domingo, 6 de junio de 2021

Nihilismo chez Nietzsche

Mientras caminaba en busca de una terraza para tomar un café iba escuchando por enésima vez el vídeo que Le Precepteur tiene dedicado al nihilismo chez Nietzsche. Nada que ver con lo que la corrección política al uso, o el diccionario de la RAE, considera como nihilismo. Sería, acaso, todo lo contrario. Pero para no extenderme en consideraciones al respecto voy a tratar de sintetizarlo con una somera pincelada de actualidad:  el nihilismo para Nietzsche no sería otra cosa que esa insistencia con la que los gobernantes actuales tratan de convencernos de que no miremos el culo de las tías. O las tías los de los tíos, que en esto no se hace distinción. O los tíos los de los tíos y las tías los de las tías si es que sus preferencias van, por lo que sea, que no voy a entrar, en esa dirección. 

Total, que he terminado mi refrigerio, he esperado un rato escuchando unos boleros mejicanos que sonaban por el altavoz y me he largado a pasear por el paseo del puerto pesquero. Es un paseo para la gente del barrio. Nunca verás por allí turistas o gente de otros barrios de la ciudad. Para ser exactos, lo que se suele ver por allí casi en exclusiva es gente paseando perros. Y eso es lo que había hoy con profusión. Pero no solo. Como por allí pasa un carril bici, aquello parecía hoy Amsterdam o Copenhague. No paraban  de pasar bicicletas. Un verdadero fenómeno que no sabremos si es producto de una moda pasajera o debido a un cambio de paradigma hasta que pase un tiempo. Pero, no solo había por allí bicis y perros, también familias celebrando primeras comuniones. Había una de peruanos que era una pasada. Me he entretenido viéndoles posar para las sucesivas fotos con fondo de barcos pesqueros. Supongo que se las mandarán a sus familiares del otro lado del charco y cuando las vean dirán: ¡Ah! Pues no parece que les vaya tan mal por la madre patria. 

Bueno, todo eso de los ritos de paso. Ahí sigue la costumbre. Con sus trajes de almirante ellos y de princesita ellas. Con el convite, los regalos y demás. Se supone que es un antes y un después. Y también un afianzamiento por aquello del protagonismo por un día. Mucho suponer en cualquier caso. Pero, eso, como digo, ahí sigue la costumbre. No sé lo que tendría que decir Nietzsche al respecto. ¿Lo consideraría otra manifestación más de las pulsiones nihilistas de los débiles? Es posible. Los débiles necesitan millones de normas, reglas o costumbres, o como quieran llamarlo, para defenderse de los fuertes. En fin, cosas que uno había venido sospechando largo tiempo ha, eso sí, sin tener una idea clara de qué lado colocarse: ¿fuerte?, ¿débil? En cualquier caso, no soy muy apegado a todos esos ritos y costumbres. Me desazonan. 

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