miércoles, 2 de junio de 2021

Por fin soy algo

Estoy encantado porque por fin soy algo con enjundia en esta vida. Soy un negacionista. O sea, algo que me remite a la Shoah, ya saben, pura basura a la que hay que barrer del mapa para que todo sea como debe ser. Me estremezco de satisfacción imaginándome todo el placer que iba a proporcionar a tantas y tantas buenas personas si me diese un patatús. ¡Ah, ese!, dirían entonces, y se confirmarían en sus correctas convicciones.

Sin duda fue muy avispado el tipo, o la tipa, que se le ocurrió emplear esa ominosa etiqueta para los que no se sienten amenazados por el famoso virus de marras. Imagínense, de una tacada ya les tenemos convertidos en nazis. Niegan toda esta historia del coronavirus, luego niegan lo de Hitler con los judíos. Son las artimañas del lenguaje para manipular las conciencias de los famosos bienaventurados por pobres de espíritu. Pero si hasta Schwarzenegger lo ha dicho uno de estos días, que al 99% de la gente hay que decirle lo que tiene que pensar y lo que tiene que hacer. Claro, el 99% que corren a escuchar al que habla encaramado en una peña. Y no por nada sino porque piensan que después de soltar el rollo les va a invitar a panes y peces. ¡Peces sin tener que mojarse el culo! ¿Hay quién de más? 

Y yo que pensaba que ya no era nada. Un ser transparente. Pero, ahora, voy por la calle a cara descubierta y hasta las chavalas me miran con atención. ¡Eh ahí un hombre!, deben pensar. Bien es verdad que recibo reconvenciones de parte de no pocos circunspectos ciudadanos. Aunque la mayoría se limitan a ajustarse bien el barbijo cuando voy a cruzarme con ellos. Supongo que pensarán que así no se les va a colar ningún jodido virus. Ya saben cuan tortuosos son los vericuetos mentales de quien se siente amenazado por un ente de dudosa verificación. Bueno, ahí arriba, a la puerta del aparcamiento que hay bajo el parque japonés, suele haber colas kilométricas de coches esperando para hacerse esa prueba que llaman PCR que, según los que las hacen, van a misa y que, según los que nada ganan con ellas, son una mierda. En cualquier caso, no entiendo por qué hacen esas pruebas en un aparcamiento subterráneo. No sé, es como muy clandestino todo esto... lo cual, claro, contribuye a darle esa patina romántica que necesitan las malas historias para salir adelante. 

En fin, que no entiendo por qué todavía no se han puesto a la venta pegatinas, colgantes o insignias de solapa, con las que nos podamos identificar los negacionistas. Y más teniendo en cuenta las ventajas que empezamos a tener en establecimientos de todo tipo cuyos dueños están muy cabreados con los que podríamos etiquetar de oficialistas. Ya digo, para una vez en la vida que uno es algo lo bueno sería que todo el mundo lo supiese.

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