miércoles, 14 de julio de 2021

Otra vez dos ciudades

Confieso que estoy al borde de un ataque de nervios. Acabo de escuchar al Presidente Macrón anunciando las medidas que se van a imponer en Francia para hacer la vida imposible a los que no se quieran vacunar. Para ser exactos habría que decir que se trata del asesinato civil. A un no vacunado no le va a quedar otro remedio que pasar a la clandestinidad. Es algo tan demencial que lo que en realidad ha anunciado Macrón es el comienzo de una guerra civil. Porque nadie con dos dedos de frente puede pensar que la gente se va a quedar de brazos cruzados si le impiden entrar en Carrefour por no tener todos los carnets sanitarios en regla. Porque, además, es eso, que hay que vivir para tener los carnets en regla, todo el puto día dejándose meter palos por la nariz o el culo para ver si eres un apestado o no. Es absolutamente demencial, pero que podemos esperar de un tipo que se casó con su madre. Había que verla, al lado de su niño, con su atuendo de adolescente. Recordaba mucho a aquellas aristócratas de finales del XVIII, a las que atiborrarse de afeites de nada les sirvió  a efectos de librarse de la guillotina.

Pues sí, lo siento, pero esto pinta fatal. Bueno, parece ser que en Londres, después de la gigantesca manifestación del otro día, las cosas van tomando otro cariz más razonable. Boris ha visto las orejas al lobo y, como es inglés, hace honor al lema patrio de enmendarla y no sostenella. De resultas de todo lo cual, al final, volveremos a revisitar la "Historia de dos ciudades". Londres y París, tan cerca en lo geográfico y tan lejanas en lo espiritual. 

Y aquí, pues eso, amenazando. De hecho, dicen que han promulgado una ley para hacer obligatoria la vacunación. Francamente, no me lo creo. Pero, de ser así, va a ser muy interesante observar los acontecimientos por venir. En fin, malos tiempos para la lírica. Pero quizá buenos para la épica. 

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