jueves, 9 de enero de 2020

Lo que hay

Por aquí alrededor hay cientos de locales dedicados a dar de desayunar a la gente. Y el caso es que todos parecen tener una nutrida clientela. Un vaso de zumo de naranja, un café con leche, dos tostadas con aceite y tomate, servido en mesa, me ha importado 3,70 €. Para uno que anda de paso se podría decir que es un precio llevadero, pero para un habitual se me hace oneroso. Porque es el caso que toda esta infraestructura hostelera es como un a modo de vampiro que no pasa día que no clave sus colmillos cinco o seis veces al ciudadano común. Y es curioso porque parece que ese sucionamiento persistente se ha constituido en una especie de sostén del sistema que sin duda se vendría abajo caso de darse una súbita interrupción.

En fin, que venga el profesor Huerta de Soto y me lo explique. Aunque para mi que no es otra cosa que la condición de hormigas, o borregos, que tenemos los humanos. Todo lo hacemos instigados por una orden que no sabemos de donde viene pero que es inapelable. Porque díganme ustedes: ¿conoce alguien a algún español que se le pase por la cabeza cuestionarse, ni siquiera de refilón, que lo que da verdadero sentido a su vida es pasar, cuantas más horas mejor, en los bares? Digamos que todo lo demás que se hace no tiene otro objetivo que procurarse los medios para para poder llevar a cabo el anhelado fin de entrar en un bar. Y ese y no otro es el verdadero meollo de nuestra "cultura", esa cosa que, según dicen los entendidos, es lo que nos proporciona "identidad", o sea, mandanga sobre mandanga y sobre mandanga una, por decirlo al modo villancicoesco... o como se diga.

La verdad es que de lejos le viene el garbanzo al pico. Cojan, agarren, váyanse a  El Quijote y ¿qué es lo que se encuentran allí? Se lo diré: aventuras de taberna para dar y tomar, sobre todo en la primera parte. Por no hablar del Guzmán de Alfarache donde se diseca minuciosamente la calidad moral de los taberneros... unos sinvergüenzas todos, en definitiva. Y también Don Juan escribe sus cartas en las tabernas bajo la presión exasperante del ruido: cuan gritan esos malditos/ pero, mal rayo me parta/ si en acabando esta carta/ no pagan caro sus gritos. Ya digo, no es de ayer que tire más mesa de taberna que, incluso, si me apuran, pelo de pubis.

Es, en definitiva, parte sustancial de nuestra cultura, o de nuestra identidad, si mejor quieren, y, entonces, van y se ponen a escuchar una conferencia del profesor García Maestro en la que se dedica a desmenuzar esos dos polisémicos conceptos: ¿cultura? ¿Identidad? ¿Qué coño mierda es esa? Pues muy sencillo: la milonga que utiliza el estado para tenernos encerrados en el aprisco, o sea, una técnica de aborregamiento. Mientras estás en el bar no estás en casa, un suponer, leyendo El Quijote, que eso sí que es peligroso para la estabilidad del sistema. ¡Por dios bendito, qué osadía!

5 comentarios:

  1. mejor leer el Quijote que no "la conquista del pan"eso si que aborrega,querido Pedro

    ResponderEliminar
  2. ya sabes,querido Pedro,en nuestro país hasta hace bién poco ,y todavía,la gente se quedaba hasta las tantas en el Bar para no verle el morro a la parienta

    ResponderEliminar
  3. Me imagino, Nacho, que habrás visto el vídeo sobre el macho español que hizo Boadella. Era una serie que se llamaba purgandus populus y, a mi juicio, no tenía desperdicio. Si no lo has visto, está en youtube.

    Por lo demás, no quiero ni imaginarme lo que podría llegar a ser este país si a la gente le diese por leer El Quijote. Y de rebote, La Celestina.

    ResponderEliminar
  4. o el Lazarillo...volveríamos a Antiguas grandezas.

    ResponderEliminar
  5. Al respecto, Nacho, muy interesante lo que se está produciendo alrededor de la figura de Gustavo Bueno. Te envío este enlace por si quieres matar un rato:

    https://www.youtube.com/watch?v=nMdo2jvXnUo

    ResponderEliminar