domingo, 26 de enero de 2020

¡Corderitos míos!

Cuando uno está argumentado y utiliza como premisa que el Estado del Bienestar es la más siniestra de entre todas las creaciones humanas es de todo punto necesario, so pena de quedar como un chisgaravís, desmenuzar el concepto Estado del Bienestar y señalar los componentes que le dan ese carácter de siniestrabilidad. Bien, pues a ello voy. 

En realidad, al Estado del Bienestar sería más propio llamarlo el Estado de las Barras de los Bares. Bueno, ahora también se podría llamar de la puerta de los bares por aquello de que en ellas se puede, además de consumir el soma, fumar y jugar con el perro. Aunque, para ser más exactos, se debiera llamar el Estado de la Despreocupación Total de Sí Mismo: todos exactamente como quería Walt Disney, o sea, sin pasar de la edad mental de los ocho años. 

Eso, empecemos por los ocho años. A esa edad estás en el colegio y entre clase y clase sales al patio. Los niños, ya se sabe, perversos polimorfos como les definió muy bien definidos no recuerdo quién. Claro, su tendencia natural es hacerse putaditas los unos a los otros cuando no están estrechamente vigilados. Entonces va Papá Estado y grita: ¡bullying! Y ya tiene los argumentos para crear unos cuantos miles de puestos de trabajo destinados a impedir esa manifestación de la naturaleza humana tan imprescindible a efectos de maduración. Ya me dirán ustedes cómo van a aprender a defenderse los niños si les quitan todas las oportunidades de defenderse. O sea, ¡corderitos míos!

Tus hijos son del Estado, dijo el otro día una ministra. Con toda la razón del mundo, porque así es como viene siendo de hace ya muchos años a esta parte. Los padres para nada se tienen que preocupar por las cuestiones nucleares de la vida de sus hijos: el Estado se encarga de educarlos, de mantenerlos sanos y, si se tercia, de alimentarlos y, ya, si hay que rizar el rizo, otorga un sueldo a los padres con tal de que lleven a sus hijos al colegio. Así es que ya me dirán ustedes qué épica le queda a lo de tener hijos más allá de la de proporcionar a los abuelos unas tiernas yugulares de las que extraer la poca sangre que les queda después de pasar por los colmillos del Estado.

Y qué decir ya del tinglado que el Estado tiene montado con la escusa de preservar la salud de la ciudadanía... bueno, lo de ciudadanía es el eufemismo de masas aborregadas, un pleonasmo, por cierto. Pues bien, que lo sepan, el sistema público de salud es la mayor estafa de la historia de la humanidad. Se habla mucho de Gurtel, los ERES, y otras corrupciones, ¡pecata minuta! , todo eso cosa de niños si la comparan con las corrupciones que se producen al amparo del Sistema Nacional de Salud. Solo ya con el cachondeo de los congresos médicos financiados por la industria farmacéutica... bueno para qué hablar si todo el mundo sabe que eso va de cientos de miles de millones. Y el caso es que una póliza con una mutua privada apenas cuesta cien euros al mes, o sea, cuatro cafés y tres verdejos... ¡pero dónde vas a comparar con la sanidad pública!, te gritan entonces los corderitos. Pues sí, comparo, y te puedo asegurar que es mucho mejor la privada a todos los efectos... sobre todo al de no tener que ver a miles de batas blancas por los pasillos tocándose las bolas.

Y, ya, si tratamos del tema de las pensiones, la perversidad es absoluta. Por lo visto lo de aprender a ser previsor está mucho más allá de nuestras capacidades cognitivas. Estas cosas tan complicadas solo las puede hacer bien Papá Estado. ¡Aprender a ser previsor, que disparate! Personas que piensan y son dueñas de su destino... más disparate todavía. No, Papá no va a dejar que sus hijos se le desmanden. Y para eso nada mejor que hacerles dependientes. Como cuando de niño tus padres te dan la paga. Algo así. 

Y lo más sangrante de todo: ¿saben ustedes quienes son los que forman el aparato opresor del Estado? Se lo diré: pues justo los que cuando llegaron a las ecuaciones de segundo grado no pudieron entenderlas. Entonces su instinto de supervivencia les dirigió por vía directa hacia el Chapo Guzmán, que no otra cosa es el Estado: todo resuelto a cambio de menear el rabo cuando se acerca el jefe.      

2 comentarios:

  1. más razón que un SAnto,Pedro.En is anhos jóvenes a los que no andaban muy finos los mandaban a la FP.Ahora van directos a las bases de los partidos,así nos va.

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  2. Ahí está el punto, que la política se ha convertido el el principal empleador de cortitos de entendederas. Esto lleva camino de ser como en Irán que los sicarios van por la calle azotando a quien se salta lo políticamente correcto.

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