Vengo de tomarme un pincho de tortilla y un café con leche en el Remigio´s. A pesar de lo bueno que estaba todo, de la rokanrroleska música y de la deslumbrante sonrisa de Magic Johson llenando las diez pantallas del local, el ambiente pintaba tirando a gloomy. Supongo que será por la natural evolución de los acontecimientos en curso a lo que hay que añadir todos esos negros nubarrones que con ininterrumpida cadencia vienen por el lado noroeste y descargan su furia sin conmiseración. Esto no es, ya, que pase de castaño oscuro, es que sobrepasa la negrura del sobaco de un grillo, como les gustaba decir a los Proscritos de Alar.
El caso es que ayer entramos a comer en un reconocido restaurante de la costa y no había traspasado el umbral cuando ya me habían interpelado por no llevar mascarilla. Contesté a la interpelante, una chiquita muy joven, con desabrimiento y, por supuesto, no me la puse. El jefe que andaba por allí hizo caso omiso. Todo ello no fue óbice para que nos atendiesen con corrección. Como dejamos generosa propina el personal se esforzó en aparentar amabilidad cuando abandonamos el lugar. Pero, lo tengo que confesar, todo aquello también estaba un poco gloomy. Por mucho que nos hubiésemos esforzado no hubiéramos podido evitar pasarnos toda la comida escuchando glosas sobre el monotema. Que si las vacunas, que si los intensivos... ya saben, el consuelo de los desgraciados.
Luego, por la noche, María me enseño la noticia que le había llegado a su móvil. La mitad de los ingresados por el asunto de marras, la mayoría vacunados, rondan la media edad y todos, absolutamente todos, los que están en intensivos son gente que había recibido las dos dosis preceptivas de vacuna. Bueno, supongo que tal es la razón de que me miren tan mal por la calle. Es más que probable que toda esa pobre gente que se sube y ajusta la mascarilla cuando se cruzan conmigo piense que soy el responsable de todos los males que asolan a la patria. Un ser odioso que no se pliega al dictado de la mayoría. Sí, la cosa se está poniendo muy chunga, porque toda esa gente atemorizada está en un tris de volverse peligrosa. Y no lo duden, tarde o temprano acabarán saltando sobre el cuello de médicos, periodistas y políticos, pero no sin antes haber liquidado a todos los que no hemos querido tragar el anzuelo.
¡Por dios bendito, qué locura! El periódico de mayor difusión de la región anuncia a toda plana que todos los ingresados en la UCI son gente vacunada y todavía no he oído que alguien haya ido a pedir explicaciones al virólogo Sr. Revilla. Bueno, vamos a ver qué pasa.
Esto del Tabardillo es la repera.Ahora resulta que si te han vacunado tienes más riesgo de palmarla .Es lo que tiene la diletancia de nuestra Politiques que nos asola. Yo sigo como tú ,sin vacuna y sin niños muertos.Entre nosotros ,querido Pedro,que les den por culo y mal.
ResponderEliminarPues sí, que les den y mal. Aunque sospecho que cuanto peor les den más van a gozar.
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