Cuando los tiranos se ven perdidos es cuando cometen sus más graves errores. Así ha sido que los partidarios de la nena Justin se han dedicado en las últimas horas a arrojar clavos sobre las autorrutas para que los camiones pinchen y la ira de los camioneros, y de todos los que les apoyan, monte d´un cran. Yo lo entiendo porque ya lo viví aquí en España hace casi cincuenta años. Los allegados a aquel régimen tenían un modus vivendi mucho más que pasable y temían perderlo. Y, claro, no hay peor consejero que el miedo. Y por eso fue que hicieron tonterías lamentables que luego trajeron cola en el sentido opuesto al que ellos pretendían.
En cualquier caso la experiencia histórica es inapelable: cuando un orden ya no sirve se anuncian en el horizonte negros nubarrones que traerán la tormenta que fertilizará la tierra. No se sabe lo que crecerá después, pero una cosa sí que es segura: sin un periodo de caos no hay renacimiento posible. Y eso es precisamente en lo que nos estamos precipitando ante la mirada incrédula de los borregos. ¡Pero si yo tengo mi pasaporte covid!, exclaman llenos de orgullo. Pues ya se lo advierto: os podéis ir limpiando el culo con esos pasaportes porque es para lo único que van a servir. Así que si quieres hacer algo por ti: ten una cierta cantidad de cash bajo el colchón y llena de alimentos imperecederos tu alacena. Quizá no lo vayas a necesitar, pero, como decíamos en el colegio, más vale un porsiacaso que dos pensequé. Porque, mira, si los camioneros andan en la primera línea del frente eso quiere decir que la logística se está yendo al carajo. Y eso es justo lo que llamamos caos: una sociedad sin logística.
Por cierto que anoche estuvimos viendo El Puente Sobre el Río Kwai. Es una película que tiene como trasfondo la logística aunque su intencionalidad manifiesta es ponernos en guardia contra las habilidades manipuladoras de los psicópatas. Aquel coronel que hechiza a sus soldados para que construyan un puente que hubiera sido la ruina de su propio ejercito de no haber sido destruido por los servicios de sabotaje. Porque esa es la cuestión, que los psicópatas tienen una pasmosa facilidad para conectar con las masas por la sencilla razón de que, como ellas, son incapaces de ver más allá de sus narices. ¿O es que acaso no es lo que ahora estamos viendo predominar en el mundo? Una casta de psicópatas encaramados en el poder con la anuencia de las masas aborregadas... todos juntos hacia el precipicio, pero eso sí, enmascarillados y requetevacunados. Seguros de estar en lo cierto, en definitiva. Es, como dijo el clásico, la certeza del aprisco frente al mar de incertidumbres. O el cementerio frente a la vida.
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