Yo, ya, es que con este asunto del coronapollas me parto el culo. He leído en no sé dónde que el comité de expertos que asesora a las autoridades alemanas sobre las medidas a tomar ha llegado a la conclusión de que dado que los virus tienen la mala costumbre de multiplicarse en la faringe antes de pasar a mayores la solución a tomar es muy sencilla: mandar a hacer gárgaras tres o cuatro veces al día con una solución alcalina a todos los alemanes. El agua con sal sirve. Ya ven que sencillo y justamente lo contrario de lo que se viene haciendo que es acidificar los tejidos por medio de la reinhalación del CO2 debido al uso de las putas mascarillas. Y es que los virus se pirran por los medios acidificados. Ya saben, CO2 + H2O, con la colaboración de la anhidrasa carbónica, se transforma de inmediato en CO3H2, un acido muy inestable que necesita desprenderse de un hidrogenión para estabilizarse. Y como supongo les habrán enseñado a todos ustedes en la escuela el pH es una cuestión de hidrogeniones: suben, ácido; bajan, alcalino. Así que ya ven lo que son las cosas, nada van a agradecer tanto los virus como que la gente respire con la mascarilla puesta.
Pues bien, para que vean ustedes lo que es la vida: esta solución a la que han llegado los sesudos expertos alemanes después de haber infringido innumerables torturas a la población es justo la que siempre se utilizó en los cuarteles españoles desde tiempo inmemorial. Cuando un soldado remoloneaba porque, decía, le dolía la garganta, iba el sargento de turno, agarraba un puñado de bicarbonato, lo ponía en un cucurucho de papel, luego metía la punta del cucurucho en la boca del soldado a la vez que daba un manotazo a la base del cucurucho. Mano de santo. La cavidad orofaríngea del soldado se llenaba de bicarbonato, o sea, se alcalinizaba y todos los virus, por lo tanto, se iban a tomar pol saco. No en vano, un militar que conocí en tiempos, y cuyos hijos se dedicaban a lo del anarquismo comunista, decía desconsolado que ya solo creía en Dios y en el bicarbonato.
Así son las cosas de este mundo, que como se ha perdido la costumbre de mandar a la gente que da el coñazo a hacer gárgaras, pues pasa lo que pasa, que todo está patas arriba. Espero que, ahora, que los cabezas cuadradas que siempre se dijo, han caído en la cuenta de que mandar a hacer gárgaras es la solución pues, nada, en adelante, cada cual en su casa poniendo orden y Dios y el bicarbonato en la de todos protegiéndonos del coronapollas de turno. Y de los cabezas cuadradas también.
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