lunes, 14 de febrero de 2022

Depravación

Anoche estuvimos un rato viendo Short Cuts, una película de Robert Altman basada en relatos de Carver. Por la mañana había continuado con la lectura de El Buscón Don Pablos de Quevedo. Pues bien, tal para cual. La depravación humana a modo de maldición bíblica. No hay escapatoria. Ya se había dado cuenta Dios de que el diluvio no había servido para nada: "No volveré a maldecir la tierra a causa del hombre. Sí, el corazón del hombre se pervierte desde la juventud; pero no volveré a matar a los vivientes como acabo de hacerlo."

Así que ya me dirán ustedes lo que vamos a poder hacer los mortales con nuestras ingenierías sociales si hasta Dios ya desistió hace tiempo. 

De todas formas a lo que quería ir es a comentarles el truco que hay en toda esa literatura y cinematografía que se dedica a poner la lupa sobre la depravación de los humanos. Si bien lo miramos nos daremos cuenta de que a la postre no es más que otra forma de populismo. O sea, decir a la gente lo que le gusta escuchar. Algo que nos consuela porque apacigua el pesar que todos llevamos dentro por aquello de que tire la primera piedra el que está libre de culpa. Ya saben, lo de mal de muchos, consuelo de tontos. 

El ser humano tiene muy pocas posibilidades de controlar sus emociones. Por no decir ninguna. Cuando nos embriagamos con cualquier cosa que sea nos dedicamos a fantasear con un mundo de color rosa y, después, cuando la inevitable resaca que sigue a toda embriaguez, pasamos como por ensalmo a recrearnos con las miserias humanas que creemos ver por doquier. Pasamos lo más de nuestras vidas en la pura irrealidad porque todos tenemos algo de eso que antes se decía maniaco depresivo y ahora bipolar. Subimos a bajamos por el tobogán como auténticas marionetas. 

Y no me hago ilusiones, porque depravación hay para dar y tomar, pero también su contrario. La mayoría de la gente la mayor parte del tiempo cumple con la ley de Dios. No tienes más que levantarte un día temprano y salir a pasear por la ciudad para comprobarlo. La gente va a sus trabajos. Otros llevan a sus hijos al colegio. Otros levantan la persianas de sus establecimientos. Otros llevan las porras al bar de la esquina para que los parroquianos las puedan desayunar. Un mundo armónico en definitiva que es el real... el de ni tantas velas que quemen al santo, ni tan pocas que no le alumbren. Pero, claro, con estos mimbres, como dicen los tertulianos, es muy difícil escribir novelas y hacer películas. ¿A quién le iba a interesar que le cuenten lo que está viendo por todos los lados a nada que esté en paz consigo mismo? 

sábado, 12 de febrero de 2022

Acerca de Dios

Estamos atravesando tiempos terroríficos. Un día tras otro me llegan noticias que prefiero olvidar al instante so pena de subir al terrado para arrojarme al vacío. ¿Cómo pueden pasar estas cosas si no hay una firme voluntad de suicidio colectivo? ¿Es que no le llegan al común de los mortales los datos de las consecuencias catastróficas que está teniendo la obediencia ciega a los designios de las autoridades políticas? Hace dos días murió Luc Montagnier y ni una palabra en los MSM -main streaming media-, o sea, esas grandes cabeceras periodísticas sustentadas en la actualidad con dineros públicos. ¿Por qué iban a mentarle si se había declarado abiertamente negacionista? Que fuese el más prestigioso virologista que había dado el siglo, eso, pelillos a la mar. Y, en el entretanto, la chusma corriendo ciega hacia el precipicio porque piensa que va a encontrar allí la seguridad que son incapaces de encontrar en su lucha diaria contra las naturales adversidades de la vida. Sí, son tiempos terroríficos y más vale que no les cuente de lo que me estoy enterando porque a algunos se les iban a poner los pelos de punta. Porque, lo siento por ustedes, pero hay lugares en los que uno se puede informar con cierta fiabilidad. Lugares que ya advirtieron, punto por punto, lo que está pasando y está por pasar por aquello de creer en soluciones milagrosas a problemas que quizá ni existan. 

Pero no se me amoinen, porque es precisamente en la máxima oscuridad donde más brillan las luces. Por eso mismo es tan decepcionante ponerse a identificar estrellas una noche de luna llena. Y por eso era, porque había cierta luz en el ambiente, que no me había dado cuenta hasta punto brilla la luz que emana de Jordan Peterson. Y no es que yo sea, precisamente, un mitomaníaco que va por ahí buscando algo a lo que agarrarse, pero mi esfuerzo continuado por salir de la ceguera  me ha proporcionado algún olfato a la hora de identificar esas luces tan necesarias para evitar el extravío siquiera en una pequeña proporción, la suficiente, en cualquier caso, para no desesperar. Pues sí, Jordan, curioso nombre con reminiscencias de bautismo, es el predicador que, no sé si el mundo, pero que desde luego yo estaba esperando escuchar como si fuese agua de mayo.  

Hay en YouTube un vídeo suyo titulado: La gente ha olvidado esta verdad acerca de Dios: desentrañando tu fe. Me ha dejado turulato. Por primera vez ha comprendido que lo de creer en Dios es más que nada una cuestión de consecuencia. Si crees quiere decir que le temes y por eso cumples a rajatabla, pongamos que, con las tablas que Moisés bajó del monte. Si no cumples es sencillamente porque no crees y da igual lo que digas. Es una verdad trascendente y de nada sirve hacerse ilusiones. Nuestro objetivo en la vida es claro: hacer un mundo mejor con nuestro sacrificio. Es lo único que nos reconcilia con la vida. Y toda esa mandanga con la que pretendemos escabullirnos de nuestro objetivo esencial no hace más que, tras una efímera ilusión, sumirnos más y más en la desesperación. 

En fin, que espero que Dios me perdone por toda la necedad de que hice gala a lo largo de mi ya larga vida. 

viernes, 11 de febrero de 2022

Desalemanizarse

 "Otra cosa he visto bajo el sol, y fue para mí una gran lección: había una ciudad pequeña, de pocos habitantes; vino un rey poderoso que la cercó, montó contra ella fuertes piezas de asedio; había en la ciudad un hombre pobre, pero hábil, capaz de salvar la ciudad con su destreza, pero nadie se acordó de aquel pobre. Y me dije: sí, <<vale más maña que fuerza>>, solo que la maña del pobre se desprecia y nadie hace caso de sus consejos. Y eso que se escuchan mejor las palabras tranquilas de un sabio que los gritos de un capitán de necios. Más vale maña que armas de guerra." 

Supongo que este tipo de aforismos habrán servido a la humanidad para avanzar hacia un mundo mejor, pero es descorazonador comprobar como una y otra vez se tropieza en la misma piedra de preferir los gritos de los capitanes necios. Y eso por más de que al final nunca ha quedado más remedio que acudir a la maña de los hombres sabios y por tanto pobres. Porque, no se engañen al respecto, nunca un sabio digno de tal nombre quiso ser rico. Y menos poderoso. Entendiendo rico y poderoso en el sentido que le da el vulgo y los diccionarios de las reales academias de la lengua... que no por otro sitio que esas academias es por donde empieza la tergiversación de la realidad. ¡Qué falta nos hacen para hablar como los ángeles! ¿O es que Cervantes y Quevedo necesitaron academias para escribir como escribieron? No, miren, es de esas academias e instituciones regulatorias similares de donde procede todo el mal del mundo. 

Pongamos ésta que dicen pandemia, creen ustedes que hubiera existido de haber estado el cuidado de los pacientes en manos de médicos de cabecera como mi padre. Él afrontó la gripe del 57 con total naturalidad. En vez de media docena de visitas domiciliarias, aquellos días hacía quince o veinte y eso fue todo. Por lo demás, el principal recurso terapéutico fue el habitual, es decir, el sentido común. Pero, de pronto, España empezó a alemanizarse y las instituciones públicas crecieron como hongos. La instituciones que no tienen otra finalidad que destruir al individuo por el simple procedimiento de diluir sus responsabilidades en el todo. ¿Quién es el guapo que pide cuentas a una institución que ha metido la pata hasta el corvejón? 

En definitiva, todos los parásitos del mundo corren a encalomarse en las instituciones y después no hay Dios que los desaloje. Cualquiera al que se le hayan encalomado unas palomas bajo el alero sabrá de qué estoy hablando. Así que mientras no hagamos con los parásitos lo que se suele hacer con esas palomas estaremos en las que estamos: tratando de curar la depresión inherente a la irresponsabilidad con remedios estúpidos. Por lo tanto, señoras y señores, si queremos poder volver a cultivar nuestro jardín no hay más remedio que matar a esos parásitos... en el sentido literal del término. 

jueves, 10 de febrero de 2022

Comedia

Hace unos días apareció un vídeo en youtube en el que el profesor Didier Rault explicaba de forma clara y concisa lo que es el sentimiento religioso. La gente, con los gobernantes a su cabeza, pasa de evidencias científicas y cree a pies juntillas en agüeros y hechicerías, que así era como el catecismo del Padre Estete calificaba a las tonterías que se utilizan para ahuyentar el miedo a la muerte. Son tonterías que tienen el denominador común de un fuerte potencial propiciador de la comunión de los santos. Como aquello que cantábamos de niños en el colegio: vamos todos de mil modos a la Reina de la Paz. Me lo contaba Isi el otro día mientras paseábamos, el día que sus tíos le llevaron a San Sebastián de Garabandal; allí tuvo la oportunidad de vivir una experiencia de histeria colectiva sin duda inolvidable. Tengan en cuenta que la histeria colectiva es la forma más acabada de comunión de los santos. O si mejor quieren de disolución del individuo en la masa. 

El profesor Rault se refería en este caso a las vacunas como cemento cohesionador. El que se la coloca se salva y el que la rechaza adquiere de inmediato la condición de paria. O de hereje para ser más exactos. El invento siempre funciona igual: no queremos a nuestro alrededor a gente que no crea porque nos pudieran inculcar la sombra de una sospecha. Y esa simple sombra puede desmoronar todo el andamiaje que sostiene la ilusión de seguridad. Porque el caso es que, siempre según el profesor Rault, es tanta ya la evidencia de que las vacunas son un bluf que hay que echarle más que imaginación, locura, para seguir dándolas algún crédito. 

Pues ahí lo tienen, una nueva religión que tiene divido al mundo entre santos y herejes. Claro que, cumpliendo aquel famoso adagio marxista de que lo que primero se produce como tragedia luego se reproduce como comedia, ahora estamos en plena comedia como lo demuestran la infinidad de vídeos y chistes que hacen escarnio de los creyentes y sus sumos sacerdotes. Hoy día, ser hereje, no se engañen al respecto, da un label de respetabilidad que, por cierto, se va acrecentando día a día a medida que la superstición va perdiendo brillo ante la incesante lluvia de evidencias. Ayer me mandaron por tres vías diferentes el video de la comparecencia de un profesor de mucho ringorrango en una comisión de investigación del parlamento español sobre las vacunas de marras. Era un video penoso a todos los efectos, primero por las contradicciones del compareciente y, por otra parte, por dejar al descubierto la miseria intelectual de las representantes de la soberanía popular, como se dice. En cualquier caso quedó bastante claro que el rey va desnudo. 

En fin, roguemos a los dioses para que el desmorone en curso de todo el andamiaje de falsedades no nos pille debajo. Aunque, ya digo, todo apunta a que esta vez, por mucho que los creyentes se aferren, va a ir de comedia. Cada vez se oyen más risas por ahí. 

lunes, 7 de febrero de 2022

A la vejez viruelas

Por entonces vivía en Barcelona y aunque solo fuese por entender las series británicas que ponían en la televisión local pensé que me merecía la pena aprender algo de catalán. Así que siguiendo mi lema de "pensado y hecho" me dirigí a una librería de la Plaza Urquinaona, creo recordar, especializada en libros religiosos. Me informé con un señor muy amable que había allí y, de resultas, salí a la calle con una Biblia en catalán bajo el brazo. De inmediato me enganché en su lectura. Era verano y me había quedado solo en aquella casa con un pasillo de más de veinte metros de largo. Así que con todas las ventanas abiertas lo recorría de este a oeste y vuelta a empezar mientras iba leyendo todas aquellas historias sabidas pero muy poco, por no decir nada, entendidas. De vez en cuando tenía que parar para mirar alguna palabra en el diccionario, pero la verdad es que no mucho porque la Biblia no se caracteriza por la floritura lingüística sino, más bien, todo lo contrario, es de su sencillez y precisión de donde emana su profundidad. O, si no es así, por qué otra cosa creen ustedes que después de veintitantos siglos siga no solo conservando sino acrecentando su prestigio. 

Esa profundidad que viene siendo sondeada domingo tras domingo en todas las iglesias del mundo. Unos extraen más y otros menos, pero todos sacan algo de allí. Digamos que la Biblia es el soporte para el más gigantesco ejercicio de semiología que pudo concebir la humanidad. O, dicho de otra forma, la más poderosa máquina de hacer pensar salida del coco de los humanos. En definitiva, es la riqueza simbólica de sus textos. Historias sencillas en apariencia que llegan a lo más profundo de nuestra psique y regresan cargadas de sugerencias que nos pueden incluso quitar el sueño. 

Les cuento todo esto porque hace ya algún tiempo que vengo interesándome por los vídeos en los que Jordan Peterson se dedica a desmenuzar, o interpretar a su manera, los pasajes más manidos de la Biblia. Es tanto lo que me han impresionado que no he podido por menos que agarrar la Biblia que compré en Salamanca y ponerme a leerla. Quizá, me digo, todo lo que leí en la vida no ha tenido otra finalidad que poder leer este libro ahora, cuando ya lo único que busco es poner en limpio mi ignorancia despojándola de todo atisbo de vanidad. 

En fin, qué vida ésta: a la vejez viruelas  

domingo, 6 de febrero de 2022

A hacer gárgaras

Yo, ya, es que con este asunto del coronapollas me parto el culo. He leído en no sé dónde que el comité de expertos que asesora a las autoridades alemanas  sobre las medidas a tomar ha llegado a la conclusión de que dado que los virus tienen la mala costumbre de multiplicarse en la faringe antes de pasar a mayores la solución a tomar es muy sencilla: mandar a hacer gárgaras tres o cuatro veces al día con una solución alcalina a todos los alemanes. El agua con sal sirve. Ya ven que sencillo y justamente lo contrario de lo que se viene haciendo que es acidificar los tejidos por medio de la reinhalación del CO2 debido al uso de las putas mascarillas. Y es que los virus se pirran por los medios acidificados. Ya saben, CO2 + H2O, con la colaboración de la anhidrasa carbónica, se transforma de inmediato en CO3H2, un acido muy inestable que necesita desprenderse de un hidrogenión para estabilizarse. Y como supongo les habrán enseñado a todos ustedes en la escuela el pH es una cuestión de hidrogeniones: suben, ácido; bajan, alcalino. Así que ya ven lo que son las cosas, nada van a agradecer tanto los virus como que la gente respire con la mascarilla puesta. 

Pues bien, para que vean ustedes lo que es la vida: esta solución a la que han llegado los sesudos expertos alemanes después de haber infringido innumerables torturas a la población es justo la que siempre se utilizó en los cuarteles españoles desde tiempo inmemorial. Cuando un soldado remoloneaba porque, decía, le dolía la garganta, iba el sargento de turno, agarraba un puñado de bicarbonato, lo ponía en un cucurucho de papel, luego metía la punta del cucurucho en la boca del soldado a la vez que daba un manotazo a la base del cucurucho. Mano de santo. La cavidad orofaríngea del soldado se llenaba de bicarbonato, o sea, se alcalinizaba y todos los virus, por lo tanto, se iban a tomar pol saco. No en vano, un militar que conocí en tiempos, y cuyos hijos se dedicaban a lo del anarquismo comunista, decía desconsolado que ya solo creía en Dios y en el bicarbonato. 

Así son las cosas de este mundo, que como se ha perdido la costumbre de mandar a la gente que da el coñazo a hacer gárgaras, pues pasa lo que pasa, que todo está patas arriba. Espero que, ahora, que los cabezas cuadradas que siempre se dijo, han caído en la cuenta de que mandar a hacer gárgaras es la solución pues, nada, en adelante, cada cual en su casa poniendo orden y Dios y el bicarbonato en la de todos protegiéndonos del coronapollas de turno. Y de los cabezas cuadradas también. 

sábado, 5 de febrero de 2022

La verdad

El gran problema que tienen los que nos quieren pastorear es que el youtuber Joe Rogan tiene 12 millones de suscriptores. Por lo mismo, la otrora archipoderosa cadena televisiva CNN ha perdido el 70% de su público, que no por otra causa ha tenido que dimitir su presidente hace un par de días. Y eso por no hablar de Facebook que al parecer está en caída libre. O sea, para los que todavía no se han enterado, la guerra de la información está siendo perdida estrepitosamente por los poderes en curso. Los pobres ya solo llegan a los viejecitos iletrados y poco más. Que es mucha gente, claro está, pero de irrelevante peso específico. La gente que cuenta está del lado  de Rogan y similares y no deja de ganar terreno. 

La información siempre ha sido el gran campo de batalla. Acceder a ella no es tan fácil como a primera vista pudiera parecer. Para empezar, difícilmente puedes estar informado si no te manejas mínimamente en la lengua franca del momento. Lo mismo que hasta bien entrado el siglo XVIII todo lo de interés estaba escrito en latín, ahora lo está en inglés. Pero no solo eso, al inglés le tienes que añadir ciertos conocimientos,  ya sean de estadística, ya de semiología, ya, en fin, de eso que vulgarmente se conoce como saber leer entre líneas, algo que supongo tiene que ver con el famoso IQ -Intelectual Quocient- una cosa que, sabido es, si natura non da, Salamanca non presta. ¡Y qué le vamos a hacer! Lo siento por los igualitaristas porque en esto no hay ingeniería social que pueda meter la mano. 

Saber informarse, esa es la gran cuestión de esta vida. La que exige mayores esfuerzos. Porque, no se engañen, así por las buenas de lo único que te puedes informar es de lo buen chico que es Rafa Nadal. Y todos contentos y venga a hacer patria. Pero si realmente aprenden a informarse lo primero que van a tener que padecer es eso que se conoce como síndrome de Casandra, o sea, que se van a quedar más solos que la una porque nadie les va a comprender y les van a tomar por locos. 

Así todo, a la postre, con todas las renuencias que se quieran, los que lo saben todo sobre Nadal tienen que acabar reconociendo que más les hubiera valido escuchar un poco más a Djokovic que, al fin y al cabo, es un émulo de Tesla, ¡ahí es nada! ¡Ay, la verdad, que tortuosos caminos tiene que recorrer para llegar hasta los cándidos! Por no decir hasta los vagos. 

viernes, 4 de febrero de 2022

Resarcimiento

Pareciera que todo este montaje del covid no ha tenido otra finalidad que la de aglutinar a las minorías más despiertas de la humanidad. Ese "smoll fringe" de misóginos y racistas que ha dicho el nene Justin. Sí, ese nene que no va a tener fácil escapar de ésta. En realidad, si se fijan bien, todos los grandes cambios que se han producido, para bien o para mal, a lo largo de la historia han sido desencadenados por ese "smoll fringe" que ha intentado demonizar Justin. Solo han hecho falta unos gobernantes estúpidos, unos digamos que Epimeteos, que abriesen la caja de Pandora para que saliese de ella el fluido aglutinador de esa pequeña franja de población avisada. 

Y ese es el caso, que la revolución ya está en marcha y los Epimeteos reculan a la desbandada. Fíjense: 

"12 Countries Roll Back COVID Restrictions, Israel Scraps ‘Green Pass’

Sweden and Switzerland joined Denmark, Norway, Finland, Ireland, The Netherlands, Italy, Lithuania, France and the UK in announcing they will lift COVID restrictions and open up their countries."

Así reza la cabecera del periódico digital The Defender. Yo hubiese añadido: porque han visto las orejas al lobo. 

Ahora toca ver que es lo que van a hacer los canadienses con el nene. Veo hoy un vídeo en el que se desmenuza el enriquecimiento de Justin y todos sus compañeros de pupitre. Muy mal asunto para él que la gente empiece a hurgar en estas cosas. ¡Encima ladrón! 

Vamos a ver lo que pasa, pero, personalmente, espero resarcimiento por todo lo que me han hecho pasar. 

jueves, 3 de febrero de 2022

El Risitas

La señal más evidente de que las cosas van por el buen camino es que el humor está tomando la delantera a todos los demás sentidos. Pasó en España en los últimos tiempos del franquismo, que no paraban de salir revistas satíricas con las que, los que queríamos el cambio, nos partíamos de risa. Por no hablar de la Unión Soviética donde lo primero que tuvo que hacer Gorvachov cuando dio el giro de 180º fue liberar a dos millones de personas que estaban en las cárceles por contar chistes de comunistas. Pues bien ahora en Canadá todos se descojonan con los videos en los que el Risitas le está contando a Quintero las cosas del nene Justin. Así que entre el Risitas y los doblajes del Hitler de la película El Hundimiento la gente va perdiendo el miedo a la verdad, que no para otra cosa los dioses nos proveyeron con el sentido del humor.

Los humoristas por un lado y por otro los juristas. Hay quien dice que el levantamiento de todas las restricciones en el Reino Unido, justo cuando los que dicen contagios han llegado a sus máximos históricos, ha sido debido al canguelo que ha producido entre la clase política la admisión a trámite por parte de los juzgados de multitud de querellas interpuestas por los gabinetes jurídicos. Alguien tiene que responder por todos esos efectos secundarios de las vacunas que por más que los medios oficiales se hayan esforzado en ocultar han acabado por ser del dominio público. 

Y luego está esa presidenta de la comisión europea que no debe ganar para peluqueros. Ya dijo la muy ladina que había que derogar el Código de Nuremberg. Seguro que ya estaba viendo las orejas al lobo. Ahora se ha negado a hacer públicos los mensajes que intercambió con el presidente de Pfizer antes de firmar los contratos de compra de millones de dosis de vacunas. Esos contratos en los que se eximía a la farmacéutica de toda responsabilidad respecto de los posibles efectos indeseables de dichas vacunas. Pero no solo eso, contratos en los que la farmacéutica no garantizaba la efectividad del producto. O sea, contratos en los que los ciudadanos europeos además de cornudos salíamos apaleados. Porque ahora vamos a ser los ciudadanos los que tengamos que volver a pagar por las indemnizaciones que van a ser inevitables: ya hay millones de perjudicados haciendo cola en los juzgados. 

Yo ya sé que me estoy poniendo muy pesado con todo esto, pero es que el que avisa no es traidor. Las cosas han llegado a tal grado de pudrición que van a ser inevitables las amputaciones para salvar la vida. Es decir que de este desastre no nos vamos a curar por lisis: tendrá que ser por crisis. O sea, con muchos platos rotos. Por cierto que, en un artículo aparecido en la prestigiosa revista Science se afirma que: fuma mariguana y olvídate del covid de los cojones.

miércoles, 2 de febrero de 2022

La de Esquilache

De que ésta es una guerra que estoy ganando no me cabe la menor duda. Lo que me tiene mosca es un cierto temor a recibir un tiro antes de que todo acabe. Porque el resentimiento de los perdedores siempre ha sido y será el verdadero veneno del mundo. Sobre todo el de los perdedores que partieron de la verdad absoluta. Lo estamos viendo estos días en los gobernantes que están empezando a pagar el precio de su arrogancia. Siguen empeñados en imponer eso que llaman vacuna y que hasta el más tonto del pueblo a nada que mire puede ver que es un monstruoso fraude que se está llevando por delante a mucha gente... que puede ser que eso sea precisamente lo que andan pretendiendo por más que suene a paranoia. ¡Cuántas veces a lo largo de la historia no resultó que, al final, fueron los tachados de paranoicos los que acertaron con sus pronósticos! 

Ayer lo explicaba meridianamente en un video el profesor Didier Raoult. Cuando se deja de lado la evidencia científica para pasar al dogma religioso. Entonces, ya, es complicado apear a la gente de su engaño. ¿Cómo convences a la gente que se ha metido por el cuerpo toda esa mierda de que ha sido engañada? Da igual que vean que los no vacunados están tan pichis y que los vacunados andan como puta por rastrojo. La vericuetos que recorre la mente humana para no ver lo que le humilla son sorprendentes. Así todo, no todo son Rafas Nadales. También los hay como Matt le Tissier, el que fuera estrella del futbol inglés que tiene colgado un video en Oracle Films que les recomiendo vivamente. Difícil encontrar a alguien que explique de forma tan sencilla, informada e inteligente la movida en curso. Con gente así no es extraño que el gobierno inglés haya que tenido que tirar a la basura millones de dosis de la pócima sagrada. Y, también, que el ínclito Boris ya hasta huela mal y hable solo. ¡A los ingleses les van a decir lo que es la ciencia y la libertad! 

En cualquier caso no va a ser fácil la salida de este embrollo. Esta dejando demasiadas cuentas pendientes. Mucha gente arruinada y no solo dinerariamente. Gente que ha perdido la salud o ha muerto por la dichosa pócima. Ya es imposible controlar a las ratas del poder. Escapan del barco a borbotones y cuentan lo que han visto. Los medios de comunicación empiezan a hacer agua. Es imposible tergiversar tanta  evidencia: los deportistas caen por haberse metido la mierda y no hay más tu tía lo diga quien lo diga. Eso de que siempre ha sido así no es más que el miserable argumento de los engañados que les horroriza pensar en lo necios que han sido. Es humano, desde luego. 

Y mientras tanto, aquí, los españolitos de a pie andan con la cosa de la mascarilla. Alirongo, alirongo, alirongo, la mascarilla me la quito y me la pongo. Ya saben que si en algo ha habido siempre una compenetración sin fisuras entre los políticos y la chusma eso ha sido su en afición a poner puertas al campo. Pero, ¡ay de los políticos cuando la chusma cae en la cuenta de que las puertas en el campo no sirven para nada! Entonces es la de Esquilache. 

martes, 1 de febrero de 2022

El niño Nadal

Siento mucho decirlo porque sé que me va a generar antipatías, pero estoy que no puedo más de Rafa Nadal. Toda esa manipulación mediática para elevarle a la condición de semidios. ¡Por Dios bendito, si solo es un jugador de tenis! Y por lo demás, a mi juicio, bastante miserable como ser humano. Por lo visto acaba de ganar uno de los miles de torneos que hay todos los años y si nos atenemos a la exaltación mediática que tal victoria ha provocado se diría que el muchacho ha estado poco menos que defendiendo el paso de las Termópilas. Es ridículo de todo punto, pero es que, además, lo que nadie subraya es que antes de ganar ese torneo habían expulsado de él con malas artes y la anuencia del propio Nadal al número uno de ese deporte. O sea, cuanto menos, una victoria bastante empañada a la vez que, ya digo, a mi juicio, indiscutiblemente miserable. 

A mí, en la vida se me ha ocurrido ponerme a mirar a los que están jugando a lo que sea. No estoy dotado en absoluto para entretenerme por delegación. Toda la vida más que deporte he hecho ejercicio porque muy pronto aprendí que proporciona sensaciones placenteras. He caminado mucho por la ciudad y por el campo, he recorrido grandes extensiones en bicicleta, he nadado e, incluso, de joven practiqué algo el tenis, aunque lo dejé pronto porque no soy partidario de engancharme a nada que exija mucha parafernalia. Además, eso de llevar la competencia a cosas irrelevantes no me interesa en absoluto. Porque lo siento mucho, mis queridos niños, pero eso de ganar o perder en un deporte tiene la misma importancia que los pedos que tira un buey. Si has pasado un rato agradable jugando con los amigos, genial. Sí te crees mejor por haber ganado o peor por haber perdido es que eres un redomado necio. Y no te digo ya nada esa gente sentimentalmente adscrita a un club, o jugador, esos, de traca.

Pero a lo que quería ir, a lo del niño Nadal. Se lo pusieron a huevo el haber podido demostrar su grandeza de espíritu abandonando Australia a la vez que lo hacía el chico servio. Pero no, no se cansó de hacer declaraciones serviles. Que si las normas hay que cumplirlas, que si patatín, que si patatán. Un verdadero mierda de tío. Como si estuviese agradecido de que le hubiesen quitado de en medio al único que le podía hacer sombra. Además, ¿ganar qué? Un puto torneo de los que ya ha ganado un millón. ¡Joder, que vida más miserable! Todo el día metido en una cancha para ser el mejor dándole a la bolita. Un robot, en definitiva. No me extraña nada que sea amigo de Billy Puertas, el robot por antonomasia. 

Pero, en fin, así corre el mundo. La gente incompetente para competir consigo mismo se inventa jueguecitos para autoengañarse. Es como los que intentan convencerse de que el mejor amigo del hombre, y supongo que de la mujer, es el perro. Pues que con su pan se lo coman. Uno ya tiene bastante con intentar mantener la calma ante tanta credulidad suicida como hay en el mundo. ¡Ya te digo, Rafa Nadal, menudo ejemplo de mierda para los infradotados! ¡Ale, todos a ver como le da a la bolita!