Tal y como lo veo, lo que está pasando en este mundo que se conoce, no sé por qué, como occidental, es que se está resquebrajando la hegemonía cultural del marxismo y sus sibilinos derivados. De la Segunda Guerra mundial para acá nos la han estado metiendo doblada con la suficiente anestesia como para que, encima, estuviésemos agradecidos. Sí, sí, no estoy exagerando. Ni mucho menos. Ha sido todo infinitamente peor que en el peor de los sueños... del que, por cierto, gracias a las nuevas tecnologías estamos empezando a despertar.
Como siempre, detrás de la ignominia, las diversas iglesias con sus milongas salvadoras. No es que, miren ustedes, predicaban desde sus púlpitos laicos, si no organizamos el estado del bienestar, las masas, seducidas por los vientos que llegan de las estepas rusas, se van a sublevar. Y así empezaron a montar las empresas estatales que, a la postre, para los únicos que han traído bienestar, ¡y qué bienestar!, es para los cleros de esas iglesias seculares que, sin apenas estudios, ni necesidad de arriesgar sus patrimonios, se agencian unos sueldos que para sí quisieran los chicos de Goldman Sachs. Y, claro, por supuesto, el número y monto de todos esos sueldos es el secreto mejor guardado de la inmaculada democracia de los cojones.
Y venga pan y toros. Y al que se sale del rebaño le echan los perros y en dos segundos ya está reducido. Pero ya digo, como cantaba premonitoriamente María Jiménez: el no follar se va a acabar. Cada vez lo tienen peor los perros para cumplir con su cometido. Las ovejas muestran una inquietante tendencia a mutar a cabras salvajes de esas que trepan por riscos imposibles como si fuese cosas de niños. Los perros para ellas, como quien oye llover.
Por que es que, ya ven a lo que han llegado las cosas: un muchacho, que a duras penas pudo trepar a adjunto en una cátedra de economía de una universidad de tres al cuarto, de presidente del gobierno; un maestro de escuela, de vicepresidente... y así lo que quieran por los santos méritos contraídos al entrar a formar parte de cualquiera de las iglesias seculares con denominación de origen. Ya digo, urge mutar a cabra montés... y el que quiera cazarme ya sabe a lo que se arriesga.
P. D.- Ayer me mandaron un vídeo de Revilluca cantando villancicos en la cueva del Soplao acompañado de orquesta y coros. Pero, por dios bendito, ¿es que no va a ser posible sacar a toda esa chusma de la caverna aunque sea a patadas en el culo? Porque es que ya está bien de dejarles pagar facturas con dinero ajeno.
Antiguamente ,Pedro,teníamos a verdaderos encantadores de serpiente,véase un Felipe Gonzalez,un Fraga.Gente de fundamento.Y hoy..la clase política está plagada de fracasos escolares vagos y ninhos pijos ..inútiles,qué te voy a contar..un abrazo
ResponderEliminarLo malo, Nacho, son los encantadores. Ellos te la meten y los vienen detrás ya solo necesitan el chaca chaca. Yo lo que quiero, aunque a mí ya poco me puede afectar, es sumarme a esta corriente antiestatista que recorre las mejores academias del mundo. Lo seres humanos, en general, no necesitamos que nos pastoreen. Podemos escoger entre pagar a una mutua o ir a Punta Cana. Entre pasarse el día levantando vidrio en barra fija o enviar a nuestros hijos a un colegio de pago. ¡Que nos dejen en paz!
ResponderEliminarPero ahí está el tema,Pedro.No pueden vivir sín nosotros..no tienen a nadie que les llene el pesebre..Y como son acémilas por naturaleza..hay que mantenerlos .
ResponderEliminarPues sí, así es, pero para tratar este asunto de una forma científica te recomiendo los vídeos de Huerta de Soto.
ResponderEliminarhttps://www.youtube.com/watch?v=NWA4nKAQjR4
Mi impresión es que en España se está produciendo un nuevo amanacer, como se decía cuando aquel entonces.