domingo, 23 de enero de 2022

La biblia y el fusil

Ya va para treinta y pico años que algunos tuvimos la gran satisfacción de ver derrumbarse el comunismo. Bueno, eso es lo que nos creímos porque estábamos demasiado acostumbrados al pensamiento dual. Si no es comunismo tiene que ser capitalismo y viceversa, nos decíamos. ¡Soberbia espirlochería! Lo que en realidad habíamos visto caer era el comunismo duro o, dicho de otra forma, la versión más necia de la concepción comunitarista de organización social. Pero la realidad era que había por doquier formas más sutiles de lo mismo que aparentaban estar en inmejorable estado de salud. Lo llamaban democracia. Democracia por aquí, democracia por allá, no había forma de apear la famosa palabrita de la boca de los que vivían del cuento creyendo, eso sí, que nos estaban perdonando la vida. 

Hemos vivido muy engañados.  La famosa democracia no es más que un comunismo lihgt que nos permite jugar a ser ciudadanos lo mismo que los mayores permiten a los niños jugar a las casitas. Nos dejan poner pequeños negocios, hacer excursiones, rodearnos de cachivaches hasta la asfixia, pero más allá solo pueden llegar algunos titanes que de inmediato son asimilados por la nomenclatura, u oligarquía de hierro si mejor así quieren llamarlo. Es la mafia del poder que lo controla absolutamente todo o, dicho de otro modo, que se arroga el monopolio de la violencia. 

Ese monopolio, sí, es la clave. Ese empeño en apoderarse de la educación para consolidar ese monopolio. Yo lo suelo hablar con mis amigos y todos están convencidos de que lo de tener armas en casa es una mala idea. ¡Mira lo que pasa en EEUU!, te argumentan. Si entendiesen algo sabrían que allí los abuelos te regalan, recién superada la pubertad, una biblia y un fusil: las dos armas imprescindibles de la libertad responsable. 

Lo que les quiero decir es que, lo mismo que hace treinta años cayó el muro de cemento, es muy posible que todo esto de la plandemia no sea más que la caída del muro psicológico que con tanto ahínco se ha venido levantando durante las últimas décadas en las escuelas públicas. Cada vez más gente se está dando cuenta de que esto que llaman democracia es un bluf tras el que se esconde una tiranía pura y dura. Cada vez más gente quiere recuperar el derecho a interpretar la biblia según su particular visión de la jugada y, también, el de poseer armas de fuego para defenderte de los arrogantes que pretenden saber mejor que tú lo que tienes que hacer con tu vida.  


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