CJ Hopkins es un autor teatral, novelista y articulista tirando a satírico, que ha publicado un interesante artículo en uno de esos medios que han surgido últimamente para sortear la censura de los medios clásicos, todos ellos generosamente subvencionados por el poder en curso. El artículo en cuestión lo titula The Last Days of the Covidian Cult y está publicado en OffGuardian.
En Los Últimos Días del Culto Covidiano, CJ Hopkins nos viene a decir que lo que va a pasar con toda esta historia se va a parecer mucho a lo que vimos en la película El Hundimiento que era una versión cómica, y muy instructiva, de los últimos días de Hitler. Estos gobernantes que tenemos, cuanto más ven desmoronarse su invento, más intentan apretar las tuercas a la ciudadanía. Es todo como el trampantojo que en El Hundimiento le construyeron a Hitler para que no se deprimiera. Es como lo del presidente Macron que intenta segregar a una parte de la población por no haberse querido meter la cosita de marras. En teoría no pueden acceder a ningún servicio, ni público ni privado, porque carecen del preceptivo pasaporte. En la práctica es otra cosa. Los bares y restaurantes se han convertido en clubs privados que hacen socio a cualquiera que cruza su puerta. Y ahí ni Macron ni su viejecita del alma pueden meter la mano. Y hasta parlamentarios de su mismo partido queman el pasaporte en cuestión delante de las cámaras de TV en horas de máxima audiencia. Por no hablar de la policía que se ha puesto a desfilar del lado de los manifestantes.
Y lo mismo en Austria y en Alemania y en Nueva Zelanda y en Australia y en muchos más sitios, los gobernantes mirando el trampantojo y haciendo como que eso es la realidad y, claro, deseando en su fuero más interno llevarse por delante a todo el mundo en su caída. Sostenella y no enmendalla, en definitiva, porque reconocer su metedura de pata, sospechan que les puede costar muy caro.
Y luego nos llegará la marea, o el sunami, de rabia contenida por la humillación de los que se tragaron la pantomima. Todas las veces que corrieron a las colas para meterse la cosita. Yo es que no sabía que Hitler estaba gaseando a lo judíos, dirán para justificarse. Pero en su fuero interno les corroerá la vergüenza por haber sido tan ingenuos. O tan tontos. O sea, como aquellos que llamaron los buenos alemanes que nada tuvieron que ver con lo que pasó. Es decir, la procesión por dentro y el odio a los judíos intacto.
Por cierto que, según parece, en la última tabla estadística sobre la cosa que ha publicado el Ministerio de Sanidad del Reino de España ya no se hace diferencia entre vacunados y no vacunados. Se dan cifras globales y sanseacabo. ¡Lo pillan! Claro, es que con los datos que se daban en la anteúltima hasta Hitler se hubiera deprimido un poco más si cabe.
En fin, según CJ Hopkins, no va a ser fácil que salgamos de esto sin unos cuantos rasguños.
No hay comentarios:
Publicar un comentario