sábado, 31 de julio de 2021

Guillotinas en lontananza

Jefferson fue el tercer presidente de los EEUU. Es considerado como uno de los Padres Fundadores que le dicen allí a los que se pusieron al frente de la sublevación contra la metrópolis. El caso es que Jefferson escribió una autobiografía que es bastante imprescindible para saber como fue el nacimiento de lo que vino a convertirse en la nación más poderosa del mundo. Pero no solo eso se aprende con la lectura de esa autobiografía porque Jefferson era sobre todo un hombre ilustrado y un gran pensador. Así que, les puedo asegurar que no perderán el tiempo si cogen, agarran y se ponen a leerla. 

Una de las cosas que dice viene muy a cuento de lo que está pasando justo ahora. Está convencido de que toda nación necesita una revolución cada veinte años para que sus gobiernos no se corrompan. Bueno, aquí llevamos muchos más de veinte mirándonos el ombligo y de aquellos polvos estos gobernantes analfabetos y corruptos que no ven otra forma de mantenerse en el poder que quitándonos las libertades individuales. Pero, claro, es tanta su necedad que han conseguido que bastante gente levante su vista del ombligo y se ponga a pensar. Y aquí tenemos ya los lodos que sabe dios lo que se van a llevar por delante... desde luego que seguro que a la mayoría de los gobernante actuales. 

Sí, eso es lo que hay, una revolución en marcha que la propaganda oficial trata de ocultar por todos los medios a su alcance. Pero es inútil. Esa minoría avisada que siempre hubo en todo tiempo y lugar ha levantado la voz y la está haciendo llegar a todos los rincones. Y, como en aquella canción: París se quema/ se quema París. Y el resplandor de las llamas se divisa ya desde todo el planeta. Y los fuegos se multiplican por doquier y no hay bombero para tanto fuego. La suerte, señoras y señores, está echada: algo tiene que cambiar para que nada cambie. Y ese algo van a ser las élites actuales. De hecho, por París cada vez hay más guillotinas pintadas en las paredes. El que avisa no es traidor. 

viernes, 30 de julio de 2021

¡Cagüen!

Ayer, cuando fui a tomar el típico café mañanero, me dijo el camarero que no podía ser porque las mesas de la terraza estaban todas ocupadas y dentro no se podía entrar por orden gubernativa. Por la noche, me asome a la ventana y vi el Marcial más animado si cabe que nunca. Por lo visto, la orden gubernamental ya había sido retirada. Lo de los pollos sin cabeza va a resultar ser verdad. Por la mañana me levanto y, no, no la tengo más dura que un canto, pero escucho a ese abogado de Bilbao que nos mantiene al día y me entero de que los tribunales de justicia han tumbado la ley con la que se pretendía exigirnos un pase sanitario para poder tomar el, ya digo, típico café mañanero.  

Y, en el entretanto, los agoreros insisten en el hostión que se nos viene encima. El financiero quiero decir. Bueno, según mi ya larga experiencia los hostiones nunca vienen precedidos de su anuncio. Ya se lo decía su padre a la Raquel, que no armase la venganza con la amenaza. Porque todo lo malo es preceptivo que llegue sin avisar. Que ya lo decían los clásicos, que la flecha que no se la ve venir hiere doblemente. 

Por lo demás, cada vez hay más perros. Parecía imposible que pudiesen aumentar, pero así ha sido. Ladran y ladran y ladran y vuelven a ladrar. Supongo que será porque no son felices porque les han quitado su perridad, como dice Fede. La perridad, por si no lo han pillado, es a los perros lo que la humanidad a los humanos. Imagínense lo que sería de nosotros si nos dejásemos quitar la humanidad como pretenden hacer todos estos hijos de perra que nos gobiernan. Porque los unos quitan la perridad a sus perros y los otros pretenden quitarnos la humanidad a nosotros y ¿saben por qué? ¡Pues por qué va a ser, por nuestro bien! ¡Cagüen!


miércoles, 28 de julio de 2021

¡Fantastic!

No sé si será verdad porque en esta guerra de nervios en la que nos hallamos inmersos la mentira es la munición más corriente para desestabilizar al enemigo. El caso es que he visto en no sé dónde que en los EEUU van a retirar a finales de este año esas pruebas diagnosticas del bicho que llaman PCR. ¿Y saben por qué las retiran? Pues porque las consideran poco fiables. ¡Acabáramos! ¿Y por qué no las retiran ya si han llegado a tan devastadora conclusión? Pues supongo que será para que la fiesta no decaiga. Cualquier día nos obligarán a ir por la calle con matasuegras y la gente del común cumplirá encantada. 

Así que ya ven, nos han confinado en base a pruebas que no son fiables y todos tan contentos, empezando por los responsables que ni piensan pedir excusas ni, menos, dar explicaciones y que, por contra, utilizan sus conciliábulos para idear nuevas formas de dar otra vuelta a la tuerca de la represión. Es tan ingenua esa gente que viven ajenos a las cuentas que tarde o temprano van a tener que dar. Porque el destrozo ya va siendo de proporciones homéricas. 

Y, en el entretanto, unos cuantos bastantes, se están forrando. Voy por las calles y, de vez en cuando, veo una cola. Son gente que espera para hacerse el PCR preceptivo para ser autorizado a cascársela lejos de su residencia habitual. O para sabe dios que otros menesteres. Como repetía una y otra vez Richard Burton en aquella maravillosa película titulada La Noche de Iguana: ¡Fantastic!

En fin, que es lo que tienen las guerras psicológicas, que al final todo se convierte en sainete. Cuando menos lógica haya en todo lo que se hace mejor funciona el invento. Y no te digo, ya, si a la gente le dicen que le van a meter un palito por el culo. Entonces, es el delirio y todos salen al balcón a aplaudir con entusiasmo. Ya digo, ¡fantastic!

Orden espontáneo

Como suele ser lo habitual, lo que de verdad importa está pasando desapercibido. Nadie habla de ello porque, como sostiene Schwarzenagger, la gente solo tiene en la cabeza lo que los políticos quieren que tenga, es decir, lo del bicho. O sea, una ficción como la de la virgen maría bajando en carne mortal a Cova de Iría. Pero, sí, sí que están pasando cosas relevantes. 

Y lo más relevante de todo, sin duda, está en las estadísticas. Échenlas una ojeada y alucinen: de una tacada un 20% menos de natalidad en España desde que empezó todo este circo. ¡Un 20%! No sé si se dan cuenta de la burrada que es eso. Un 20% menos de natalidad sumado a otro 20% de aumento de los decesos debido a que la expectativa de vida ya tocó techo, o incluso bajo, quiere decir, en definitiva, que la peor inversión de futuro es la inmobiliaria. O sea, justo en lo que yo he invertido para poder equivocarme una vez más. 

Sí, la alegría que se iba a llevar mi querido Dr. Aliste si levantase la cabeza. Porque él vivía obsesionado por la superpoblación del planeta. Se reía mucho de todos aquellos devaneos políticos que nos traíamos entre manos los imberbes. Despierta, Pedro, me decía, todo eso que os preocupa no es más que calderilla frente al asunto de la superpoblación. Es inevitable que en un futuro próximo haya guerras, pestes y todo tipo de catástrofes, añadía. Y yo me lo tomaba a chirigota.

Claro está que por aquel entonces yo lo desconocía todo. Y no es que ahora conozca mucho más, pero sí que escuché lo del orden espontáneo de Hayek y entendí por fin de que va el mito prometeico. La naturaleza, como nuestro propio cuerpo, necesita muy poco de los médicos. Dejada a su aire tiende al equilibrio. Así que el problema no es otro que la hiperinflación de médicos. Acuérdense de lo que le pasó a Torres Villarroel que si no salta por la ventana y se va huyendo por los campos nevados sin parar hasta Madrid, no hubiese vivido para contarlo. El pobre hombre, en un momento de debilidad, se puso en manos de los médicos. ¿A quién se le ocurre?

En resumidas cuentas, que ¡ojo al parche de los médicos de toda laya! Médicos propiamente dichos, ecologistas, ingenieros sociales, todos esos, en fin, que quieren vivir de chupar la sangre a los que saben hacer algo. Y eso es todo: es probable que dentro de veinte años haya 30 millones de españoles sin que nadie haya podido hacer nada ni para promoverlo ni para impedirlo. 


lunes, 26 de julio de 2021

La grogne monte

No sé de qué va todo esto. Todo este disparate. A veces uno busca consuelo pensando que es una conspiración de los poderes político-mediáticos con el fin de llevarnos a un régimen al estilo chino. Buenos y malos ciudadanos para tenernos divididos, es decir, manejables. Pero, pasado el primer sofocón, me doy cuenta de que aquí nada hay premeditado. Es, sencillamente, que unas cosas traen otras y estas otras más. Y si la cosa va cuesta abajo, que es como venimos hace tiempo, llega un momento que la velocidad se dispara y ya solo el tortazo lo puede parar. Y eso es lo que me parece, que estamos ya a dos centímetros del tortazo. 

Y, en el entretanto, ya va para año y medio que el virus se pasea entre nosotros sin que hasta el momento haya tocado a uno solo de la gente que conozco. Parece imposible, pero así es. Por lo que sí parece estar tocada cada vez más gente es por la cólera. La grogne monte, insisten los medios libres franceses. Claro, es inevitable: el poder político ha puesto a trabajar a la gente en la imposible tarea de doblegar los designios de la naturaleza. Es lo de siempre, la soberbia que irrita a los dioses con la consiguiente exigencia de pago de un alto peaje para calmarlos. 

Con lo fácil y efectivo que nos había sido hasta ahora dejar hacer su trabajo al sistema inmunitario. Un sistema, todo hay que decirlo, cada vez más efectivo desde que hay buena comida, ejercicio al aire libre, etc., etc.. Pero, no, había que enmendarle la plana con el único fin que se sepa de enriquecer a unos cuantos... y mira que me fastidia decir tal cosa que parece lógica de parvulario. 

En fin, ayer fuimos a comprar una silla campestre y con otra que ya tenía María nos fuimos a sentar bajo un pino al borde del mar hacia el fondo de la bahía. Con la ciudad en frente y escuchando el runrún de los motores de las embarcaciones de recreo, allí estuvimos, María leyendo Sapiens y yo escuchando a Don Garfialo, hasta que el frío nos expulsó. ¡Leches, que veranito! Quizá sea por lo del virus. O por la grogne.

miércoles, 21 de julio de 2021

Jineteras

Escucho a un médico generalista de La Rochelle y encuentro un alma gemela. El problema éste del covid, que le dicen, no es otro que la consecuencia de la destrucción sistemática del antiguo sistema sanitario. Un sistema sanitario que se sustentaba en el médico de cabecera. Un vocacional que vivía permanentemente al pie del cañón. Y no crean que eso era muy sacrificado porque pocas profesiones han proporcionado tantas satisfacciones al que la practicaba. Pero llegó Franco con su socialdemocracia y la primera víctima fueron los médicos de cabecera. Ahora en vez de una persona concreta en la que confiar tienes un equipo de zánganos que no piensan en otra cosa que en el viaje a Cuba que les van a pagar los laboratorios. 

Todo lo que dice el médico de La Rochelle es exactamente lo que hacía mi padre hasta que llegó la peste socialdemócrata. Es decir, tener una relación de confianza y máximo respeto con su clientela. Los clientes sabían que allí estaba siempre para lo que fuese que le necesitasen y él sabía que nadie fallaría cuando el cobrador pasase por sus casas a por la iguala. Así, raro era el paciente que, de no precisar de la cirugía, necesitase pasar por el hospital. Y, cuando lo necesitaba, el médico de cabecera era imprescindible intermediario entre el paciente y el cirujano. 

¿A quién llamo yo ahora si me pongo enfermo? Pago por obligación el sistema público y por afición uno privado, pero no tengo la menor opción de que por ninguna de las dos partes venga un médico a auscultarme en mi cama caso de que me encontrase mal. Acuda a urgencias, me dirán si solicito asistencia.  

En fin, aquel liberalismo de entonces, frente a esta socialdemocracia de ahora. No, no veo yo progreso por ninguna parte. A no ser que por tal se tenga el que los médicos vayan con todos los gastos pagados a Cuba a tirarse a las jineteras. Entonces, sí que sí. 


Paparruchas


 

La esencia de la vida consiste en luchar por la libertad. Todo lo demás queda eclipsado ante tamaña empresa. Porque vivimos rodeados de todo tipo de parásitos que quieren limitárnosla en su propio beneficio. Todo ser humano alberga el sueño de que esclavizando a su vecino su vida mejorará. Al final, toda esa mandanga que llaman orden social no es más que el sometimiento voluntario de los más débiles a la voluntad de los más detestables. 

De ahí el que sea prioritario, al levantarse cada mañana, ponerse en actitud de examen de conciencia. ¿A quienes me estoy sometiendo? ¿A quienes quiero someter? Es, sin la menor duda, una tarea extenuante. Y es que desde muy niños nos martillean con la fantasía de que es inevitable ceder parte de tu libertad a cambio de unas migajas de seguridad. Y, así, de entrada, eres bombardeado con mensajes a propósito de la maldad intrínseca que supone la posesión de armas. Como si la posesión de armas no fuese el más poderoso instrumento para la nivelación entre los humanos. Con un arma al cinto nadie puede calibrar tus fuerzas por el tamaño de tus músculos. 

Porque, no se llamen a engaño, nuestra más persistente ocupación consiste en calibrar las fuerzas del vecino. 

En fin, que la gente en general se atiborra de películas del oeste y pareciera que son incapaces de extraer la única conclusión que se desprende de todas ellas: el más libre de todos es el que mejor dispara. Todo lo demás son paparruchas para que el invento dure dos horas.  

martes, 20 de julio de 2021

Hierbas del campo


Con lo que nunca cuenta el poder es con la determinación de un pequeño porcentaje de población. No pueden entender que un pequeño porcentaje de varios millones es mucha gente no dejándose amedrentar. Son los The Freedom Warriors. Ellos no van a salvar a palestinos ni a mujeres oprimidas ni a glaciares alpinos. Ellos solo luchan para que nadie les toque los cojones. Quieren ser libres para poder equivocarse un millón de veces. Para elegir la manera de su suicidio. 

Y ya llegan noticias de sus primeras victorias. Y muchas más que llegarán. Porque la historia no para y siempre va en la misma dirección: la del individuo que toma conciencia de sí mismo. Y no importan los pasos hacia atrás que parezca dar la humanidad porque el balance final siempre es el aumento de la pequeña minoría que no se doblega.  

Así es que tratarán de impedirme que haga ciertas cosas y vaya a ciertos sitios. Me la suda. Siempre, por mucho que se esfuercen en reprimir, habrá millones de opciones entre las que escoger. Pero nadie me va a imponer el que haga lo que no quiero hacer. No voy a claudicar por un plato de lentejas. Comeré, si es preciso, hierbas del campo.

sábado, 17 de julio de 2021

Que siga la racha


"The only pandemic we have is the unvaccinated, their killing people". (La única pandemia que hay es la de la gente que no se quiere vacunar, ellos están matando a la gente). Esto es lo que ha contestado el Presidente de los EEUU a una pregunta de un periodista.  

Este es el estado de la cuestión: el hombre más poderoso del planeta, como se suele decir, llamando a la discordia. Mataros los unos a los otros, es lo que ha venido a querer decir, aunque, quizá, sea tan tonto que ni siquiera se haya enterado. 

Y, mientras tanto, en Francia continua la tensa espera de l´etincelle que haga saltar todo por los aires. La chispa sobre el polvorín. Afortunadamente la policía, o parte de ella, no está por la labor de hacerle el trabajo sucio al niñato Macrón. 

También en Cuba hemos visto a policía aplaudiendo a los manifestantes. Y Maduro ha enviado su avión presidencial a la Habana, supongo que por si se da el caso más que probable de que alguien tiene que salir por patas. Es lo que tiene tener buenos amigos. 

Y, aquí, de momento, funciona Mercadona y el Remigio´s. Bueno, también el Marcial, pero yo, ahí, como ya les dije, no entro. El resto, una ruina, para qué nos vamos a engañar. Las plantas del hospital de referencia, que le dicen, siguen vacías. Los médicos, en sus casas, cobrando el sueldo integro y atendiendo la clientela privada que se les ha multiplicado como dicen que lo hacen los cánceres. Llamé a uno para una cosilla que me ha surgido y me dijo su fámula que ya no acepta nuevos pacientes. 

En fin, yo, por mi parte, feliz de poder seguir matando gente. Y que siga la racha.   

jueves, 15 de julio de 2021

Revisitando la Bastilla

Macrón, sin la menor duda, es un niñato que no sabe donde la tiene. Ni al mísmisimo demonio se le ocurre servir en bandeja a los franceses la posibilidad de una nueva toma de la Bastilla. Pues bien, en ello estamos. Emociona ver a la policía recular mientras los más cachas y exaltados avanzan al ritmo que marcan las mazas que golpean los bidones. Desde luego que la puesta en escena, ya de por sí, es como para poner los pelos de punta a cualquiera, incluido el niñato Macrón y su multiquirurgizada mamasita. ¡Por dios bendito, qué pareja más rídicula! La decadencia absoluta.

 De hecho, las televisiones oficiales francesas ya han empezado a ofrecer espacio a los tibios disidentes. Sí, pero bueno, ya saben, en todo caso... no va a ser fácil encontrar una salida controlada al galimatías. La gente, cada vez más, está cayendo en la cuenta de que el poder que nos gobierna pretende ser absoluto y, eso, en el imaginario popular solo lo puede curar la guillotina. Así que prepárense para una inminente vuelta de la tortilla. Hagan acopio de víveres en casa y saquen dinero del banco, porque más vale un porsiacaso que dos pensequé. 

Sí, demasiados años ya cantando la milonga del mejor de los mundos posibles. Toda esa ideología que vienen vendiendo de hace cincuenta años para acá a los niños en los colegios de todo el mundo. Y aquí tenemos ahora las consecuencias: la frustración y el miedo. Bueno, ya saben lo que pasa cuando los animales se sienten acorralados. 

En fin, perdonen mi crudeza, pero es que me parece de todo punto inútil seguir disfrazando la realidad de veraneo en la playa.  

miércoles, 14 de julio de 2021

Otra vez dos ciudades

Confieso que estoy al borde de un ataque de nervios. Acabo de escuchar al Presidente Macrón anunciando las medidas que se van a imponer en Francia para hacer la vida imposible a los que no se quieran vacunar. Para ser exactos habría que decir que se trata del asesinato civil. A un no vacunado no le va a quedar otro remedio que pasar a la clandestinidad. Es algo tan demencial que lo que en realidad ha anunciado Macrón es el comienzo de una guerra civil. Porque nadie con dos dedos de frente puede pensar que la gente se va a quedar de brazos cruzados si le impiden entrar en Carrefour por no tener todos los carnets sanitarios en regla. Porque, además, es eso, que hay que vivir para tener los carnets en regla, todo el puto día dejándose meter palos por la nariz o el culo para ver si eres un apestado o no. Es absolutamente demencial, pero que podemos esperar de un tipo que se casó con su madre. Había que verla, al lado de su niño, con su atuendo de adolescente. Recordaba mucho a aquellas aristócratas de finales del XVIII, a las que atiborrarse de afeites de nada les sirvió  a efectos de librarse de la guillotina.

Pues sí, lo siento, pero esto pinta fatal. Bueno, parece ser que en Londres, después de la gigantesca manifestación del otro día, las cosas van tomando otro cariz más razonable. Boris ha visto las orejas al lobo y, como es inglés, hace honor al lema patrio de enmendarla y no sostenella. De resultas de todo lo cual, al final, volveremos a revisitar la "Historia de dos ciudades". Londres y París, tan cerca en lo geográfico y tan lejanas en lo espiritual. 

Y aquí, pues eso, amenazando. De hecho, dicen que han promulgado una ley para hacer obligatoria la vacunación. Francamente, no me lo creo. Pero, de ser así, va a ser muy interesante observar los acontecimientos por venir. En fin, malos tiempos para la lírica. Pero quizá buenos para la épica. 

lunes, 12 de julio de 2021

¡Aux armes citoyens!

 ¿Y si fuese verdad que los cubanos se han decidido de una vez por todas a librarse de los parásitos que les vienen chupando la sangre de hace ya más de sesenta años para acá? Sería una noticia maravillosa. Una estocada a la cultura del resentimiento. Del resentimiento que por instinto sienten los débiles hacia los que creen son más fuertes que ellos. Porque ¡Dios mío, cómo se han estado resarciendo estos últimos sesenta años todos los mierdas del mundo a costa del sufrimiento de los cubanos! Aquí, en España, ¿cuántos mierdas no habré conocido yo que iban a Cuba con su visa en bandolera y luego volvían contando lo maravillosa que era la gente cubana a la que, por dos perras, habían invitado a un festín? Ya saben lo que para un mierda es poder sentirse superior por un par de días. Y eso era, precisamente, lo que les proporcionaba el régimen cubano, ser cien veces más ricos que los que les rodeaban... aunque aquí fuesen unos putos obreros o camareros o cosa por el estilo.    

Pocas cosas me habrán abierto más los ojos que haber escuchado a todos aquellos fracasados que volvían de Cuba contando maravillas. Sí, sí, lo confieso, algunos a los que tenía por amigos y que a D. G. perdí de vista hace mucho tiempo. Supongo que por ahí seguirán, venga y dale a lo de las conquistas de la revolución y lo de los gusanos. Porque toda gran mentira necesita para sustentarse de unos enemigos despreciables. 

Bueno, me consuela pensar que en el mundo nada es baladí. De todo lo que pasa se pueden extraer enseñanzas. Y cuando más cruel parece ser lo que pasa más enseñanzas se extraen. Y así es que quizá los dioses se inventaron lo de Cuba para que, al contemplarlo, los necios como yo recibiésemos un empujoncito que nos tirase del caballo camino de Damasco. Y por supuesto que fue duro el tiempo que permanecí por los suelos huérfano de toda simpatía por parte del entorno. Es lo que tiene el adelantarse a los que te acompañan. 

En resumidas cuentas, que puestos a soñar vamos a suponer que esto que dicen que está pasando en Cuba es el pistoletazo de salida para la carrera que el mundo tiene pendiente. Porque, digamos que la mafia del poder en Cuba es el paradigma mundial de las mafias del poder, pero, no nos engañemos, porque las mafias del poder, aunque con diversos camuflajes más o menos simpáticos, son exactamente iguales en todo el mundo. O es que alguno de ustedes es tan simple como para no sentir el aliento de los políticos en el cogote. Es insoportable, están hasta en la sopa. Ayer me dijo el camarero del Remigio´s que es probable que mañana les vuelvan a cerrar el bar. Claro, no me extraña, porque la gente va cayéndose por la calle y las cunetas están llenas de muertos. ¿A ver quién es el guapo que no tiene cuatro o cinco sucesos luctuosos en la familia desde que empezó este circo? Y es que está todo lleno de traidores que ayer eran negacionistas y anteayer irresponsables. Quizá mañana se hayan convertido en alimañas que hay que abatir. Porque es que, además, como dijo ayer el primer ministro francés: ¡Pero por el amor de Dios, con lo fácil que es vacunarse!

En fin: ¡aux armes citoyens!

domingo, 11 de julio de 2021

Atributos

De la propaganda institucional:


"Remember to get vaccinated or a vaccinated person might get sick from the virus they got vaccinated against because you´re not vaccinated."


"Vacúnate o una persona vacunada puede enfermar por el virus contra el que ha sido vacunado porque tú no te has vacunado." 


*****

  

Bueno, éste es el estado real de la situación. El triunfo absoluto del marxismo. Del de Groucho quiero decir. 

Porque el caso es que con estas proposiciones completamente fuera de toda lógica es como el poder en curso ha conseguido construir una nueva grieta mucho más insalvable que las anteriores para dividir a los humanos. Sí, porque  la grieta que separa la izquierda de la derecha ya casi es imperceptible. La gente se pasa de un lado a otro con un descaro insufrible. Sin embargo esta nueva va de jugarse la vida. O sea, que las diferentes opciones son más irreconciliables que nunca. Un vacunado, por definición, tiene que ver en un no vacunado un atentado a su integridad física. A partir de aquí, ya solo queda sacar las armas a pasear. 

Así son las cosas y así se las cuento para que estén preparados para lo que se nos viene encima. Aunque ya sé que me tomarán por loco por lo que digo. Siempre fue igual y por eso los griegos inventaron a Casandra. O es que todos ustedes, los que se han vacunado, pueden mirar sin diversos grados de aprensión a los que saben no vacunados.  Que no por otra cosa es el que lo primero que te pregunta alguien con el que te topas por la calle es si ya te has vacunado. Y no te digo ya el carácter sombrío que va tomando el asunto a medida que va creciendo la sospecha de que las susodichas vacunas no solo son inútiles sino, también, de que puede que sean peligrosas. 

¡Ya te digo, pasaporte sanitario! Para agarrar un avión o entrar a un pub. O para lo que sea. ¡Por Dios bendito! ¿Pero dónde quedó la famosa dignidad? Claro, se empieza recogiendo cacas de perro por la calle y se acaba como se acaba, o sea, sin atributos. No, desde luego, que conmigo no cuenten. Nunca recogí cacas y menos las voy a recoger ahora cuando la vida ya me importa un comino. 

sábado, 10 de julio de 2021

La luz

A mí con los escritores me pasa lo que a los antiguos griegos les pasaba con sus dioses. Se sacaban uno de la manga para cada particular situación. Es lo mismo que hacen los judíos con la Biblia o prodríamos hacer, caso de no ser tan burros, los españoles con El Quijote... ya saben, nos negamos a leerlo. Todas las situaciones de la vida tienen un fiel reflejo en cualquiera de esas geniales construcciones de la mente humana. Ese fiel reflejo que aporta luz si lo miras de frente y sin complejos. Y ya saben lo que pasa con la luz, que no hay bálsamo más poderoso para el espíritu atribulado.

El caso es que el otro día fui dolorosamente perturbado por una contestación desabrida y, a lo que me pareció, llena de superioridad moral. Viniendo de donde venía no pude evitar que la estocada afectase a lo más hondo de mi autoestima. Era como la prueba del nueve de mi absoluto fracaso vital. Tuvo que pasar un rato antes de que Jasón y los Argonautas viniesen en mi ayuda. En resumidas cuentas, ¿Qué otra cosa podría haber esperado? 

Y entonces me acorde de aquel texto que podría venir como de molde para contestar a la desabrida contestación. Dice así:   



"Estimado Hans van den Broek:


Gracias por su carta informándome de la retirada de uno de mis libros de la biblioteca de Nijmegen. Y de que lo acusan de discriminación contra la gente negra, homosexuales y mujeres. Y de que es sádico porque aparece el sadismo.


Lo que yo temo discriminar es el humor y la verdad.


Si he escrito mal sobre negros, homosexuales y mujeres es porque así eran los que conocí. Hay muchos "malos" --perros malos, mala censura hay incluso hombres blancos "malos". Sólo que cuando uno escribe sobre hombres blancos "malos", estos no se quejan. ¿Y será necesario decir que existen "buenos" negros, "buenos" homosexuales y "buenas" mujeres?


En mi trabajo como escritor me limito a fotografiar con palabras lo que veo. Si escribo sobre "sadismo" es porque existe, no lo he inventado yo. Y si ocurre algo terrible en mi obra es porque esas cosas pasan en nuestras vidas. No estoy del lado de la maldad, si es que abunda algo como el mal. En mi escritura no siempre estoy de acuerdo con lo que ocurre, ni me regodeo en el lodo por puro gusto. Además, es curioso que la gente que despotrica contra mi obra parece no haberse fijado en las partes que conllevan alegría y amor y esperanza, porque esas partes existen. Mis días, mis años, mi vida ha tenido altibajos, zonas claras y zonas oscuras. Si escribiera solo de las "luminosas" y nunca mencionara las otras, sería un mentiroso como autor.


La censura es la herramienta de quienes necesitan esconderse la realidad a sí mismos y a los demás. Lo único que temen es su incapacidad de enfrentarse a lo real, y yo no puedo enojarme con ellos. Sólo siento una horrible tristeza. En algún lugar, mientras crecían, los protegieron contra la totalidad de sucesos de nuestra existencia. Les enseñaron a mirar las cosas solo de una manera aunque existan muchas.


No me desanima que un libro mío haya sido cazado y retirado de las estanterías de una biblioteca local. En cierto sentido, me honra haber escrito algo que ha despertado a esa gente y la ha sacado de sus más bien leves profundidades. Pero me duele, si, cuando se censura un libro de otra persona, pues por lo general se trata de un gran libro y de ésos hay pocos y a lo largo de los tiempos esos libros han terminado a menudo siendo clásicos, y lo que antaño se consideraba escandaloso e inmoral se ha convertido hoy en lectura obligatoria en muchas universidades.


No digo que mi libro sea uno de ellos, pero digo que en nuestra época, en este tiempo en que cualquier momento podría ser el último para muchos de nosotros, es condenadamente molesto e imposiblemente triste que sigamos teniendo entre nosotros a gente pequeña, amargada, cazadores de brujas y voceros contra la realidad. Y sin embargo, también éstos merecen un lugar a nuestro lado, son parte del todo, y si no he escrito sobre ellos quizá debería hacerlo aquí, y con eso basta.


quizás seamos mejores todos juntos,


suyo, Charles Bukowski"

viernes, 9 de julio de 2021

Effondrement

Ayer por la tarde nos llegamos hasta la playa de Berria. Berria es el istmo que une el monte Buciero a tierra firme. Me imagino que no siempre habrá estado ahí porque es una lengua muy tenue de arena. Pero, para el caso da igual porque ahí está con su carretera bordeada de escasas residencias veraniegas y su playa vigilada por los ojos de los que tienen cuentas pendientes con la justicia. Todo tan funcional que ni siquiera parece un resort al uso si no más bien una playa doméstica, es decir, para uso de los lugareños. 

A mí lo de la playa, ni fu ni fa. Me dice María que vayamos y digo que si. Es una forma de pasar el rato como otra cualquiera y, Berria, precisamente, a marea baja es un gigantesco arenal de más de dos kilómetros de longitud en el que puedes pasear a gusto sin sentirte carne amontonada. Bueno, lo de a gusto es un decir, porque con la procesión que llevo por dentro el gusto se me avinagra a la primera de cambio. Voy agradablemente distraído en la contemplación de unos niños que juegan a construir castillos en España, como dicen los franceses y, de pronto veo cien metros más allá lo que se diría un hormiguero humano. Son veinte o treinta adolescentes embutidos en sus trajes de neopreno que atienden las indicaciones de un monitor. Irremisiblemente me da la bajona nada más verlos. ¡Pero esto que es! Unos chavales que necesitan esos trajes y los servicios de un monitor para aprender a surfear una ola. Bueno, en Extremadura pusieron monitores para enseñar a masturbarse, así que...  

Claro, después a qué extrañarse de que toda esa chiquillería que ha necesitado un monitor para lo que todo el mundo aprendió siempre con cuatro meneos a pelo y andando, vaya por la calle empavorecida con la mascarilla calada y ávidos de las dos dosis de la pócima sagrada. En fin, allá ellos si no se quieren enterar de que están llamados a ser la generación del effondrement, que le dicen. Eso sí, se hundirán, bien sure, pero con la superioridad moral puesta en bandolera. ¡Pues anda que no les han enseñado de eso todos los monitores por los que han pasado! 

jueves, 8 de julio de 2021

Gloomy

Vengo de tomarme un pincho de tortilla y un café con leche en el Remigio´s. A pesar de lo bueno que estaba todo, de la rokanrroleska música y de la deslumbrante sonrisa de Magic Johson llenando las diez pantallas del local, el ambiente pintaba tirando a gloomy. Supongo que será por la natural evolución de los acontecimientos en curso a lo que hay que añadir todos esos negros nubarrones que con ininterrumpida cadencia vienen por el lado noroeste y descargan su furia sin conmiseración. Esto no es, ya, que pase de castaño oscuro, es que sobrepasa la negrura del sobaco de un grillo, como les gustaba decir a los Proscritos de Alar. 

El caso es que ayer entramos a comer en un reconocido restaurante de la costa y no había traspasado el umbral cuando ya me habían interpelado por no llevar mascarilla. Contesté a la interpelante, una chiquita muy joven, con desabrimiento y, por supuesto, no me la puse. El jefe que andaba por allí hizo caso omiso. Todo ello no fue óbice para que nos atendiesen con corrección. Como dejamos generosa propina el personal se esforzó en aparentar amabilidad cuando abandonamos el lugar. Pero, lo tengo que confesar, todo aquello también estaba un poco gloomy. Por mucho que nos hubiésemos esforzado no hubiéramos podido evitar pasarnos toda la comida escuchando glosas sobre el monotema. Que si las vacunas, que si los intensivos... ya saben, el consuelo de los desgraciados. 

Luego, por la noche, María me enseño la noticia que le había llegado a su móvil. La mitad de los ingresados por el asunto de marras, la mayoría vacunados, rondan la media edad y todos, absolutamente todos, los que están en intensivos son gente que había recibido las dos dosis preceptivas de vacuna. Bueno, supongo que tal es la razón de que me miren tan mal por la calle. Es más que probable que toda esa pobre gente que se sube y ajusta la mascarilla cuando se cruzan conmigo piense que soy el responsable de todos los males que asolan a la patria. Un ser odioso que no se pliega al dictado de la mayoría. Sí, la cosa se está poniendo muy chunga, porque toda esa gente atemorizada está en un tris de volverse peligrosa. Y no lo duden, tarde o temprano acabarán saltando sobre el cuello de médicos, periodistas y políticos, pero no sin antes haber liquidado a todos los que no hemos querido tragar el anzuelo.  

¡Por dios bendito, qué locura! El periódico de mayor difusión de la región anuncia a toda plana que todos los ingresados en la UCI son gente vacunada y todavía no he oído que alguien haya ido a pedir explicaciones al virólogo Sr. Revilla. Bueno, vamos a ver qué pasa. 

miércoles, 7 de julio de 2021

No lo hagas

Llueve y llueve y llueve como recuerdo que lo hacía cuando era niño y me desesperaba porque el río bajaba muy crecido y, así, no había manera de sacarle partido.  Y entonces me acuerdo de lo que dijo el poeta: 

"Si no te sale ardiendo de dentro,
a pesar de todo,
no lo hagas.
A no ser que salga espontáneamente de tu corazón
y de tu mente y de tu boca
y de tus tripas,
no lo hagas.
Si tienes que sentarte durante horas
con la mirada fija en la pantalla del ordenador
ó clavado en tu máquina de escribir
buscando las palabras,
no lo hagas.
Si lo haces por dinero o fama,
no lo hagas.
Si lo haces porque quieres mujeres en tu cama,
no lo hagas.
Si tienes que sentarte
y reescribirlo una y otra vez,
no lo hagas.
Si te cansa sólo pensar en hacerlo,
no lo hagas.
Si estás intentando escribir
como cualquier otro, olvídalo.

Si tienes que esperar a que salga rugiendo de ti,
espera pacientemente.
Si nunca sale rugiendo de ti, haz otra cosa.

Si primero tienes que leerlo a tu esposa
ó a tu novia ó a tu novio
ó a tus padres ó a cualquiera,
no estás preparado.

No seas como tantos escritores,
no seas como tantos miles de
personas que se llaman a sí mismos escritores,
no seas soso y aburrido y pretencioso,
no te consumas en tu amor propio.
Las bibliotecas del mundo
bostezan hasta dormirse
con esa gente.
No seas uno de ellos.
No lo hagas.
A no ser que salga de tu alma
como un cohete,
a no ser que quedarte quieto
pudiera llevarte a la locura,
al suicidio o al asesinato,
no lo hagas.
A no ser que el sol dentro de ti
esté quemando tus tripas, no lo hagas.
Cuando sea verdaderamente el momento,
y si has sido elegido,
sucederá por sí solo y
seguirá sucediendo hasta que mueras
ó hasta que muera en ti.
No hay otro camino.
Y nunca lo hubo."

domingo, 4 de julio de 2021

Bares

Nunca he entrado en el Marcial. Es un local de techo bajo, cuatro mesas en fila junto a la pared enfrente del mostrador. No creo que entre todo llegue a los treinta metros cuadrados a los que hay que añadir los cuatro bajo el mugriento toldo de la entrada. Visto así es difícil explicarse el éxito que tiene. A las seis de la mañana ya hay gente fumando bajo el toldo y bebiendo lo que sea. Y dentro, a rebosar. Cierra un rato a media tarde y luego abre hasta que se larga el último cliente. Pueden ser a las diez o pueden ser a las doce, da lo mismo porque, como digo, a las seis no falla, que no hay día que no haya gente esperando el mágico momento a la puerta. 

En donde suelo parar a redesayunar, y algún día a comer, es en el Remigio´s Sport Tavern, un pub junto al carrefour que distribuye la vida del barrio: la Albericia, Repuente, Lavapiés y La Gloria. Dentro del local no sabes si estás aquí o en algún lugar de Inglaterra o Irlanda. Tiene dos terrazas, una recogida, por su entrada sur, en la que es difícil encontrar mesa, y otra por su lado este, al borde de la rotonda, justo donde está el monumento a las víctimas de una bomba que puso ETA en el lugar. Anyway, dentro, al sur, por el este, nunca falta la nutrida clientela, en distendida actitud, para darle el colorido. . 

Hay otros bares en el barrio, el Tuco, Marea, El Establo. Todos tienen sus adeptos. Todos cumplen su función. Sin ellos no se me ocurre como se podría mantener la armonía. Porque de eso se trata, de que la gente se conozca y confíen los unos en los otros. Y eso la gente ya se dio cuenta de que no lo consigue en las iglesias, ni en los centros cívicos que la interesada generosidad de los gobiernos disemina por doquier. 

Esa es la clave, el culto a Dionisos que exalta la amistad, pierde el miedo a la autoridad, se mofa del clero y, si la necesidad apura, te instala en el deliriun tremens y que aquí me las den todas. O sea que, pocas bromas al respecto o te pasará lo de Penteo. ¡Cerrar los bares, ya te digo! La Sra. Ayuso, de Madrid, los mantuvo abiertos y arrasó. El Sr. Revilla, los cerró y la gente le escarnece por las calles. Así de sencillo. Bueno, ahí reside toda la diferencia, que Ayuso, o su consejero aúlico, leyó a Eurípides y Revilla y sus consejeros, caso que los tenga, no. 

Al final, el manejo de todo el asunto éste de la pandemia de marras va a consistir en eso, el diferente tratamiento que unos y otros dieron al culto a Dionisos. Y aquí sí que es donde la palabra cultura adquiere su más auténtico significado. Conocer nuestra historia para no repetir los errores. Los de Penteo.