martes, 14 de enero de 2020

Pedroñeras

Sería un mentiroso si dijese que me preocupa lo que veo. Me imagino que será difícil que la cosa no acabe a tortas, porque ya me dirán ustedes cuando fue que la cosa no acabó así. Unas veces fue por matar el hambre y otras, cual pudiera ser el caso actual, por matar el aburrimiento. La gente lo tiene todo tan resuelto que, como contrapartida, se aburre de muerte y quiere aliviarse autoconvenciéndose de que ve burros volando. Al final, todo esto no es otra cosa que una locura colectiva. Cuando más se sofistica la realidad y, por tanto, más compleja es, más gente hay que tiene soluciones simples para los naturales desajustes que el paso del tiempo produce. Unos por un extremo y otros por el otro. Y en el medio, los que ofician de sensatos echan mano, como a la desesperada, del único remedio que siempre funcionó: un enemigo exterior que, si viene de la noche de los tiempos, todavía mejor... pongamos que la leyenda negra y todo eso. 

Servidor, no es que no tenga sus preferencias. Me encanta la anarquía que, según sostiene con muy fundamentados argumentos el Profesor Huerta de Soto, es una cosa muy católica. Ya ven, y yo que creía que el catolicismo era la mierda más mierda de todas las mierdas. En fin, que uno va a tener que estar cayéndose de los sucesivos caballos camino de Damasco hasta el mismo momento de saludar a Caronte. Esto es agotador. Pero, bueno, mientras no nos partamos la crisma en una de esas caídas la cosa, no por agotadora, dejará de ser llevadera. E incluso divertida, porque, bien considerado, ya me dirán ustedes qué novela, película, o cualesquiera ficción que sea, es menos previsible que la propia vida. 

El problema es que para poder ser anarquista es necesario saber entretenerse sin recurrir a los demás. O sea, que contados con los dedos de una mano. El resto, ya saben, a ver burros volando. O sea, gente que pretende entretenerse metiéndose en la vida de los demás, para hacerla mejor, dicen, pero en la realidad más real no para otra cosa que para tener sus yugulares más a mano. Porque esa es la única certeza, a parte de la muerte, que podemos tener, que el que no sabe entretenerse por sus propias medios es un jodido vámpiro. Así que ya saben, el que no es anarquista es un vampiro. Y no hay más ciencia en el mundo.  

Y menos mal que siempre nos quedará Pedroñeras.   

  

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