domingo, 29 de diciembre de 2019

Roxana

Como ya les comenté en más de una ocasión, cuando pienso en mi vida el único sentimiento que me embarga es el de vergüenza. Y lo más curioso del caso es que este sentimiento en nada se ve alterado por los diferentes estados de ánimo: ya puedo estar eufórico, lo mismo que depresivo, que volver la vista atrás y entrarme unas ganas terribles de que me trague la tierra, todo es uno. El único consuelo que me queda es saber que a algunos grandes hombres que admiro les pasa, o pasaba, exactamente lo mismo. 

Por otra parte, también alivia mi pesar mirar a mi alrededor. Ya sé que la inmensa mayoría de la gente que me rodea en vez de vergüenza dicen sentir incluso orgullo por su pasado, pero a mí no me la dan, porque les conozco y sé que son incapaces de sostener la mirada a la imagen que les devuelve el espejo. De hecho, un número considerable de entre ellos ni siquiera se ven en el espejo porque están mordidos de origen: durmieron de niños con su abuelita y cosas así. 

Todas estas cosas que les cuento tienen que ver con esa ciencia empírica que llaman psicología. Es decir, una ciencia que observa los fenómenos y, después, somete al análisis estadístico lo que cree haber visto. Por ejemplo, la felicidad: hacen un muestreo de 56.000 personan a las que preguntan por algo tan etéreo como sus sentimientos al respecto. Personalmente me parece que todos esos estudios están corrompidos en origen, porque ya me dirán lo que uno se puede fiar del personal cuando se autoanaliza. Y así todo, muchas veces, de esos estudios se extraen conclusiones que parecen sensatas. Claro que, no nos engañemos, no más sensatas que las que vemos en las ristras de refranes que hay en el Quijote, el Criticón, la Celestina, y demás monumentos a la inteligencia que tenemos a nuestro alcance a nada que nos lo propongamos. 

El caso es que vengo de un tiempo a esta parte viendo vídeos que hacen referencia a esa ciencia empírica, o blanda, que les decía. El tal Jordan B. Peterson que ha devenido en verdadero gurú del asunto y no, desde luego, sin haber hecho méritos para ello.  A mí modo de entender, es tan sensato, o plausible, o bien argumentado, casi todo lo que dice que uno no puede sino quitarse el sombrero. Claro que no le viene el garbanzo al pico así porque sí: uno indaga en su currículum académico y alucina. Ese tipo de gente que uno no se explica como conservan la capacidad de sentarse porque tienen que tener el culo más pelado que un mono. 

Pero si Peterson me fascina lo de Roxana Kreimer es lo siguiente de lo siguiente. Y es que Roxana es doctora en psicología, pero es que, además, es licenciada en filosofía. Y vaya que sí que se nota. La mitad, si no más, de sus vídeos están encaminados a la difícil pedagogía del recto razonar. Y es que esa es la madre de todos los corderos: el recto razonar. ¿Cómo podemos saber que lo que nos están diciendo es una mamarrachada si suena tan bonito? Ahí es donde hace falta una buena formación para que no te la metan doblada. Porque esa es la tónica general: millones y millones de personas que han hecho su modus vivendi del feminismo, animalismo, indigenismo, etc., y que por tal han desarrollado un argumentario que repetido ad nausean parece haber tomado carta de naturaleza. ¿A ver quién es el guapo que se atreve a discutir eso? Y, sin embargo, todo es una pura falacia.  O puro oscurantismo, por decirlo de una manera que entronca con las fuerzas del mal que siempre estuvieron amenazando el progreso de la humanidad. Ya se lo he dicho mil veces, cuando una persona hace de cualquier milonga su modus vivendi lo mejor que se puede hacer es matarla porque, de lo contrario, te chupará toda la sangre. 

Bueno, no sigo porque ya me he desahogado lo suficiente por hoy.    

2 comentarios:

  1. pues a mí me pasa lo mismo,la vergüenza es una Cosa que a uno no le abandona nunca,más cuando te haces viejo y empiezas a afeitar huevos en el aire..un abrazo

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  2. Genial, Nacho, lo de afeitar huevos en el aire. Acabo de leer el Quijote y es todo el rato así. Ahora ando con La Celestina y para qué te voy a decir. Es tremendo como se ha empobrecido el lenguaje común. Al populus le sacas de lo literal y no entiende nada. En fin, será que tiene que ser así, pero es triste tanto empobrecimiento real.

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