Una de las cosas de este mundo que más curiosidad me produce es la magia de Los Luceros de Rioverde. Son los cuatro hijos de una familia mexicana de Texas. Los dos mayores apenas están rozando ya la adolescencia y los menores permanecen todavía en la mera infancia. Aparte del prodigioso acompañamiento con el acordeón que hace Xaxeni, lo que me llama poderosamente la atención es que unos niños puedan interpretar esas letras que casi siempre tratan de amores incomprendidos o traicionados. Desde luego que los mexicanos bordan, diría que incluso mejor que los argentinos, lo que las señoras en cuya casa viví de niño llamaban lamentos de cabrón. Cómo se puede interpretar con sentimiento lo que ni de lejos has vivido. Pero, en fin, éste es asunto que escapa a toda razón para ser puramente instintivo. O animal, para que nos entendamos. Así que mejor lo dejo y paso a lo que nos tiene concernidos hasta los tuétanos... por más que ya apeste.
Lo bueno del caso es que los ingleses han decidido ya de una vez por todas pasar página. Vuelven a la vida como era antes del ataque de locura. Farage hizo ayer un vídeo esclarecedor. En Inglaterra, dijo, mueren al año unas 750.000 personas. De eso que llaman covid propiamente dicho, el año pasado murieron 17.000. El 85% de esas 17.000 sobrepasaban la edad considerada como media de expectativa de vida de los ingleses. O sea, seamos claros, esas 17.000 personas que dicen que murieron de covid, en realidad, lo hicieron simple y llanamente de viejos. ¿O es que los viejos no necesitamos un empujoncito para irnos?
Lo que también hay que tener en cuenta es que en el Reino Unido el horno no está para bollos y los políticos han considerado oportuno dejar para mejor oportunidad lo del pasaporte de crédito social que, en no otra cosa, es en lo que están emperrados el resto de los políticos europeos. Es la obsesión centroeuropea por el control y la disciplina. Esas ciudades asquerosamente impolutas en las que no hay nada por lo que protestar. ¿Ustedes creen que eso es vida?
Pues bien, todo indica que tampoco en esas ciudades impolutas el horno está para bollos. Por fin han dejado al Dr. Perrone, que ese sí que es un experto de la cosa, exponer, en un un foro internacional habido en Luxemburgo, la magnitud escalofriante del fraude de las indebidamente llamadas vacunas. Alguien se va a tener que comer un marrón muy grande por que los estropicios causados ya no hay alfombra que los tape. Hay mucho muerto por medio presto a pasar a la condición de asesinado. De hecho ya hay comisarias del Reino Unido que están investigando esos asesinatos.
Bueno, en lo que me concierne directamente, aquí, en ésta que fue la Montaña, de soltera Santander y de casada Cantabria, las autoridades han decidido retirar la obligatoriedad del pasaporte sanitario para entrar en bares y restaurantes, o sea, que la mierdosa gente que tan orgullosa estaba de su "compliance" ahora se va a tener que codear con los negacionistas y demás yerbas. ¿Cómo puede una persona con lo que hay que tener someterse al oprobio de mostrar un documento para poder tomar una pinta en un bar? No, desde luego que para mí todo esto ha servido para que comprobemos una vez más hasta qué punto la mayoría de gente puede llegar a ser mierdosa. Claro que si hay una mayoría quiere decir que también hay una minoría de Djokovics y Farages, Quijotes si mejor quieren, que hacen que la vida siga mereciendo la pena.
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