Miro por la ventana y veo la calle vacía. No es de extrañar porque los termómetros marcan cinco grados bajo cero. Me demoro en la contemplación y, de pronto, caigo sobre la historieta que se desarrolla en una ventana de la casa de enfrente. Se trata de una señora que mira arrobada al gato que tiene en sus brazos y al que no para de dar besos. Nada, en definitiva, que no sea moneda corriente en los tiempos que corren... lo cual no quita para que me dé pie, o material, para lucubraciones varias.
El caso es que vengo estando seducido de hace unos días para acá por los vídeos que tiene colgados en YouTube el catedrático de literatura de la universidad de Vigo, el Sr. García Maestro. El dice que lo analiza todo desde la perspectiva del materialismo filosófico, una mandanga que se inventó Gustavo Bueno y que, por lo que he podido colegir hasta ahora, viene a ser algo tan elemental como exigir al que habla que conozca de donde vienen y que quieren decir exactamente las palabras que utiliza para exponer sus ideas. Porque ese es el asunto que, por lo general, nos hartamos a razonar con conceptos que no tenemos claro lo que significan. Y de ahí, a no parar de parir tonterías, todo es uno. Por así decirlo, al desconocer el significado de las palabras que utilizamos construimos una realidad ilusoria.
O sea, vivir en la realidad, algo en teoría tan simple y en la práctica, según la experiencia, tan imposible. Tan imposible que se ha impuesto entre las masas acríticas la creencia de que cada cual es muy dueño de interpretar la realidad como le viene en gana. "Esa será su realidad, la mía es esta otra y vale tanto como la suya", dice el chusma empoderado y se queda más ancho que largo. Y en esas estamos, acariciando y besando al gato porque es exactamente lo mismo que si fuese tu hijo lo que tienes entre los brazos.
Lo malo de todo este asunto, sostiene García Maestro, es que vivir fuera de la realidad acaba por matarte. Bien, yo en este asunto prefiero acogerme a las enseñanzas de Gracián y decir que no puede matarte porque vivir fuera de la realidad es estar muerto. Y, como todo el mundo sabe, lo muerto no puede morir. Muertos vivientes, en definitiva, de los que el mundo está lleno sin que, para nuestra inmensa desgracia, sepamos a ciencia cierta si formamos o no formamos parte de ellos. Es una verdadera tragedia porque, cuando más viejo te haces, más se incrementan las sospechas de que, efectivamente, sí que formas parte de esa famélica legión. O sea, que vives tan fuera de la realidad y por tanto estás tan muerto como el que más.
Y, ahora, cojo, agarro el traje de baño y me voy a la piscina. ¿Y por qué se creen que lo hago, porque me apetece? Nada más lejos de la realidad: me produce profundo desagrado, pero me lo impongo porque es la medicina en la que tengo puestas mis esperanzas, o sea, la ilusión, de mejorar parte de los alifafes que vienen convirtiéndome la vida en un calvario. En definitiva, otra vez más fuera de la realidad, o muerto si mejor quieren, porque esto, ya, lo sé a ciencia cierta, no lo mejora ni dios. En fin, la piscina, una forma como otra cualquiera de hacer cola para que Caronte te pase al otro lado del Leteo. ¡Y qué le vamos a hacer!
yo imagino que hubiera Estado fijándome más ..si la senora estuviera estupenda,y ..que le den por saco al gato.Imagino que esa es mi más bién pobre realidad,..ESto de la filosofía fué siempre Cosa muy canalla y lo del materialismo histórico en filosofía..pues ,como la jodienda..que no tiene enmienda...un abrazo
ResponderEliminarSí, el que filosofa es porque está jodido como muy bien apunto Larra. Decía que los desgraciados se colocaban una teoría encima como los calvos un bisoñé, suponiendo ambos dos que los demás no se dan cuenta de cuales son sus carencias.
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