sábado, 5 de febrero de 2022

La verdad

El gran problema que tienen los que nos quieren pastorear es que el youtuber Joe Rogan tiene 12 millones de suscriptores. Por lo mismo, la otrora archipoderosa cadena televisiva CNN ha perdido el 70% de su público, que no por otra causa ha tenido que dimitir su presidente hace un par de días. Y eso por no hablar de Facebook que al parecer está en caída libre. O sea, para los que todavía no se han enterado, la guerra de la información está siendo perdida estrepitosamente por los poderes en curso. Los pobres ya solo llegan a los viejecitos iletrados y poco más. Que es mucha gente, claro está, pero de irrelevante peso específico. La gente que cuenta está del lado  de Rogan y similares y no deja de ganar terreno. 

La información siempre ha sido el gran campo de batalla. Acceder a ella no es tan fácil como a primera vista pudiera parecer. Para empezar, difícilmente puedes estar informado si no te manejas mínimamente en la lengua franca del momento. Lo mismo que hasta bien entrado el siglo XVIII todo lo de interés estaba escrito en latín, ahora lo está en inglés. Pero no solo eso, al inglés le tienes que añadir ciertos conocimientos,  ya sean de estadística, ya de semiología, ya, en fin, de eso que vulgarmente se conoce como saber leer entre líneas, algo que supongo tiene que ver con el famoso IQ -Intelectual Quocient- una cosa que, sabido es, si natura non da, Salamanca non presta. ¡Y qué le vamos a hacer! Lo siento por los igualitaristas porque en esto no hay ingeniería social que pueda meter la mano. 

Saber informarse, esa es la gran cuestión de esta vida. La que exige mayores esfuerzos. Porque, no se engañen, así por las buenas de lo único que te puedes informar es de lo buen chico que es Rafa Nadal. Y todos contentos y venga a hacer patria. Pero si realmente aprenden a informarse lo primero que van a tener que padecer es eso que se conoce como síndrome de Casandra, o sea, que se van a quedar más solos que la una porque nadie les va a comprender y les van a tomar por locos. 

Así todo, a la postre, con todas las renuencias que se quieran, los que lo saben todo sobre Nadal tienen que acabar reconociendo que más les hubiera valido escuchar un poco más a Djokovic que, al fin y al cabo, es un émulo de Tesla, ¡ahí es nada! ¡Ay, la verdad, que tortuosos caminos tiene que recorrer para llegar hasta los cándidos! Por no decir hasta los vagos. 

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