miércoles, 9 de junio de 2021

Tótems

El Dr. Fleishman es un médico extraordinario. Formado en la universidad de Columbia no solo sabe de medicina, también ha leído libros importantes y, por lo que dice, parece que los ha entendido. Todo lo cual no quita para que sea un inmaduro. O un neurótico si mejor quieren. Es incapaz de distanciarse de sí mismo y tiene una necesidad compulsiva de tener bajo control todo lo que le rodea. Y, si bien su cosmopolitismo neoyorkino parece hacerle estar de vuelta de todo, la realidad es que vive muy apegado a sus tradiciones judías. En definitiva, es un hombre enfermizamente contradictorio. O, dicho de otra manera, con una gran inteligencia práctica y una pésima inteligencia emocional... cualquier contratiempo le desquicia. 

Ya saben como funciona esto de las series. Cuando un actor, por lo que sea, se cansa de su papel, los guionistas se las apañan para buscarle una salida de forma que la serie pueda continuar haciendo dinero. Aunque, si el actor que se cansa tiene un papel central es difícil que los guionistas puedan salvar el invento. De hecho, la serie de la que les estoy hablando perdió su interés con la retirada de Fleishman y en menos de un año la dieron por concluida. 

El caso es que Fleishman parece haber llegado a un acuerdo amoroso con la mujer con la que ha mantenido una insoportable tensión sexual a lo largo de toda la serie. Ya saben, la típica triquiñuela barata para mantener vivo el interés por la serie. Así es que deciden vivir juntos, pero a los tres días la chica no puede más y le echa de casa. Desde luego que cualquier chica normal hubiera hecho lo mismo. Es entonces, en pleno bajón por el rechazo, porque la chica le gustaba, cuando le reclaman para ir a ver un enfermo en una tribu que vive en medio de la nada. Solo se llega allí tras dos días de navegación por el río. Total, que, una vez allí y solucionado ya el problema médico, habla con el jefe de la tribu. Allí no hay ni electricidad, ni agua corriente y las casas son poco más que cuatro tablas mal puestas. Allí se vive en régimen prácticamente autártico. Comen de lo que pescan, cazan y recolectan. Se calientan con la madera de los bosques y el tiempo que les queda libre lo emplean en esculpir sus tótems. A Fleishman, por lo que fuere, le parece que aquel es el lugar adecuado para restaurar su atribulado espíritu y le pregunta al jefe si se puede quedar a vivir allí. Ningún problema, le responde. Y así es como Fleishman desaparece de la serie. Volviendo al neolítico como quien dice. La solución ideal para un neurótico compulsivo. Todo el día ocupado en solucionar las cuestiones más vitales: comer y calentarse. Bueno, Cándido, Conegunda, Panglós y compañía, también encontraron el sosiego por un procedimiento parecido, así que lo de Fleishman, nada nuevo. 

En fin, no sé por qué les cuento estas cosas. Quizá sea por nostalgia neolítica, de cuando esculpía mis tótems a mano.  

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