martes, 1 de febrero de 2022

El niño Nadal

Siento mucho decirlo porque sé que me va a generar antipatías, pero estoy que no puedo más de Rafa Nadal. Toda esa manipulación mediática para elevarle a la condición de semidios. ¡Por Dios bendito, si solo es un jugador de tenis! Y por lo demás, a mi juicio, bastante miserable como ser humano. Por lo visto acaba de ganar uno de los miles de torneos que hay todos los años y si nos atenemos a la exaltación mediática que tal victoria ha provocado se diría que el muchacho ha estado poco menos que defendiendo el paso de las Termópilas. Es ridículo de todo punto, pero es que, además, lo que nadie subraya es que antes de ganar ese torneo habían expulsado de él con malas artes y la anuencia del propio Nadal al número uno de ese deporte. O sea, cuanto menos, una victoria bastante empañada a la vez que, ya digo, a mi juicio, indiscutiblemente miserable. 

A mí, en la vida se me ha ocurrido ponerme a mirar a los que están jugando a lo que sea. No estoy dotado en absoluto para entretenerme por delegación. Toda la vida más que deporte he hecho ejercicio porque muy pronto aprendí que proporciona sensaciones placenteras. He caminado mucho por la ciudad y por el campo, he recorrido grandes extensiones en bicicleta, he nadado e, incluso, de joven practiqué algo el tenis, aunque lo dejé pronto porque no soy partidario de engancharme a nada que exija mucha parafernalia. Además, eso de llevar la competencia a cosas irrelevantes no me interesa en absoluto. Porque lo siento mucho, mis queridos niños, pero eso de ganar o perder en un deporte tiene la misma importancia que los pedos que tira un buey. Si has pasado un rato agradable jugando con los amigos, genial. Sí te crees mejor por haber ganado o peor por haber perdido es que eres un redomado necio. Y no te digo ya nada esa gente sentimentalmente adscrita a un club, o jugador, esos, de traca.

Pero a lo que quería ir, a lo del niño Nadal. Se lo pusieron a huevo el haber podido demostrar su grandeza de espíritu abandonando Australia a la vez que lo hacía el chico servio. Pero no, no se cansó de hacer declaraciones serviles. Que si las normas hay que cumplirlas, que si patatín, que si patatán. Un verdadero mierda de tío. Como si estuviese agradecido de que le hubiesen quitado de en medio al único que le podía hacer sombra. Además, ¿ganar qué? Un puto torneo de los que ya ha ganado un millón. ¡Joder, que vida más miserable! Todo el día metido en una cancha para ser el mejor dándole a la bolita. Un robot, en definitiva. No me extraña nada que sea amigo de Billy Puertas, el robot por antonomasia. 

Pero, en fin, así corre el mundo. La gente incompetente para competir consigo mismo se inventa jueguecitos para autoengañarse. Es como los que intentan convencerse de que el mejor amigo del hombre, y supongo que de la mujer, es el perro. Pues que con su pan se lo coman. Uno ya tiene bastante con intentar mantener la calma ante tanta credulidad suicida como hay en el mundo. ¡Ya te digo, Rafa Nadal, menudo ejemplo de mierda para los infradotados! ¡Ale, todos a ver como le da a la bolita!

No hay comentarios:

Publicar un comentario