Estamos atravesando tiempos terroríficos. Un día tras otro me llegan noticias que prefiero olvidar al instante so pena de subir al terrado para arrojarme al vacío. ¿Cómo pueden pasar estas cosas si no hay una firme voluntad de suicidio colectivo? ¿Es que no le llegan al común de los mortales los datos de las consecuencias catastróficas que está teniendo la obediencia ciega a los designios de las autoridades políticas? Hace dos días murió Luc Montagnier y ni una palabra en los MSM -main streaming media-, o sea, esas grandes cabeceras periodísticas sustentadas en la actualidad con dineros públicos. ¿Por qué iban a mentarle si se había declarado abiertamente negacionista? Que fuese el más prestigioso virologista que había dado el siglo, eso, pelillos a la mar. Y, en el entretanto, la chusma corriendo ciega hacia el precipicio porque piensa que va a encontrar allí la seguridad que son incapaces de encontrar en su lucha diaria contra las naturales adversidades de la vida. Sí, son tiempos terroríficos y más vale que no les cuente de lo que me estoy enterando porque a algunos se les iban a poner los pelos de punta. Porque, lo siento por ustedes, pero hay lugares en los que uno se puede informar con cierta fiabilidad. Lugares que ya advirtieron, punto por punto, lo que está pasando y está por pasar por aquello de creer en soluciones milagrosas a problemas que quizá ni existan.
Pero no se me amoinen, porque es precisamente en la máxima oscuridad donde más brillan las luces. Por eso mismo es tan decepcionante ponerse a identificar estrellas una noche de luna llena. Y por eso era, porque había cierta luz en el ambiente, que no me había dado cuenta hasta punto brilla la luz que emana de Jordan Peterson. Y no es que yo sea, precisamente, un mitomaníaco que va por ahí buscando algo a lo que agarrarse, pero mi esfuerzo continuado por salir de la ceguera me ha proporcionado algún olfato a la hora de identificar esas luces tan necesarias para evitar el extravío siquiera en una pequeña proporción, la suficiente, en cualquier caso, para no desesperar. Pues sí, Jordan, curioso nombre con reminiscencias de bautismo, es el predicador que, no sé si el mundo, pero que desde luego yo estaba esperando escuchar como si fuese agua de mayo.
Hay en YouTube un vídeo suyo titulado: La gente ha olvidado esta verdad acerca de Dios: desentrañando tu fe. Me ha dejado turulato. Por primera vez ha comprendido que lo de creer en Dios es más que nada una cuestión de consecuencia. Si crees quiere decir que le temes y por eso cumples a rajatabla, pongamos que, con las tablas que Moisés bajó del monte. Si no cumples es sencillamente porque no crees y da igual lo que digas. Es una verdad trascendente y de nada sirve hacerse ilusiones. Nuestro objetivo en la vida es claro: hacer un mundo mejor con nuestro sacrificio. Es lo único que nos reconcilia con la vida. Y toda esa mandanga con la que pretendemos escabullirnos de nuestro objetivo esencial no hace más que, tras una efímera ilusión, sumirnos más y más en la desesperación.
En fin, que espero que Dios me perdone por toda la necedad de que hice gala a lo largo de mi ya larga vida.
No hay comentarios:
Publicar un comentario