jueves, 3 de febrero de 2022

El Risitas

La señal más evidente de que las cosas van por el buen camino es que el humor está tomando la delantera a todos los demás sentidos. Pasó en España en los últimos tiempos del franquismo, que no paraban de salir revistas satíricas con las que, los que queríamos el cambio, nos partíamos de risa. Por no hablar de la Unión Soviética donde lo primero que tuvo que hacer Gorvachov cuando dio el giro de 180º fue liberar a dos millones de personas que estaban en las cárceles por contar chistes de comunistas. Pues bien ahora en Canadá todos se descojonan con los videos en los que el Risitas le está contando a Quintero las cosas del nene Justin. Así que entre el Risitas y los doblajes del Hitler de la película El Hundimiento la gente va perdiendo el miedo a la verdad, que no para otra cosa los dioses nos proveyeron con el sentido del humor.

Los humoristas por un lado y por otro los juristas. Hay quien dice que el levantamiento de todas las restricciones en el Reino Unido, justo cuando los que dicen contagios han llegado a sus máximos históricos, ha sido debido al canguelo que ha producido entre la clase política la admisión a trámite por parte de los juzgados de multitud de querellas interpuestas por los gabinetes jurídicos. Alguien tiene que responder por todos esos efectos secundarios de las vacunas que por más que los medios oficiales se hayan esforzado en ocultar han acabado por ser del dominio público. 

Y luego está esa presidenta de la comisión europea que no debe ganar para peluqueros. Ya dijo la muy ladina que había que derogar el Código de Nuremberg. Seguro que ya estaba viendo las orejas al lobo. Ahora se ha negado a hacer públicos los mensajes que intercambió con el presidente de Pfizer antes de firmar los contratos de compra de millones de dosis de vacunas. Esos contratos en los que se eximía a la farmacéutica de toda responsabilidad respecto de los posibles efectos indeseables de dichas vacunas. Pero no solo eso, contratos en los que la farmacéutica no garantizaba la efectividad del producto. O sea, contratos en los que los ciudadanos europeos además de cornudos salíamos apaleados. Porque ahora vamos a ser los ciudadanos los que tengamos que volver a pagar por las indemnizaciones que van a ser inevitables: ya hay millones de perjudicados haciendo cola en los juzgados. 

Yo ya sé que me estoy poniendo muy pesado con todo esto, pero es que el que avisa no es traidor. Las cosas han llegado a tal grado de pudrición que van a ser inevitables las amputaciones para salvar la vida. Es decir que de este desastre no nos vamos a curar por lisis: tendrá que ser por crisis. O sea, con muchos platos rotos. Por cierto que, en un artículo aparecido en la prestigiosa revista Science se afirma que: fuma mariguana y olvídate del covid de los cojones.

No hay comentarios:

Publicar un comentario