martes, 21 de enero de 2020

Primus motor

Llevo una temporada que no paro de ver vídeos de eso que llaman filosofía y, también, de eso otro que llaman economía y de, en fin, todo eso que se puede englobar en la pura y dura lucubración, es decir, hilar razonamientos de una forma más o menos brillante sin que ello suponga que estemos construyendo algo sólido en lo que apoyarse, o agarrarse, para no rodar por el precipicio que es la vida. 

Y así es que, harto ya de escuchar discursos de los que muchas veces no entiendo la mitad aunque sospeche que vienen a ser más de lo mismo, he dado en pensar que, qué sencillo sería entender este al parecer endiablado mundo si sustituyésemos todos esos polisémicos términos con los que pretendemos argumentar por el unívoco e insustituible modus vivendi. Porque, por favor, no nos pongamos estupendos: aquí, ahora y siempre, lo único que cuenta y mueve el mundo es el modus vivendi de todos y cada uno de nosotros. Si tengo mi modus vivendi asegurado me calmo; si no lo tengo, mato si hace falta para conseguirlo... y, a veces, también tengo que matar por conservarlo, generalmente cuando lo he conseguido con malas artes. 

Por tanto, no se me emboliquen, que diría un catalán, porque la cosa es muy sencilla: toda el embrollo del mundo no es debido a otra cosa que la dialéctica, o guerra si mejor quieren, entre los diferentes tipos de artes que utilizan los unos y los otros para conseguir el condumio. Todo el mundo trata de demostrar que su arte es el que mejor se ajusta a lo moral o éticamente correcto. Por eso es que cuando más turbio es el arte más alambicados tienen que ser los argumentos que lo defienden. 

En resumidas cuentas, déjense del materialismo filosófico de Gustavo Bueno, o similares, para analizar el mundo y limítense a verlo a través del prosaico modus vivendi y caerán en la cuenta de que no hay el menor misterio.  Modus vivendi or not modus vivendi, that is the cuestion. No hay otra. Primus motor

Continuará. 

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