viernes, 11 de junio de 2021

Ni un milímetro más

Ayer, o anteayer, que no sé, Plácido Domingo salió al escenario en un teatro de Madrid y sin haber ni siquiera empezado a actuar recibió una estruendosa ovación del público de tres minutos de duración. La cosa tiene su miga, porque se da el caso de que la corrección política impuesta por la socialdemocracia imperante había arrinconado a Plácido Domingo porque, al parecer, el hombre se había tirado a unas cuantas tías que se le habían puesto a huevo. Ya te digo, envidia cochina. Porque es que anda que hay que haber andado jodido por la vida para no haber sido capaz de catar una de esas situaciones mágicas. Y entonces, claro, el rencor de los petits que, evidentemente, más que muchos, son muchísimos. Que no por otra cosa es que ganen elecciones los socialdemócratas. 

Pero todo tiene un límite. Y ese límite es Madrid. El Madrid cultivado que admira al que se puede transformar en cisne, o en lluvia dorada, o en toro, o en lo que le dé la gana para seducir a las más bellas. Madrid, el gran Madrid, es pagano a carta cabal. Solo hay que mirar a lo alto de los edificios más emblemáticos de la ciudad para encontrar allí a todo el elenco del Olimpo en sus más diversas manifestaciones. No, no encontrareis allí representaciones del que se encaramó en una peña para ensalzar a los pobres de espíritu. Te tienes que ir muy a las afueras para encontrar algo de eso. Te tienes que ir a Bilbao o a Barcelona o a la misma Palencia, para darte de bruces con el de la peña y, por ende, con la moral del rebaño y su rastro de rencor. 

Todo tiene un límite. Porque, sí, a los petits hay que hacerles ciertas concesiones para que sigan barriendo las calles sin caer en la cuenta de su mísera condición. Hay que permitirles algunas expansiones de su mal gusto para que se sientan importantes por un día. Pero, ojo al parche, no se nos vayan a ir de la mano. Lo que estaba pasando, por ejemplo, que les habíamos dejado imponer su nauseabunda moral y habían corrido a arrinconar a Plácido Domingo. Intolerable de todo punto. Hay que poner las cosas en su sitio. Y el sitio de Plácido es el Olimpo. Que se tire a todas las tías que quiera o pueda, pero por dios bendito, que ningún chusma se atreva a levantarle la voz porque le aplastaremos como si fuera una chinche. Porque ya está bien de ceder. En adelante ni un milímetro más. 

 

2 comentarios:

  1. Pues sí,Pedro.Lo has clavao.Ahora sólo falte decir que los que ovacionan a Domingo son fascistas maltratadores de mujeres,faltaría más.Pero "estes" no contaban con que a la gente se le puede subir hasta los mismísimos.Vamos ,que tan tontos no éramos

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  2. Como decía la Zambrano, solo despierta lo que está dormido. Y pienso que ya duró demasiado la siesta.

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