lunes, 11 de marzo de 2019

De verde luna

Los domingos instalan un gran mercadillo en el solar multiusos que hay junto a la rotonda de la P, entre el Sector 8, el Polígono y Pan y Guindas. Ayer me interné en él para comprar un cinturón porque el que me agencié hace unos meses en una tienda de complementos del centro de la ciudad está hecho unos zorros y eso que me costó más bien caro. Era el mediodía o así y aquello estaba francamente animado. Pero no de compradores sino de vendedores. Juraría que estaba allí toda la comunidad gitana de la ciudad, cada familia, o clan, que es difícil saber dado el número, alrededor de su tenderete e intercambiando información reservada con los de los tenderetes de alrededor. Muy ocupados en cualquier caso. Seguí por entre el gentío y al cabo de un rato di con lo que andaba buscando, un puesto de complementos de propietario senegalés. Tenía un gran surtido de cinturones, unos sobre el mostrador y otros colgados, pero sin dar esa sensación de amalgama de los todo a cien que hace que parezca mercancía sacada de un saldo por derribo.  De hecho, el puesto del senegalés parecía una tienda de la milla de oro por comparación con los que tenía a su lado, a su derecha un padre e hijo gitanos, por los 150 el uno y los doscientos el otro. Todo barato, señoras; hoy la que quiera se puede aprovechar, gritaba el padre. Tenía una mercancía de bragas rojas de esas que se ponen las chavalas para cambiar de año. Bueno, chavalas por allí no había ninguna y para fin de año todavía queda, así que el del tenderete de enfrente que intentaba vender calcetines dijo con lo que intuí como sorna que "me parece a mí que hoy no se va a aprovechar ninguna". Eso sí, el hijo, el de los doscientos, sin moverse del trono que tenía instalado en la parte trasera de la furgo levantó lo único que podía levantar, o sea, la voz, para decir: "niño, tráeme un fanta".

En resumidas cuentas que compré el cinturón al senegalés por la cuarta parte de lo que me había costado el que compré hace meses en el centro de la ciudad. Y espero que me duré tanto como me han durado todos los que compré a comerciantes senegaleses en el pasado. O sea, años hasta aburrirse. Y seguí mi camino por el pasillo entre tenderetes que circundaba todo el solar. Bueno, no se hacen idea de lo gigantesco que es aquello y prácticamente todo etnia gitana. Y ahí es donde a mí me surge la pregunta: ¿y todo esto, a cuento de qué? Es que es posible que alguien pueda creerse que toda esta gente pueda estar viviendo de esto. Yo, desde luego, no. 

No sé, pero para mí que en todo esto hay un gato encerrado y no muy simpático por cierto. Para empezar, esa contumacia de los gitanos para seguir en sus trece. Y lo que parece interés de las autoridades por fomentarles esa contumacia. El caso es que llevan aquí siglos y han sido incapaces de diluirse en el todo como por otra parte han hecho todas las demás etnias que por aquí pasaron. Va uno por la calle en esta misma Palencia que podríamos considerar frasco de las esencias y ve grupos de adolescentes en los que no suele faltar algún oriental o negrito o andino, pero nunca ni por asomo un gitano. Es descorazonador porque tras ello se esconde el fracaso escolar con su secuela de condena de por vida a la estrechez del clan y la mísera subvención. ¡Ah, y no se te ocurra hacer chistes con el asunto porque de inmediato viene un socialista y te tacha de xenófobo? 

No sé, pero me parece muy penoso todo esto de los gitanos. Y sobre todo que no se pueda llamar a las cosas por su nombre, porque esa es la primera condición para que algo que está asquerosamente mal mejore. Los gitanos, como el grupo social aparte que se obstinan en ser, son una verdadera lacra. Y convendría hacérselo saber por todos los medios a nuestro alcance para ver si así dentro de un par de generaciones, de seguir existiendo como tal, que me temo que sí, tienen entre sus miembros al menos la mitad de porcentaje de población universitaria que el resto de la ciudadanía... porque ahora ni al uno por ciento creo que lleguen. ¡De verde luna! ¡Menudo grillete que les puso el poeta!

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