martes, 5 de marzo de 2019

Il mondo

Mientras desayunaba en Bariloche leía en las cartas al director del Diario Palentino una especie de alegato en el que se mostraba amargura por el hecho de que ya casi no se ven por la calle niños con el síndrome de Down. Según el autor de la carta el que haya niños mongólicos, cuantos más mejor, por la calle es signo patognomónico, que decimos los médicos, de una mayor salud moral de la sociedad. Una especie, podríamos decir utilizando lenguaje de sacristía, de allanamiento del camino hacia el cielo. Es como cuando mi hermana cristiana se empeñó en tener siete días en agonía a mamá porque eso era lo que quería dios. Además, no está sufriendo, añadía. Bueno, eso es lo que queremos suponer, le respondí yo, dejándola un tanto turbada por más que su orgullo de ser moralmente superior le impidiese mostrar el menor titubeo al respecto. 

 En realidad, nada de lo que extrañarse si tenemos en cuenta  que en un país como España un 50% o así de la población tiene como parte fundamental de su proyecto de vida salir tres veces al día a la calle a jugar con las cacas de su chucho. A mí lo que quieran, dicen, pero esa parte de mi realización como persona que no me la toquen. 

Por no hablar, claro está, de la moda de sostener que la tierra es plana, de que los poderosos echan cosas en el aire con no se sabe que fines, de que las vacunas producen autismo, de que las medicinas alternativas son la solución... que no hay día que no salga famoso en los medios defendiendo todo tipo de majaderías. 

Esta especie de triunfo de la irracionalidad como venganza de no se sabe qué... aunque sospecho que es de sí mismo por aquello de intuirse despreciable y no ser capaz de ponerse a estudiar para mejorar un poco. En fin, qué mundo éste. 

4 comentarios:

  1. Ya sabes Pedro,nosotros siempre tuvimos un país de arbitristas.Chupar con esponjas gigantes las Aguas de Flandes ,como cuenta el Buscón,es mucho menos descabellado que afirmar que la tierra es plana o que Trump es un lagarto ...un abrazo

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    1. Por cierto Nacho que eso de los arbitristas es algo que tiene que ver con lo que se conoce como La Escuela de Salamanca. Es una parte de la historia bastante desconocida aunque en los últimos tiempos esta siendo traída a colación con frecuencia. Por lo demás el lagarto Trump no tiene precio. Hace unos días estuve escuchándole un rato y te puedo asegurar que el mejor monologuista del mundo no llega a la categoría de aprendiz al lado suyo. Oye, por lo menos sabe dar espectáculo. ¡Qué más se le puede pedir a un político!

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    2. pues a mí me cae también muy bién el lagarto de Trump..no puedo evitarlo.Cuanto más le dan aquí en el llamado Occidente,mejor me cae el colega,qué quieres que te diga ..

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    3. A mí, mas que gustarme o disgustarme lo que me parece es que es inevitable. Todo lo anterior a él parecía hecho a la medida de su llegada. Animalistas, femioligos, manos unidas y demás acaban con la paciencia de cualquiera que viva con los pies en el suelo.

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