar de raro por acumular armas automáticas en su casa, o perros peligrosos, o por salir a tomar vinos con una cheira bajo el refajo. En cualquiera de los casos está en su  derecho y hasta que no lo use para hacer daño todo el mundo punto en boca. De hecho, en la inmensa mayoría de los casos esas aficiones un tanto estrambóticas no pasan de ser trucos con los que perseguir un poco más de respeto por parte del respetable.  Cosas de adolescencias pertinaces o, como diría Azúa, por no haber querido estudiar. 

Ya ven que la cosa no es sencilla. Como tampoco lo es encarrilar la propia vida sin dar miles de inútiles volteretas que se llevan toda la energía creativa. Por eso al final de todo, en la inmensa mayoría de los casos, como dijo el poeta, todo fue nada. Aunque, también hay que reconocer que en medio de la nada puede a haber, aunque sólo sea en forma de expectativa, deliciosas explosiones de tipo orgasmático que por si solas se bastan para justificar la obstinación con la que nos aferramos a permanecer. 

En fin, ayer me mandaron un video de una niña monísima echando la bronca a la generación de sus padres porque no hacen nada para parar lo que se conoce como calentamiento global. Un vídeo sin la menor sombra de duda concebido y realizado por mentes socialistas que son las que tienen soluciones para todo, incluido para evitar las dolorosas consecuencias que siempre conlleva, sin posibilidad de remisión, el robar fuego a los dioses. Oyes, dice, un suponer, un Dr. Sánchez cualquiera, cojo, agarro, hago un decreto ley prohibiendo la existencia de tipos raros y se acabó el problema de los atentados terroristas, la conocida como violencia de género o, incluso, los estragos consecuentes al afán de notoriedad de los que se sienten a si mismos como autenticas mierdas pinchadas en un palo. 

Yo, por si las moscas el decreto ley no funciona, procuro no ir de noche por un descampado ni, tampoco, de día por un descampado lleno de gente. No quiero contribuir a ponérselo fácil a los tipos raros.   

jueves, 14 de marzo de 2019

Ratoneras

Lo que siempre me ha maravillado de los ingleses es sus dotes para la pedagogía. Por ejemplo, en mi vida profesional como médico hay un antes y un después de caer en mis manos los textos escritos por británicos. Recuerdo un librito de un tal West que me dejó niquelada la idea de cómo funciona un pulmón a sus niveles más intrínsecos, es decir, el del intercambio de gases entre la sangre y el medio ambiente. Y así podría poner mil ejemplos más, aunque creo que con citar a Adam Smith y su "Investigación sobre la naturaleza y causas de la riqueza de las naciones" ya queda suficientemente remachada la idea que les quiero transmitir: cualquiera que se haya tomado la molestia de leer ese texto ya nunca, por siempre jamás, podrá ser socialista o cosa semejante o, por decirlo al estilo Sostres, será siempre de "tenemos" y nunca de "podemos". 

Les contaba estas cosas porque sigo entreteniendome con las vicisitudes de la comedia Brexit y estamos ahora justo atrapados en la ratonera. Así que ahora las cabezas más brillantes de la nación escriben y debaten sobre los caminos, o mejor las pretensiones, que inevitablemente abocan a las ratoneras. Al final, el intríngulis es el de siempre, la clase social prepotente importándole un bledo el destino de los peones. Antes, para conseguir sus fines les mandaban a morir en un campo de batalla; ahora les envían al paro para que se pudran junto a la barra de un bar o paseando al perro. Pero, claro, el problema que tienen hoy esas clases prepotentes es que no lo son tanto porque los peones tampoco son tan peones. Y de ahí que si no se avienen los unos con los otros acaban todos en la ratonera, o en el impasse como dicen otros, o el cul de sac los de más allá. 

Recuerdo la estulticia prepotente de un Boris Johnson cargado de falsas razones para seducir a los menos dotados de comprensión lectora. Pues bien, le vi ayer en el Parlamento y, para empezar, ya prescinde de aquellos cabellos de niño bien rebelde que tanto encanto le daban. Ahora más bien parece Pedrosillo el Ralo. Ha perdido mucho pelo, desde luego. Quizá las preocupaciones. A ver si ahora tiene tantas ideas para escapar de la ratonera como las que tuvo para caer en ella. Claro, el debía pensar que el alto precio a pagar para conseguir el paraíso no le iba a afectar a él que seguiría cobrando un buen sueldo del Estado. Y los millones de parados que se pudiesen generar, pues a cruzar el desierto, que también eso se acaba algún día. 

Una gran lección, desde luego, como la que están aprendiendo los pobres catalinos. Alguien en algunos consejos de administración debieron pensar que si conseguían mandar a la mitad de la población al otro lado del Ebro y luego declaraban el territorio paraíso fiscal aquello iba a ser la de dios es padre en la cosa de forrarse. Y ahora, ya ven, con todos los esbirros camino de la cárcel. Y los prepotentes de los consejos de administración callados como putas no les vayan a llegar las salpicaduras.

En resumidas cuentas, que por mucho que parezca que el mundo avanza siempre estamos en las mismas con los clásicos flautistas encandilando a las inextinguibles ratas. A dios gracias, alguien inventó las ratoneras.  



miércoles, 13 de marzo de 2019

Fawlty Towers

Como para no acabar loco hay que diversificar el entretenimiento de vez en cuando me paso por el canal Sky News que está estos días dedicado al cien por cien a la comedia del Brexit. Y es que yo no sé si ustedes verían en su día aquella serie británica protagonizada por John Cleese que se titulaba "Fawlty Towers". Se trataba del típico hotelito inglés regentado por un matrimonio de descerebrados al que ayudaba un criado catalán que siempre estaba borracho -los catalanes cuando tradujeron la serie convirtieron al criado en mejicano-. Pues bien, yo pocas veces, por no decir ninguna, había visto en la televisión algo tan desternillante hasta ahora que estoy viendo lo del Brexit que no es otra cosa que Fawlty Towers pero a lo grande. Ayer la pobre May casi no podía hablar de la ronquera que la aquejaba y parecía que eso les daba gasolina a sus oponentes para redoblar sus tópicas respuestas. Es la clave de la comedia: cuando más cerca se está del precipicio, más empujan todos para empeorar la situación. Y el criado catalán, por descontado, sigue borracho todo el día. 

Tal y como yo lo veo, todo esto no es más que la constatación de una ola que recorre todo el occidente llevando el mensaje de que la democracia al uso ya no sirve para solventar los problemas de convivencia de las sociedades actuales. Hay demasiados problemas que no se pueden resolver dando satisfacción a todos o, dicho más claro, sin que los políticos al mando pierdan parte de su popularidad y por tanto sus posibilidades de renovar su poder. Y de ahí el que los muy ladinos dejen pudrir esos problemas creando con ello el malestar difuso que siempre traen consigo los desagradables  olores de la descomposición. Claro, hubo un tiempo en el que los curas se subían al púlpito para recordar a la filigresía cuales eran sus deberes, pero, de pronto, por alguna de esas intervenciones del maligno, los curas dieron en calificarse como obreros y como por arte de birlibirloque en vez de deberes lo que recordaban desde el púlpito eran derechos. Es decir, se habían convertido en políticos. Así, al faltar contrapesos las ambiciones de la chusma se desmadraron y la única ley respetada pasó a ser la de que el que más empuja más la mete. Y por tal es que tenemos todos el culo hecho un  bebedero de patos y ya no aguantamos más. 

 Bueno, vamos a ver que pasa, pero para mí que Pisistrato está a punto de ganarle definitivamente la partida a Solón. Y Confucio a Moisés. 

martes, 12 de marzo de 2019

Sinusoidal funtions

Andaba estos días interesándome por "Modeling with sinusoidal functions" en la Khan Academy. La verdad es que he conseguido meter en fórmulas matemáticas unas cuantas cosas de la vida común de las que nunca hubiera sospechado que se comportasen como una onda sinusoidal perfectamente medible. Por supuesto que mis hallazgos son absolutamente primarios, como de primate recién descendido de las ramas, lo cual no es óbice, ni tampoco cortapisa, para que no pueda intuir los grados de sofisticación a los que sin duda llegan los matemáticos curtidos cuando se ponen a modelizar la realidad. Seguramente no hay nada en esta vida que no se pueda describir con fórmulas matemáticas por más que todavía quede mucho camino por recorrer. 

El caso es que he vivido lo suficiente para ver demasiadas cosas subir y bajar y volver a subir y así hasta el aburrimiento... empezando por mis propios estados de ánimo que nunca duran más de dos días en la misma posición. A buen seguro que habrá un montón de constantes bioquímicas que de ser medidas darían un comportamiento sinusoidal coincidente con ese ánimo bailarín. En definitiva, todo bastante previsible. Y ahí está el que es quizá el quid más decisivo de nuestra condición humana, el que nos diferencia de todo lo demás que vive, incluido, lo siento, los perros: la capacidad de prever el futuro utilizando los mecanismos de la razón, o sea, de la lógica matemática para que nos entendamos. 

Así es que ojo al parche y a estar preparado para lo que inevitablemente ha de llegar. Ahora, por poner un ejemplo meridiano, está al llegar una recesión económica. Dará exactamente igual quién sea el que gobierne o las trampas que los grandes mandarines quieran poner a la ola que ya se ve en lontananza. Pongamos que es como querer modificar el ritmo de las mareas: cuando el fluido sube tanto por un lado ya ni a la luna con todo su poderío le quedan fuerzas para seguir tirando en la misma dirección. Así que lo suyo es que empiece la retirada. Y todo igual:ondas y ondas y ondas de las que sólo podemos defendernos aprendiendo a cabalgarlas. 

En definitiva y para que nos entendamos, estamos condenados a que tanto en el plano colectivo como el individual todo sea cíclico. Y el saber enjaular esos ciclos en una función sinuosidal para nada nos va a servir que no sea tenernos un rato entretenidos. Bueno, y también para ver venir con mayor precisión la flecha que, como decían los griegos, viéndola venir parece como si hiriera menos. 

lunes, 11 de marzo de 2019

De verde luna

Los domingos instalan un gran mercadillo en el solar multiusos que hay junto a la rotonda de la P, entre el Sector 8, el Polígono y Pan y Guindas. Ayer me interné en él para comprar un cinturón porque el que me agencié hace unos meses en una tienda de complementos del centro de la ciudad está hecho unos zorros y eso que me costó más bien caro. Era el mediodía o así y aquello estaba francamente animado. Pero no de compradores sino de vendedores. Juraría que estaba allí toda la comunidad gitana de la ciudad, cada familia, o clan, que es difícil saber dado el número, alrededor de su tenderete e intercambiando información reservada con los de los tenderetes de alrededor. Muy ocupados en cualquier caso. Seguí por entre el gentío y al cabo de un rato di con lo que andaba buscando, un puesto de complementos de propietario senegalés. Tenía un gran surtido de cinturones, unos sobre el mostrador y otros colgados, pero sin dar esa sensación de amalgama de los todo a cien que hace que parezca mercancía sacada de un saldo por derribo.  De hecho, el puesto del senegalés parecía una tienda de la milla de oro por comparación con los que tenía a su lado, a su derecha un padre e hijo gitanos, por los 150 el uno y los doscientos el otro. Todo barato, señoras; hoy la que quiera se puede aprovechar, gritaba el padre. Tenía una mercancía de bragas rojas de esas que se ponen las chavalas para cambiar de año. Bueno, chavalas por allí no había ninguna y para fin de año todavía queda, así que el del tenderete de enfrente que intentaba vender calcetines dijo con lo que intuí como sorna que "me parece a mí que hoy no se va a aprovechar ninguna". Eso sí, el hijo, el de los doscientos, sin moverse del trono que tenía instalado en la parte trasera de la furgo levantó lo único que podía levantar, o sea, la voz, para decir: "niño, tráeme un fanta".

En resumidas cuentas que compré el cinturón al senegalés por la cuarta parte de lo que me había costado el que compré hace meses en el centro de la ciudad. Y espero que me duré tanto como me han durado todos los que compré a comerciantes senegaleses en el pasado. O sea, años hasta aburrirse. Y seguí mi camino por el pasillo entre tenderetes que circundaba todo el solar. Bueno, no se hacen idea de lo gigantesco que es aquello y prácticamente todo etnia gitana. Y ahí es donde a mí me surge la pregunta: ¿y todo esto, a cuento de qué? Es que es posible que alguien pueda creerse que toda esta gente pueda estar viviendo de esto. Yo, desde luego, no. 

No sé, pero para mí que en todo esto hay un gato encerrado y no muy simpático por cierto. Para empezar, esa contumacia de los gitanos para seguir en sus trece. Y lo que parece interés de las autoridades por fomentarles esa contumacia. El caso es que llevan aquí siglos y han sido incapaces de diluirse en el todo como por otra parte han hecho todas las demás etnias que por aquí pasaron. Va uno por la calle en esta misma Palencia que podríamos considerar frasco de las esencias y ve grupos de adolescentes en los que no suele faltar algún oriental o negrito o andino, pero nunca ni por asomo un gitano. Es descorazonador porque tras ello se esconde el fracaso escolar con su secuela de condena de por vida a la estrechez del clan y la mísera subvención. ¡Ah, y no se te ocurra hacer chistes con el asunto porque de inmediato viene un socialista y te tacha de xenófobo? 

No sé, pero me parece muy penoso todo esto de los gitanos. Y sobre todo que no se pueda llamar a las cosas por su nombre, porque esa es la primera condición para que algo que está asquerosamente mal mejore. Los gitanos, como el grupo social aparte que se obstinan en ser, son una verdadera lacra. Y convendría hacérselo saber por todos los medios a nuestro alcance para ver si así dentro de un par de generaciones, de seguir existiendo como tal, que me temo que sí, tienen entre sus miembros al menos la mitad de porcentaje de población universitaria que el resto de la ciudadanía... porque ahora ni al uno por ciento creo que lleguen. ¡De verde luna! ¡Menudo grillete que les puso el poeta!

viernes, 8 de marzo de 2019

Valiente nuevo mundo

"Brave New World" es una novela de ciencia ficción que tuvo mucho prestigio cuando aquellos maravillosos años. La traducción literal del título al español sería, supongo, "Valiente Nuevo Mundo", sin embargo el editor, o quien fuese, decidió publicarla con el de "Un mundo feliz". El caso es que la distopía -así llaman ahora a la ciencia ficción- está llena de curiosidades de las de comentar en cualquier sobremesa de amiguetes, pero, sobre todas, a mi parecer, hay una que por si sola ya justifica todo el revuelo que montó el libro y es, ni más ni menos, que el útero de las mujeres ya no es necesario para gestar los embriones. Los óvulos fecundados se desarrollan en un líquido amniótico artificial dentro de un recipiente que reúne todas las condiciones requeridas para llevar la empresa a un buen fin. Por así decirlo, como en esos cultivos hidropónicos que no necesitan de la tierra para suministrar lechugas a los restaurantes de la ciudad. 

Para mí la gestación en vitro, ya digo, es un dato clave. Y no te digo ya ahora cuando todas estas oligofrénicas con carnet de socialistas en la boca nos quieren hacer tragar no digo ya ruedas de molino sino la mismísima refundación de toda la biología. Igualdad, berrean por calles y plazas como si estuviesen posesas. Bueno, pienso cuando las escucho, para eso, una de dos, o se inventa la gestación en vitro o será necesario que los hombres podamos parir. Y, francamente, eso lo veo problemático. En fin, si Descartes viviese ahora añadiría a lo de "pelos largos e ideas cortas" el calificativo socialista, que es lo que tiene creerse superiormente moral, que se atrofian las neuronas y se sueñan monstruosidades. 

 Así que, señoras socialistas, o sociatontas, que no sé, manos a la obra, que lo mismo que se descubrió la pilule, que por cierto no fue moco de pavo a efectos de mejorarnos la vida -a todas y todos como os gusta decir- se podrá descubrir si se pone en ello el suficiente empeño la forma de que podáis tener hijos sin que se os distienda la barriga. En llegados a ese momento, entonces, ya, sí, se os acabó el momio. Ya, los hombres, no tendremos por qué cederos el paso en las puertas ni demás imposiciones heteropatriarcalistas. Pero en el entretanto, por favor, dejar de dar la tabarra porque de lo contrario, una de dos, o nos suicidamos, o cogemos la metralleta. 

jueves, 7 de marzo de 2019

Perlas nada más

Hay socialistas (rencor, envidia, pero, sobre todo, pura vaguería). Hay PPistas (pleistocenismo, acomplejamiento). Hay los que se llaman a sí mismos ciudadanos, como si no lo fuésemos todos, o sea, más un movimiento que otra cosa... ¡toquemos madera! Hay, en fin, podemitas y voxingleros, analfabetos para que nos entendamos. Y, luego, por no dejar a nadie fuera, los sensatistas, o sea, fervientes defensores del sentido común como única ideología posible. 

Estos últimos, ¡no nos hagamos ilusiones!, caben todos en un autobús, pero nunca alquilarán uno ¡vade retro! para ir juntos. Son de ir a su bola, cada uno por su lado. Así van iluminando el mundo y a la postre, muy a la postre a veces, siempre acaban por ganar. 

Tres perlas sensatas de hoy mismo: 

Sobre de un cazador furtivo. "... será obligado a ver una y otra vez la película Bambi (no es coña). Sin pretenderlo, ese juez ha dejado hecho el mejor resumen del inmenso proyecto de ingeniería social con el que se está reeducando al Hombre Nuevo en el espíritu Disney que ya ha cavado una profunda zanja de incomprensión entre el campo y la ciudad."


Sobre el femioligofrenismo. "... advierte sobre las negativas consecuencias que el triunfo del tan ensalzado hombre feminizado acarreará a la sociedad. «Hoy en día, las jóvenes, siempre al borde de la anorexia, se fabrican un cuerpo de chico para complacer a los diseñadores homosexuales, a los cuales no les gustan las mujeres, pues las consideran simples "perchas" y las aterrorizan por algunos gramos de más, algunas onzas de redondez, de blandura, de feminidad que no quieren ver."


Sobre un Padre de una Patria. "Arzalluz tenía antecedentes carlistas y, hombre del siglo XX, estudió y trabajó en Alemania. Lo que siguió en el País Vasco fue nazismo a cámara lenta. Además de numerosos asesinatos masivos, sobre todo los asesinatos por goteo a lo largo de mucho tiempo, destruyeron la discrepancia y asediaron la democracia. Barrieron todo el espectro político y social vasco. Laminaron a la oposición mediante el crimen continuado..."

miércoles, 6 de marzo de 2019

Lengüecillas de mierda

 Escribe hoy Félix Ovejero un artículo en El Mundo sobre la diversidad de las lenguas, que personalmente podría suscribir al cien por cien. No hay lengua en la que se pueda expresar algo que no se pueda expresar en cualquier otra lengua. Y por eso es, por no diferenciarse una de otra más que por los signos que utiliza, por lo que la gente del común tiende a utilizar la que tiene los signos más utilizados. O sea, la que más sea habla que es con la que más fácil es hacer negocios. 

Ya digo, un artículo muy bonito y muy adecuado a estos tiempos que vivimos, pero en vez de haberlo titulado "La diversidad, ¿una bendición?", yo hubiese sido más explícito y hubiese puesto simple y llanamente, "Franco, ¿una bendición?". Porque todo lo que argumenta sobre el uso inteligente, o natural, de las lenguas es, exactamente, lo que regía cuando Franco gobernaba.  

Así que, aunque seamos de izquierdas, como suele dejar claro Félix Ovejero que es él, convendría empezar a llamar a las cosas por su nombre. Sí, con Franco en unas cosas había menos justicia y en otras mucha más. Porque la injusticia que hay ahora con lo de las lenguas vernáculas, esa mierda pinchada en un palo, para llamar a las cosas por su nombre, es flagrante. Se utilizan para crear privilegios de tipo medieval al contar como mérito el haber nacido en según que sitios... como cuando alguien nacía noble. 

Así que, dada la utilización que se ha hecho de esas lengüecillas de mierda y la pérdida de energía colectiva que ello ha supuesto, quizá lo mejor sería que sesudos hombres de izquierdas como Félix empezasen a sacarse la mugre de encima y tener el noble gesto de reconocer que ni aquello era tan malo ni esto tan bueno. 

martes, 5 de marzo de 2019

Il mondo

Mientras desayunaba en Bariloche leía en las cartas al director del Diario Palentino una especie de alegato en el que se mostraba amargura por el hecho de que ya casi no se ven por la calle niños con el síndrome de Down. Según el autor de la carta el que haya niños mongólicos, cuantos más mejor, por la calle es signo patognomónico, que decimos los médicos, de una mayor salud moral de la sociedad. Una especie, podríamos decir utilizando lenguaje de sacristía, de allanamiento del camino hacia el cielo. Es como cuando mi hermana cristiana se empeñó en tener siete días en agonía a mamá porque eso era lo que quería dios. Además, no está sufriendo, añadía. Bueno, eso es lo que queremos suponer, le respondí yo, dejándola un tanto turbada por más que su orgullo de ser moralmente superior le impidiese mostrar el menor titubeo al respecto. 

 En realidad, nada de lo que extrañarse si tenemos en cuenta  que en un país como España un 50% o así de la población tiene como parte fundamental de su proyecto de vida salir tres veces al día a la calle a jugar con las cacas de su chucho. A mí lo que quieran, dicen, pero esa parte de mi realización como persona que no me la toquen. 

Por no hablar, claro está, de la moda de sostener que la tierra es plana, de que los poderosos echan cosas en el aire con no se sabe que fines, de que las vacunas producen autismo, de que las medicinas alternativas son la solución... que no hay día que no salga famoso en los medios defendiendo todo tipo de majaderías. 

Esta especie de triunfo de la irracionalidad como venganza de no se sabe qué... aunque sospecho que es de sí mismo por aquello de intuirse despreciable y no ser capaz de ponerse a estudiar para mejorar un poco. En fin, qué mundo éste. 

lunes, 4 de marzo de 2019

La insaciable sed

La necesidad imperiosa de matar el tiempo con lo que sea me mata, valga la aliteración. Es verdaderamente desesperante. ¿Ir a dónde, si ya fuiste mil veces a todo lo que existe? ¿Ver qué, si lo mismo? ¿Leer? Bueno, siempre y cuando se necesiten unas cuantas pasadas para extraer algo... estudiar, lo llamaría, la única evasión posible de esta apestosa realidad que es la vida del muy viejo ya. ¡Tanta mentira y estupidez alrededor!

Aunque uno a veces pille pecios. Me dispuse en medio de la tarde infinita a contemplar un video sobre la vida y obra de James Clerk Maxwel. Ni que decir tiene que de la verdadera sustancia del vídeo no conseguí captar ni un ápice: tan lejos estoy de poder comprender la esencia de esas fórmulas por así decirlo prometeicas. Sí, así es, formo parte de la inmensísima legión de los discapacitados intelectuales respecto del universo en el que respiro.  

Pues bien, antes de entrar en harina, un profesor, a modo de introducción, hizo a sus alumnos unas consideraciones filosóficas sobre el devenir del mundo, o sea, eso que llaman historia. No hagan caso, les dijo, de todas esas guerras y demás mandangas que les cuentan para justificar por qué el mundo es como es. Nada que ver. El ritmo y la dirección de todo lo que ha pasado y pasa lo han marcado hombres como Newton, Maxwel, Einstein, y un pequeño puñado más de mentes tocadas por la divinidad. Es decir, Napoleón, pongamos por caso, a efectos históricos, es menos que un pigmeo si lo comparamos con Maxwel. 

Y ahí es, digo yo, donde reside la gran mentira del mundo. Nos quieren hacer pensar que estos politiquillos de tres al cuarto nos condicionan la vida y por eso, por nuestro interés, debemos estar siempre pendientes de lo que dicen y hacen. Pues no, mire usted, nuestro presente y futuro lo dirimen las grandes cabezas pensantes, es decir, las que saben explicar el mundo utilizando la lengua de los dioses, las matemáticas para que nos entendamos. Porque, de qué sirve que vaya Pedrito e implemente una ley guay si en el interín un tipo que está en Caltech, o Teknión, o el MIT, va y descubre la fórmula para que los olmos den peras. ¡Ale, todo otra vez patas arriba! Y entonces, sí, puede que tenga que haber guerras en la búsqueda de la adaptación a lo nuevo. Pero sólo serán una desagradable consecuencia de la causa primordial: la insaciable sed de conocimiento del ser humano. En fin.